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miércoles, 1 de abril de 2015

El simbolismo pitagórico en el arte cristiano medieval

Por: Julián Natucci, Profesor de Filosofía y Doctorando en la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: juliannatucci@hotmail.com


Rosetón de la Catedral de Palma de Mallorca
Antes de comenzar a desarrollar la importancia de la cosmovisión pitagórica en el arte cristiano medieval es preciso destacar algunas diferencias fundamentales entre el arte griego clásico y el arte cristiano. En primer lugar, la Grecia clásica refleja un mundo basado en la idea de límite, equilibrio y proporción. Toda la realidad se manifiesta objetivamente, está delante, incluso es muy cercana. Los seres, el alma misma, son realidades externas, tangibles y finitas. Es decir, el hombre clásico carece de una percepción del sujeto y su interioridad. En el cristianismo, por el contrario, aparece la idea de sujeto y lo divino se transforma en una realidad infinita en todos los sentidos: Dios es infinitamente bello, infinitamente bueno, infinitamente poderoso, infinitamente sabio, etc. El Dios del cristianismo es un Dios interior, de ahí que en el templo cristiano la interioridad arquitectónica cumpla un papel esencial. Igual que Dios se esconde en nosotros mismos, la infinitud de Dios se esconde en el templo. Si para la Grecia clásica lo infinito era despreciable por ser amorfo, sin determinación ni belleza, ahora, con el cristianismo, se convierte en lo más laudable, en Dios mismo. Dios es infinito, sujeto absoluto, interioridad.[1] Mientras que el arte griego clásico muestra un total equilibrio entre la idea que se quiere representar y el contenido de lo representado, pues existe una forma o estructura finita que contiene esa idea, en el arte cristiano ocurre una desproporción, pues la idea que se representa (Dios como infinitud) no puede ser encerrada en un contenido, en una forma concreta representable. La idea de Dios, por tanto, no se ajusta a ninguna forma, pues la forma, por definición, es algo limitado. ¿Cómo expresar entonces la idea de Dios en el arte? ¿Cómo traer a este mundo finito algo que de por sí es infinito? Este problema, que ya se encuentra en el judaísmo, es totalmente ajeno al arte clásico. Una de las soluciones al mismo fue la prohibición de cualquier representación de Dios. Así encontramos durante varios siglos de cristianismo la disputa entre los iconoclastas y aquellos defensores de una imagen como vehículo de acercamiento y adoración a Dios[2].
En el presente artículo me gustaría destacar la solución que presenta la simbología numérica, la geometría sagrada y la luz al problema de la representación de Dios dentro del cristianismo. La manifestación de Dios a través de un espacio geométrico sagrado, por ejemplo, fue un recurso utilizado en la arquitectura medieval, especialmente durante el gótico. Mi hipótesis es que esta tendencia recibe la influencia de la cosmovisión pitagórica a través de los autores cristianos neoplatónicos. ¿Cuáles eran algunos de los principales símbolos usados por la tradición pitagórica?
El universo, según el pitagorismo, estaba formado por una síntesis de contrarios: uno y múltiple, bueno y malo, par e impar, recto y curvo, luz y oscuridad, etc. Era una síntesis de caos y orden. La oposición y la sinestesia serán también un recurso muy usado en el templo cristiano. Por otro lado, la tetraktys o figura triangular del número cuatro también representó un símbolo místico de enorme importancia[3], pues sus diez puntos formaban un triángulo equilátero que para los pitagóricos reflejaba la totalidad del universo. En el cristianismo esta figura se representó en relación con la Trinidad, pero también se muestra en la Estrella de David. Otra forma de representar el cosmos en el pitagorismo fue a través del pentagrama, cuyos cinco vértices aludían a los cinco sólidos regulares. Los cristianos también adoptaron esta figura.
Iglesia de San Juan Bautista
de Moarves de Ojeda, Palencia 
Según la tradición pitagórica, dentro de las realidades sensibles había una que más tarde se asemejaría al ideal cristiano de belleza intelectual e infinita: la luz. La luz era el elemento más puro del mundo sensible, pues era lo más inmaterial captado por los sentidos. Además, la oposición luz-oscuridad estaba estrechamente arraigada a la oposición alma-cuerpo, pues el alma, para el pitagorismo, era el fuego, la luz interior, mientras que el cuerpo representaba la oscuridad. En este sentido, Plotino afirmó que en el arte, como en el universo, debía existir un camino de ida y vuelta: de la luz a la oscuridad y de la oscuridad a la luz. Es decir, lo inmaterial nos conduciría a lo material (obra), para, desde ahí, regresar al mundo inmaterial, a la luz. El artista creaba a partir de belleza intelectual y el espectador, a través de la contemplación de la obra material, debía regresar a ese estado intelectual del artista. Lo que representaba una obra de arte no era, por tanto, lo que se veía, sino una realidad invisible, intelectual, que debía captar el espectador.
Como se verá a continuación mediante una serie de ejemplos, la representación de Dios en el arte tuvo durante el cristianismo una vía de escape a través de la simbología sagrada y la estética de la luz. Esta solución se puede apreciar en innumerables rosetones, pero también en  esculturas y pavimentos. Me centraré en primer lugar en la ermita de san Bartolomé en Ucero, Soria, de claro origen Templario. Esta ermita data de finales del siglo XII y está situada en una etapa de la peregrinación a Santiago de Compostela. Según cuenta una leyenda, en ese lugar clavó su espada el Apóstol y desde entonces fue un lugar de culto. La obra marca ya un estilo protogótico, como se puede observar en los arcos apuntados de la entrada de la cara sur. También el rosetón, aunque con influencias árabes, usa la imagen de la flor, una constante en todos los rosetones góticos. La construcción, si atendemos a la autoría templaria y a su relación con las matemáticas y la simbología numérica sagrada, está situada en un ónfalo (centro del mundo, equiparable a la mónada pitagórica), un lugar energético en el cual coinciden varios puntos de la tierra. Si pudiésemos plegar una cartulina con la Península Ibérica, la ermita se ubicaría justo en el punto donde se unen el cabo de Finisterre y el de Creus. La importancia del centro, del punto, y su relación con el pitagorismo es, pues, evidente[4].  Por otro lado, el rosetón (Anexo 1) muestra un pentagrama, símbolo de la proporción áurea o la divina proporción de los pitagóricos. Las cinco puntas aluden a los sólidos regulares, al misterio de la vida terrena o a la de todo el Universo, que también es representada por los diez pétalos que surgen entrelazados. El diez es la década, la tetraktys, símbolo del Universo.  Otra interpretación del símbolo del pentagrama nos puede remitir al hombre con sus cinco extremidades, que, a su vez, es una referencia al cielo y la tierra, pues el hombre es el único ser que se encuentra en la intersección de dos mundos o realidades, la divina y la terrena.
En la escultura de la entrada de la iglesia románica de San Juan Bautista de Moarves de Ojeda, en Palencia (Anexo 2), podemos también realizar una interpretación semejante recurriendo a la simbología pitagórica. La escultura (Maiestas Domini) está compuesta por cinco elementos que pueden evocar a la composición de los cinco sólidos regulares. Además, el Pantocrator está situado en una mandorla (vesica piscis), que representa claramente la díada pitagórica y que el cristianismo relacionará con el símbolo del pez. La figura central se comprende como una unión de dos principios: la mónada (Cristo) y la díada (el principio generador, la Inteligencia), a través de los cuales se crea todo el universo. Mediante este acto creador, se formarían los cuatro elementos: aire (águila), fuego (león), tierra (toro) y agua (hombre), representados por los cuatro evangelistas (tétrada). Los evangelistas estarían unidos al lado espiritual (representado en Cristo), que evoca al número tres, pues Cristo bendice con los tres dedos, símbolo de la trinidad y de la tríada plotiniana. En cuanto al libro que porta en la mano izquierda Cristo, el Libro de la Vida, que contiene todos los nombres de los que han de salvarse, podemos observar que está cerrado, quizás queriendo aludir el profundo dualismo entre un mundo divino y un mundo terrenal y haciendo una clara alusión al dualismo pitagórico.
Por otro lado, una de las principales influencias de la estética de la luz en el gótico se la debemos al abad Suger (1081-1151)[5].  Suger, consejero de los reyes Luis VI y Luis VII de Francia, mandó construir una basílica donde antiguamente se encontraba una iglesia carolingia, la basílica de Saint-Denis.  Basándose en la obra del neoplatónico Pseudo-Dionisio y el importante influjo de la nueva Orden de Cister de Bernardo de Claraval (1090-1153), el abad Suger construyó un nuevo templo en base al espacio celestial, la Jerusalén Celeste, vaciando y ampliando todo el espacio de la iglesia románica.  Los anchos muros románicos, la pintura y la sobrecarga de adornos interiores darán paso a una nueva concepción del espacio que hará uso de la geometría clásica griega basada en la línea (la díada pitagórica), con su efecto de infinitud, ligereza y flotación. En la basílica de Saint-Denis, la línea geométrica buscará así la plasmación artística de una nueva experiencia religiosa vinculada con el nuevo culto a la Virgen y la infinitud.
Aparte de Saint-Denis, un ejemplo de la majestuosa interioridad del templo gótico se muestra en la catedral de Palma de Mallorca (Anexo 3), que se inició hacia el 1229, tras la conquista de la isla por Jaime I. Me centraré en la significación geométrica del rosetón, situado en la cabecera del templo, lugar poco habitual para la época. En la circunferencia se muestra un predominio de triángulos (doce en total), símbolo de la Trinidad y, nuevamente, de la tríada plotiniana.  Si concentramos la mirada en el triángulo central, observaremos una tetraktys pitagórica (representación del diez, el Universo y la vuelta al origen). También encontramos el Sello de Salomón o Estrella de David, que representa el número seis, el proceso de la creación. El rosetón  está cubierto de flores amarillas de seis pétalos y rojas de cuatro pétalos. Las flores amarillas aluden a la Flor de la Vida, mientras que las rojas forman grupos de tres, simbolizando la Trinidad. La obra se compone a partir de la combinación del tres (triángulo) y el seis (Flor de la Vida), cuya suma es la Enéada, representando las nueve esferas celestes y los nueve tipos de ángeles.
Laberinto y representaciones geométricas
en la Catedral de Amiens
Por último, es interesante observar como la influencia de la geometría sagrada se encuentra en el pavimento de algunas catedrales góticas. Por ejemplo, en el pavimento de la catedral de Amiens (Anexo 4), mandada construir por Robert de Luzarches hacia 1220, se muestra  un laberinto y varias representaciones geométricas. La esvástica cristiana es un símbolo de los cuatro evangelistas (tétrada) o una cruz encubierta. También puede mostrar un símbolo terrestre (el cubo platónico) o un símbolo de la creación (rueda del Cosmos). El laberinto es un reflejo de lo infinito e indeterminado (díada) y se puede relacionar con el peregrinaje, la larga marcha hasta llegar a Dios y el regreso al origen (ascensión de la tierra al cielo). También puede simbolizar el difícil trabajo en la construcción de la catedral, pues en el centro aparecen los tres arquitectos y el obispo de la catedral (Evrad Fouilloy). El centro del laberinto se inscribe en un octógono. El octógono, relacionado con el octaedro (símbolo del aire), puede aludir a la transición de la tierra al cielo, pues el octógono se construye a través de la unión del círculo (cielo) y el cuadrado (tierra), mostrando el paso que hay entre los dos mundos.
Como hemos observado en estos pocos ejemplos, podemos afirmar que existen influencias pitagóricas en el templo cristiano, influencias que ayudaron a resolver el problema de cómo plasmar la infinitud  en el arte.


1.    BIBLIOGRAFÍA:

1.    Almazán de Gracia, A., Guía Templaria de San Bartolo en Río Lobos, Sotabur, Soria 2011.
2.    Castelnuovo, E., Sergi, G., Arte e historia en la Edad Media I. Tiempo, espacio, instituciones, Akal, Madrid 2009.
3.    Diogenes Laertios, Leben und Lehre der Philosophen, Reclam, Stuttgart, 1998,
4.    Hegel, G.W.F.: Vorlesungen über die Ästhetik, Band I und II, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M.1990.
5.    Panofsky, Erwin: Ikonographie und Ikonologie, DuMont Verlag, Köln 2006.
- Estudios sobre iconología, Alianza Universidad, Madrid 2010.
6.    Platón: Timeo, Diálogos Vol. VI, Editorial Gredos, Madrid 1992.
7.    Plotino, Enéadas, Textos esenciales, Ediciones Colihue, Buenos Aires 2007.
8.    Riedweg, Christoph: Pythagoras: Leben – Lehre –Nachwirkung. Eine Einführung, C.H. Beck Verlag, München 2002.
9.    Tatarkiewicz, Wladyslaw: Historia de la estética, Tomos I, II y III, Ediciones Akal, Madrid 2000.




[1] Cf. G.W. F. Hegel, Vorlesungen über die  Ästhetik, Bd. II, Abs. III.
[2] En el siglo VIII, el emperador bizantino León III prohibió todas las imágenes cristianas. Semejantes disputas también se dieron durante la Reforma.
[3] La tetraktys, es decir, la década, era la suma del uno o mónada, principio activo representado por el punto; el dos o díada, principio de la división y la procreación, representado por la línea; el tres o tríada, principio espiritual, representado por la superficie; el cuatro o la tétrada, símbolo del universo, representado por el volumen.
[4] Recordemos la mónada como centro del universo y unión de toda realidad, la condición de posibilidad del ser (Plotino), la simetría respecto a un centro, etc.
[5]Suger resaltó la importancia de pensadores influenciados por el neoplatonsimo como San Agustín, Pseudo-Dionisio y Erígena.

sábado, 31 de enero de 2015

Jesús de Nazaret

Por: Antonio Justo, Licenciado en Historia, especializado en Historia Antigua y Máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: antoniojusto@hotmail.com

Jesús de Nazaret, película El Discípulo.
Jesús de Nazaret es sin duda la figura más conocida del cristianismo pero en el fondo sigue siendo un gran desconocido. Con frecuencia nos referimos a él también como Cristo o Jesucristo sin darnos cuenta que en estos casos nos referimos a una figura mítica o teológica, ya que no es lo mismo el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Con frecuencia las dos figuras se unen dando lugar a Jesucristo. En este artículo mi intención es centrarme en el Jesús histórico exclusivamente o por lo menos lo que podemos saber de él para trazar un perfil del personaje.
Según los Evangelios Jesús de Nazaret nació en el reinado de Herodes el Grande, es decir antes del año 4 a. C. y murió crucificado siendo prefecto o gobernador de Judea Poncio Pilato, entre los años 26 y 36 d. C. Aunque se suele afirmar que nació en Belén, lo más probable es que naciera en Nazaret, ya que con esta afirmación los evangelistas buscaban que en Jesús se cumplieran las profecías del Antiguo Testamento, por ello se le hacía nacer en Belén (es decir en Judea). Sin embargo con frecuencia se afirma que era de Nazaret, que estaba en Galilea, una región diferente respecto a Judea.
Por los Evangelios se sabe que los padres de Jesús fueron María y José, y que era de familia numerosa con varios hermanos (de nombres Santiago, José, Simón y Judas) y hermanas (Mc. 6, 3; Mt. 13, 55-56). La profesión de Jesús era la de carpintero y durante toda su vida fue un judío piadoso que siempre fue fiel a su religión y nunca fue su intención romper con el judaísmo. La vida de Jesús cambió tras el encuentro con Juan Bautista y fue bautizado por él convirtiéndose en su discípulo y uniéndose a su grupo de seguidores. Este cambio de vida provocó que surgieran diferencias con su familia.[1]
Tras la decapitación de su maestro Juan Bautista por orden de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, Jesús se convirtió en el nuevo líder de esta secta, rodeándose de antiguos seguidores de Juan y otros nuevos, destacando los que serían conocidos como los apóstoles. La nueva actividad de Jesús se centró en la predicación por las aldeas de Galilea anunciando la llegada del Reino de Dios con un discurso apocalíptico que anunciaba el fin de los tiempos. Su predicación se dirigía exclusivamente a los judíos y no a los gentiles, evitando las ciudades donde había una mayor presencia de paganos.
Jesús podría clasificarse como un fariseo que discutía con otros de su clase pero que se rodeó de un grupo que por el contexto histórico quizás podría tener alguna relación con la lucha armada contra los romanos.[2] Se sabe que en Galilea en esta época hubo brotes nacionalistas antirromanos de carácter mesiánico como el que protagonizó Judas el Galileo a principios del siglo I cuando Judea se convirtió en provincia romana en el año 6 tras la deposición por los romanos de Arquelao, hijo y sucesor de Herodes en Judea.
En estos tiempos estaba también muy presente el recuerdo de los héroes Macabeos que en el siglo II a. C. lograron la independencia de Judea frente al reino seléucida de Antíoco IV e instauraron la dinastía de los Asmoneos, que duró hasta que fue sustituida por la de Herodes el Grande en el año 40 a. C. con el apoyo de los romanos. En este ambiente crecería Jesús, de cuya infancia no se conoce mucho.
Durante su predicación Jesús se presentó ante el pueblo como profeta y al final de su vida, tras su entrada en Jerusalén con sus seguidores para celebrar la Pascua, como mesías de Israel. En líneas generales Jesús fue un fariseo o rabino atípico que se rodeó de personajes marginales como pobres o prostitutas. Aunque se rodease de mujeres, Jesús nunca consideró que la mujer fuese igual al hombre, ya que la sociedad judía de la época era profundamente machista y patriarcal.
Jesús fue soltero durante su predicación según afirma Pablo en sus cartas, por lo menos después de su bautizo por Juan, pero quizás antes no lo fuera porque esto no era lo normal entonces pero no se sabe. La prostituta María Magdalena fue una de sus seguidoras más cercanas pero no hay pruebas de que fuera su pareja ya esto se afirma sólo en los evangelios apócrifos de carácter gnóstico que son bastante posteriores y se alejan de los hechos.
Durante su predicación Jesús realizó acciones que sus contemporáneos consideraron milagrosas, presentándose ante las masas como un sanador y exorcista carismático. Al final de su vida marchó a Jerusalén con sus discípulos y protagonizó un grave incidente en el templo, motivo por el cual sería detenido, juzgado y posteriormente crucificado por los romanos, seguramente con presiones de grupos judíos enemigos como los saduceos, más partidarios de los romanos. En el episodio de la expulsión de los mercaderes del templo se verían rasgos que corresponden al Jesús histórico, ya que vemos un Jesús de carácter violento y fanático (Mc 11, 15-17). No se sabe el motivo por el que Jesús marchó a Jerusalén pero está claro que no fue para ofrecerse en sacrificio por la humanidad como afirma la teología cristiana.
A la muerte de Jesús, sus seguidores creyeron que al tercer día había resucitado. Fue el grupo de mujeres las primeras que difundieron el rumor que luego se extendió gracias sobre todo a Pablo. Al frente de sus seguidores le sucedió su hermano Santiago el Justo, quien se convirtió en el líder de la comunidad de judeocristianos de Jerusalén, donde también estarían Pedro y el resto de discípulos o apóstoles, y que estaban enfrentados al grupo de helenistas seguidores de Pablo de Tarso. Santiago moriría ajusticiado hacia el año 62 por las autoridades judías como indica Flavio Josefo en su obra Antigüedades judías (libro 20).                                         
Como se ha dicho anteriormente, Jesús siempre fue judío y nunca buscó fundar una nueva religión, su voluntad era reformar su propia religión. Por ello, no se puede considerar a Jesús como el fundador del cristianismo, sino como su primer impulsor o fundamento, ya que se necesita a Jesús para que haya cristianismo. El cristianismo actual tienen diferentes fundadores, entre los que destacan los evangelistas que escribieron el Nuevo Testamento, los diferentes concilios o los escritos de los Padres de la Iglesia. Pero si tenemos que hablar de un fundador ese sería sin duda Pablo de Tarso, ya que es quien aporta la base teológica para una nueva religión.
Inicialmente hubo diferentes cristianismos, destacando el cristianismo paulino o paulinismo (de los seguidores de Pablo, la mayoría de origen gentil), los judeocristianos (donde estaban los seguidores judíos más próximos a Jesús) y los gnósticos. Al final triunfó el cristianismo paulino que es el de la actual Iglesia católica, mientras que judeocristianos y gnósticos fueron minoritarios y acabarían desapareciendo.[3]
Pablo como Jesús fue siempre judío y no buscaba fundar una nueva religión, pero sus ideas revolucionarias dieron lugar al cristianismo como religión diferenciada del judaísmo. Pablo transformó al Jesús de la historia en el Cristo de la fe al afirmar que la fe en la muerte y resurrección del mesías Jesús estaba por encima de la Ley de Moisés y que era válida para todos, transformando a un mesías nacional judío que fracasó en su misión en un mesías o salvador universal, cuyo mensaje también iba dirigido a los gentiles, no sólo a los judíos.
No está claro si Pablo conoció personalmente a Jesús o no, pero gracias a su importante actividad misionera Jesús se convirtió en la figura que es hoy. Según afirma el historiador judío Flavio Josefo en su obra de las Antigüedades judías, Jesús fue otro más de esos falsos mesías que resultaron ser, según sus propias palabras tras hablar de Jesús, un terrible mal para el pueblo judío, ya que les llevaron a la locura de enfrentarse a Roma en la guerra de los años 66-70 que acabó con la destrucción del templo. Entre esos falsos mesías Josefo también menciona a Judas el Galileo y a Juan Bautista, a quien parece darle mayor importancia que a Jesús ya que habla más de él.
Josefo traicionó a su pueblo y se pasó a los romanos, siendo protegido por la familia imperial de los Flavios. Su obra es de finales del siglo I y buscaba ganar el favor de Roma hacia los judíos después de la guerra, ya que la visión de los judíos después de la guerra en el imperio era muy negativa. Por ello en los Evangelios se busca también culpabilizar a los judíos de la muerte de Jesús, cuando fueron sobre todo los romanos.
El texto de Josefo (Antigüedades judías, libro 18), llamado el testimonio flaviano, a primera vista parece ser un texto positivo sobre Jesús, pero esto se debe a que ha sido manipulado por copistas cristianos, ya que un judío como Josefo nunca hablaría así sobre Jesús ni hablaría de su resurrección o lo llamaría Cristo:[4]

“Por este tiempo vivió Jesús, un hombre sabio, si se le puede llamar hombre. Fue autor de obras increíbles y el maestro de todos los hombres que acogen la verdad con placer. Atrajo a muchos judíos y también a muchos paganos. Era el Cristo. Y aunque Pilato lo condenó a morir en cruz por instigación de las autoridades de nuestro pueblo, sus anteriores adeptos no le fueron desleales. Porque al tercer día se les apareció vivo, como habían vaticinado profetas enviados por Dios, que anunciaron muchas otras cosas maravillosas de él. Y hasta el día de hoy existe el linaje de los cristianos, que se denominan así en referencia a él.”

Los evangelios canónicos (Marcos, Mateo, Lucas y Juan) son los más antiguos y son la gran fuente sobre la vida de Jesús a diferencia de los apócrifos que se alejan más de los hechos históricos. Pablo habló poco en sus cartas del Jesús histórico y los evangelistas buscaron ofrecer más datos sobre su vida. Sin embargo fueron escritos después de la guerra judía (66-70) y sus autores no conocieron personalmente a Jesús. Aunque llevan el nombre de apóstoles como Mateo, Marcos o Juan, en realidad no fueron estos discípulos y los autores utilizaron su nombre para darle autoridad a estos escritos como también ocurre con los evangelios apócrifos posteriores.
Por lo tanto, los Evangelios están escritos desde la fe y buscan responder a las necesidades espirituales de unas comunidades concretas, pero también contienen datos históricos sobre Jesús. Sus autores los evangelistas serían discípulos de Pablo de Tarso y recogen sus enseñanzas, perteneciendo al grupo de los helenistas y siendo en su mayoría de origen gentil. Por otro lado los discípulos de Jesús pertenecerían al grupo de los judeocristianos, después dirigidos por su hermano Santiago el Justo.
Existen en general grandes diferencias entre las figuras de Jesús y Pablo. Mientras Jesús era un judío de Galilea (es decir de Palestina) de cultura judía (su primera lengua era el arameo) y carácter más nacionalista quizás implicado de alguna manera en la lucha contra los romanos, Pablo era un judío de la diáspora (de fuera de Palestina) de cultura helena o griega (su primera lengua era el griego) y ciudadano romano que buscaba en sus escritos que hubiera buenas relaciones con Roma. Además Pablo fue un fariseo que según cuenta en sus cartas persiguió a los primeros judeocristianos.
Las cartas de Pablo son el documento más antiguo del cristianismo porque son anteriores a los evangelios canónicos y son escritos de circunstancias en los que Pablo busca mostrar que sólo la fe en el mesías Jesús a través de su muerte y resurrección puede dar la salvación. Su predicación se dirigía primero a los judíos y después a los gentiles, sin embargo fueron sobre todo estos últimos los que le siguieron atraídos por su interés en el monoteísmo de la religión judía frente al politeísmo romano. Por otro lado en Pablo influyeron las religiones mistéricas de su entorno que ofrecían la salvación e inmortalidad del creyente a través de la muerte y resurrección de determinadas divinidades extranjeras del imperio cuyo culto se hizo muy popular frente a la religión romana oficial.
En conclusión podemos decir que Jesús fue siempre judío y nunca buscó fundar una nueva religión. Si Jesús viviera en el siglo XXI se declararía sin duda como judío antes que cristiano ya que la idea de ser considerado divino o Dios le horrorizaría, pero además también probablemente se declararía antes musulmán que cristiano, ya que la visión de Jesús en el Islam como un gran profeta humano y no divino encaja mejor con su pensamiento y esta visión se debe a la influencia de grupos judeocristianos con los que Mahoma pudo tener contacto y que le habrían introducido en la lectura de evangelios apócrifos judeocristianos.
Como afirmó el teólogo y sacerdote católico Alfred Loisy a principios del siglo XX (frase que le valió la excomunión): “Jesús predicó el reino de Dios, pero lo que vino fue la Iglesia.” El cristianismo actual (católico, ortodoxo y evangélico) no se corresponde con el pensamiento del Jesús histórico y es un cristianismo paulino, es decir heredero del pensamiento de Pablo de Tarso y sus discípulos, los evangelistas principalmente.

Bibliografía

García Pérez, J. M., Los orígenes históricos del cristianismo, Encuentro, Madrid, 2007.
Montserrat Torrents, J., Jesús el galileo armado. Historia laica de Jesús, Edaf, Madrid, 2007.
Piñero Sáenz, A., Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta, Madrid, 2006.
Piñero Sáenz, A., Los cristianismos derrotados, Edaf, Madrid, 2007.





[1] Piñero Sáenz, A., Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta, Madrid, pp. 173-182.
[2] Montserrat Torrents, J., Jesús el galileo armado. Historia laica de Jesús, Edaf, Madrid, pp. 193-197.
[3] Piñero Sáenz, A., Los cristianismos derrotados, Edaf, Madrid, pp. 157-159.
[4] García Pérez, J. M., Los orígenes históricos del cristianismo, Encuentro, Madrid, pp. 38-40.

lunes, 22 de diciembre de 2014

ENTREGA ESPECIAL II

Diciembre 2014

Entrevista:

De los orígenes del cristianismo al nacimiento de Jesús: un viaje con Antonio Piñero


Catedrático emérito de la
Universidad Complutense de Madrid.
Antonio Piñero Sáenz 
En este mes de diciembre tenemos la grata compañía del Catedrático Emérito de la Universidad Complutense de Madrid Antonio Piñero Sáenz, especialista en cristianismo primitivo.

En la presente entrevista, el profesor y autor de numerosos textos, nos adentra en los orígenes del cristianismo. Para ello nos reseña cómo se produjo el paso del politeísmo al monoteísmo, las influencias que recibió el cristianismo de otras religiones y el contexto histórico de la época de Israel cuando nació Jesús.
En orden de izquierda a derecha:
El Catedrático Antonio Piñero Sáenz, la Filóloga Clásica Ester Belaire
y el Doctorando Carmelo Morales Marcos. 

Rifa mes de Enero 2015:

También aprovechamos la ocasión para acercarnos a los seguidores del profesor y comentarles que sortearemos un ejemplar de su libro Año I: Israel y su mundo cuando nació Jesús, con dedicación especial del autor a nuestro blog.

Para formar parte del sorteo únicamente se deberá de dar un "me gusta" a nuestra página de Facebook "De Dioses y Hombres" https://www.facebook.com/dediosesyhombres?fref=ts
y seguidamente se les asignará un número del 00 al 99.

Para ser el ganador o ganadora del ejemplar, su número deberá coincidir con las dos últimas cifras del famoso Sorteo de La Lotería del Niño que tiene lugar en España el día 6 de enero. El ejemplar llegará a las manos de quien gane sin importar la ubicación geográfica. Ánimo y suerte a todos.

Acá el enlace con la entrevista:


Agradecimientos:

Queremos agradecer mediante este medio, al profesor Piñero, por brindarnos la oportunidad de filmar en su casa en Madrid y responder con la gentileza del caso a todas nuestras consultas. Estamos seguros que no será la última vez que lo tendremos con nosotros.

Acá se muestran dos de las obras del Profesor Piñero:
El Trono Maldito y  Año I: Israel y su mundo cuando nació Jesús
De parte de mi socio Carmelo Morales Marcos y mi persona, queremos extender también nuestro agradecimiento a la entrevistadora Ester Belaire y al editor Josué Segura Amador por ser parte vital del proyecto y creer en él, proyecto que de a pocos, comienza a dar sus frutos. Sin ellos nada de esto sería posible.

Que pasen Felices Fiestas y que tengan un próspero año 2015.

Atentamente, 

José Marco Segura.

Equipo de trabajo:     

Entrevistadora: Ester Belaire
Cámara: Carmelo Morales Marcos
Edición: Josué Segura Amador
Producción: José Marco Segura Jaubert, Ester Belaire