miércoles, 2 de septiembre de 2015

Confucio: El Mandato del Cielo

Por: Carmelo Morales Marcos

Correo electrónico: Karmelo7777@hotmail.com

Cuando se habla de la Ley o Mandato del Cielo se hace referencia a la Ley que el Cielo ha impreso a todos los seres para que se dirijan a su destino. En el punto 1 del capítulo I del libro del Justo Medio de Confucio, dice lo siguiente acerca del Cielo, la razón humana y la moral: <<Lo que el Cielo ha ordenado es llamado natural. Seguir lo que es natural es lo que se denomina el Camino. La regulación de este Camino es a lo que se nombra como doctrina>>.[1]
El Mandato del Cielo está en concordancia con la naturaleza. Cuando adecuamos nuestra conducta al Mandato del Cielo también entramos en concordancia con esa armonía natural. Esto es el Camino. Adecuar nuestra conducta al Camino es seguir la doctrina que predicaba  Confucio. En el  mismo capítulo se lee: <<El Camino no puede abandonarse ni siquiera un breve instante…>>”[2].
Todas las personas pueden descubrir esa norma de conducta moral en su interior. Hay aquí una enseñanza similar a la budista. En el budismo se busca encontrar en nuestro interior la liberación mediante la meditación; aquí, mediante el estudio. Esta norma de conducta moral de la que habla Confucio, es el Camino recto, Camino del Cielo o simplemente Camino. Los textos confucianos dicen que ni por un instante nos es lícito apartarnos de él, porque si esto fuese posible dejaría de ser el Camino. De ahí que sea tan importante la persistencia en el Camino.
Examinando estos primeros párrafos de El Justo Medio, se puede llegar a la conclusión de que la regla de conducta tiene raíz en la naturaleza ordenada por el Cielo y por ello es inmutable como el mismo Cielo. Recuérdese que para el Libro de las Mutaciones (uno de los Cinco Clásicos en los que Confucio apoyaba su enseñanza)  todo está sometido a cambio. Sin embargo tenemos aquí un gran hallazgo, lo único que no se somete a cambio, la “Ley del Cielo”, o lo que es lo mismo, la ley moral que el Cielo nos otorga. Todo lo demás, como es materia, muta incesantemente. Si esto es así para los confucianos, para Confucio y para reyes tan sabios como el rey Wen, no es de extrañar la importancia que le adjudicaban a esta Ley. Si es lo único inmutable debe de ser porque tiene una gran importancia, por no decir que es lo más importante, no lo único, pero sí lo máximo, y por eso no puede violarse o transgredirse.
¿Cómo se llega a la conclusión de que la Ley de Cielo es inmutable y no se puede transgredir? Es la conclusión a la que llegaron los sabios antiguos y entre ellos Confucio. Él aseguraba que la doctrina o Ley del Cielo de Yao y Chun la siguieron siglos después el rey Wen, Wu y el duque de Zhou sin que cambiase un ápice. Y sigue afirmando el Maestro que esa misma Ley del Cielo fue revelada a él sin mutación alguna, y es por eso que adquiere ese carácter de inmutabilidad. Hoy en día, dos milenios y medio después, cualquier confuciano podría afirmar que la doctrina de Confucio se podría aplicar a la vida cotidiana sin cambios de ningún tipo.
Los sabios al contemplar lo más alto, el Cielo, y ver su efecto en lo más bajo, los seres y las plantas, llegaron a la conclusión de que la causa y fin de todos los seres es la perfección; por eso el sabio tiene la perfección como meta. Si la perfección es el fin y meta de todos los seres, y la índole del ser humano con respecto a los demás seres es la razón y la moral recibida del Cielo, entonces, la meta y el fin del ser humano no puede ser otra que la perfección moral. Si esto fuese  así, se entendería mejor porque es lo más importante (es el objetivo de nuestra existencia) y porque esa Ley no se debe transgredir. A la vez nos recuerda el texto que todos tenemos la obligación de conservar, perfeccionar y tener siempre presente dicha norma moral o de conducta. Con lo cual, de esto se deduce, que el Noble, el que se halla más cerca de la inteligencia divina, alcanza con su recta conducta el máximo grado de perfección. El capítulo XXV del Zhong Yong o El Justo Medio dice al respecto lo siguiente:
<<El Hombre sincero llega a completarse a sí mismo y hace que el camino de la sinceridad sea su propio camino…El hombre sincero no solo se completa a sí mismo sino que se vale de la sinceridad para completar a los demás seres. El perfeccionamiento propio es la benevolencia, el perfeccionamiento de los demás seres es el conocimiento y ambos son virtudes naturales…>>[3]
La sinceridad es una de las virtudes más importantes para seguir el Camino que quiere el Cielo. Cuando aquí se habla de completarse a sí mismo, quiere decir perfeccionarse interiormente. Porque la perfección es la causa y fin de todos los seres. Este es el motivo por el que el sabio estima la sinceridad sobre todas las cosas, porque es el elemento esencial para alcanzar la perfección…El hombre sincero no se contenta con su propia perfección, sino que tiende al perfeccionamiento de todos los demás hombres. El perfeccionamiento de uno mismo o perfeccionamiento interior es una virtud; el perfeccionamiento exterior o perfeccionamiento de los demás es una ciencia sublime, ambos perfeccionamientos tienen su origen en la Ley o Mandato del Cielo. El cumplimiento de la Ley del deber que el Cielo nos impone, es la posesión de uno y otro perfeccionamiento y se consigue obrando siempre con sinceridad.
La perfección está totalmente vinculada a la Ley del deber, es decir a la Ley que el Cielo ha impreso en nosotros, la Ley Moral. El texto llega incluso a afirmar que no solo hay que buscar la propia perfección de uno; también, y esto la distingue de otras doctrinas, busca la perfección de los demás. Ahora se entiende mejor lo que dice Confucio en el  capítulo único del Daxué o Gran Enseñanza cuando dice: <<Conociendo a dónde se debe tender se determina el objeto que alcanzar>>. [4]
Ante todo es preciso conocer el fin al que debemos dirigir nuestras acciones. Ese fin al que tenemos que dirigir nuestras acciones, no es otro que la perfección, la perfección moral. El texto sigue diciendo: <<Habiéndolo determinado se puede conseguir la tranquilidad; tras la tranquilidad se puede obtener la paz y, obtenida esta, la deliberación es posible. La deliberación es seguida por la consecución del objeto que alcanzar>> [5].

Es necesario descubrir a dónde debemos tender, es decir, nuestro destino, para así poder tomar la firme determinación de dirigirnos hacia él. Una vez tomada esta determinación, nuestro espíritu obtendrá la tranquilidad y se verá libre de vacilación e inquietud. En cuanto se hayan consolidado esta tranquilidad y serenidad de espíritu, gozaremos de una profunda paz interior que ningún acontecimiento podrá alterar. Cuando gocemos de esta paz inalterable, estaremos en condiciones para meditar y penetrar en la esencia de todas las cosas. En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos conseguido el estado de perfección que nos habíamos propuesto. Nuestro  destino estará cumplido.
Confucio.
El texto se refiere a que nuestro destino es nuestra propia perfección y más arriba  hemos  indicado que el Mandato o Ley del Cielo nos ordena esto. Y después de conseguir esto, vendría la perfección de los demás, por efecto de mímesis. Por eso los antiguos gobernantes sabios estimaban tan importante que el Emperador fuese el primero en practicar la virtud y de esa forma no apartarse del Mandato del Cielo. En el punto 1 del capítulo XII del Zhong Yong o Justo Medio se lee: <<El Camino del hombre superior es vasto y, sin embargo, sutil>>[6].
El Camino, o lo que es lo mismo, la norma de conducta moral del sabio, posee un contenido tan amplio que puede aplicarse a  todos los actos y palabras de los hombres. A su vez es tan sutil que algunas veces es imperceptible, pasa desapercibido para la gente común. En el punto 3 de este mismo capítulo dice lo siguiente: <<…el Camino se manifiesta en todas partes>>. [7] El Camino se manifiesta en todas partes porque  la norma de conducta moral se halla impresa en la mente de todos los hombres.
Hay que darse cuenta de la suma importancia en el confucianismo de esta Ley Moral, por eso se llega a decir que ilumina el universo entero y por eso habla de que el sabio cuando la alcanza en plenitud, llega a ser como una trinidad, junto con el Cielo y la Tierra. Para aclarar mejor esto veamos por último el punto 4, que dice así: <<El Camino del hombre superior…en su máxima expresión  brilla en el Cielo>>. [8]
Tenemos que el Camino, o a norma de conducta moral, se halla presente en el interior de todos los hombres, sin excepción, pero no en todos los hombres se desarrolla en el mismo grado. Porque el sabio le imprime tal resplandor que ilumina todo el Cielo. Lo desarrolla tan completamente que sigue los designios de la divinidad y cumple en su totalidad con la Ley del Cielo.
Como ha quedado aclarado más arriba, todas las acciones, hasta nuestros pensamientos más íntimos, pueden ser reguladas por esta norma. Por eso Confucio dice en el libro Lun Yu o Analectas (论语) que no hay que hacer nada de lo que puedas avergonzarte, ni siquiera en los lugares más íntimos donde estés solo. 
En el capítulo XIII, en el punto 1 de La Doctrina del Medio Confucio dice: <<El Camino no está lejos de los hombres cuando los hombres quieren practicarlo, pero si el Camino que emprenden está lejano, no es posible que este sea el verdadero Camino>>. [9]
El Camino o buena conducta moral debemos buscarla en nuestro interior, por eso dice que no está lejos de los hombres cuando estos quieren practicarlo. No es verdadera norma de conducta o Camino el que se descubre fuera del hombre, es decir, la que no deriva directamente de la naturaleza humana.  Recuérdese que para el Cielo lo natural es seguir el Camino.
Véase de nuevo la similitud con Kant. No hay que olvidar que para el prusiano la Ley Moral está impresa en nuestro interior y por lo tanto es la única verdadera. En las palabras de Kant se vislumbra cierto parecido: <<Toda doctrina religiosa que busca dar al ser humano una norma de conducta que no se limita a la ley moral del deber es fanatismo religioso>>[10].
Kant aquí alude a todas esa religiones que se guían por supersticiones y fanatismos, en vez de tener como guía la ley moral que tenemos impresa en nuestro interior. Por su parte Confucio dice que esa ley o norma de conducta moral no está lejos de nosotros, eso es porque debemos buscarla en nuestro interior. La alusión que aquí hace Kant a la superstición y el fanatismo en las religiones, se parece mucho a la hechicería, brujería y magia que imperaba en la religión en época del Maestro. Y este, posiblemente, sea otro motivo por el cual Confucio no hablaba casi nunca de estos temas. Más adelante explicaremos esto con más detalle.
En el mismo capítulo XIII del Zhong Yong (Justo Medio) de Confucio, se lee: <<El hombre superior se vale de lo que hay en el hombre para regir al hombre y cuando lo ha corregido, se detiene>>. [11] Una vez más queda claro que el Camino no hay que buscarlo fuera. El hombre superior acepta con humildad los designios del Cielo, que no son otros que alcanzar la perfección moral, o lo que es lo mismo, no apartarnos del Camino. Por el contrario el hombre que camina fuera del Camino se meterá en mil empresas que no le corresponde, que son ajenas a su índole.
¿Cómo se puede saber o conocer esos designios del Cielo? El Cielo tiende a manifestarse de diferentes formas, según los confucianos. Por un lado se manifiesta a través del pueblo que se rebela ante el gobernante que se aparta del Camino. Cuando un gobernante se desvía del camino recto y deja de cumplir la Ley del Cielo, o sea, desobedece a la Ley Moral que el Cielo ha impreso en nosotros, entonces es el mismo Cielo el que le retira su protección y le enviará calamidades. Esa desobediencia puede ser de distintas maneras, como no escuchar a tu pueblo o como no dar importancia a los ritos y costumbres;  Otras veces el Cielo se manifiesta mediante los métodos de adivinación, es decir, mediante los oráculos. La divinidad puede mediante los oráculos dar una reprimenda o dar su aprobación a quien lo consulta; otras veces se manifiesta el Cielo cuando uno descubre la ley moral en su interior y es nuestra conciencia la que nos dice cómo debemos obrar, cómo debemos pensar y cómo seguir el Camino del Cielo. En el capítulo XVII del mismo libro dice el Maestro:
<< ¡Qué gran piedad filial tenía Shun! Su virtud le hacía sabio, su dignidad emperador, poseía todas las riquezas que hay en el ámbito de los cuatro mares, realizaba sacrificios a los antepasados en su templo ancestral y sus descendientes lo conservaron dedicados a él…Por eso el Cielo, al producir a los seres, es generoso para con ellos de acuerdo a sus cualidades. De ahí que alimente a un árbol vigoroso y derribe a otro que está medio seco>>.[12]
Se alude aquí a la piedad filial, a los sacrificios y al ritual, virtudes indispensables para seguir el Camino. Shun era uno de esos pocos sabios de la antigüedad que sirve como ejemplo para Confucio por haber completado su desarrollo moral, por no apartarse ni un milímetro del Camino. El Cielo, en el constante cuidado que proporciona a todos los seres, proporciona a cada uno el desarrollo adecuado a su naturaleza o a sus inclinaciones naturales, por eso a Shun le proporcionó el desarrollo moral.
 El Cielo cuida de que todos los seres se desarrollen y crezcan, a cada uno según su naturaleza. Como la naturaleza del ser humano es racional, a este le proporciona lo necesario para que se perfeccione moralmente, este es el fin último al que todos los seres humanos se tienen que dirigir, como ya hemos dicho antes, pero, ¿cómo se conseguiría esto? En el punto 5 del capítulo único del Daxué o Gran Enseñanza se dice lo siguiente al respecto:
<<Los antiguos que querían ilustrar la luminosa virtud en el mundo ponían primero el orden su reino; para poner el orden en su reino regulaban antes su propia casa; para regular su propia casa se perfeccionaban antes ellos mismos; para perfeccionarse ellos mismos rectificaban primero su corazón, para rectificar su corazón hacían previamente sinceros sus pensamientos; para hacer sinceros sus pensamientos alcanzaban antes el máximo conocimiento. Y el máximo conocimiento reside en la investigación de las cosas>>. [13].
El máximo conocimiento de las cosas también se refiere al fenómeno causa-efecto, a lo que hace que las cosas sean lo que son, a  alcanzar un conocimiento claro y profundo de las cosas y sus causantes, de las acciones de los hombres y los móviles que hacen que los hombres actúen de esa forma, una vez alcanzado esto obtenemos con ello la máxima perfección de los conocimientos, que aquí se refiere a los conocimientos morales. O sea, investigando a los demás o el pasado, podemos saber cómo actuar de acuerdo al Camino. Cuando se alcanza la máxima perfección de los conocimientos morales,  las intenciones se vuelven rectas y sinceras. Si las intenciones son rectas y sinceras al alma la penetran todas las virtudes. Las virtudes del alma corregirán todo nuestra forma de ser. Si alcanzamos nuestra perfección personal, quedará establecido el orden en nuestra familia. Si esta está en orden, el reino será rectamente gobernado. Y cuando todos los reinos son gobernados de acuerdo a la rectitud del Camino, el mundo entero se renueva y goza de paz.
En algunos de los cinco libros clásicos anteriores a Confucio, como El Libro de las Odas, El Libro de los Ritos o El Canon de la Historia se puede leer abundante información sobre la influencia del Cielo en los humanos y no solo en cuanto a generador de virtudes. Todas estas lecturas dejan claro que el poder del gobernante procede del Cielo, y que si el gobernante cumple con su Ley este seguirá disfrutando de sus bendiciones. Se pone de manifiesto que la virtud del prudente es el fundamento de la autoridad que el Cielo le atribuye para gobernar a los demás hombres. Pero los confucianos creen que esto mismo le sucede a cualquiera, no solo a los que gobiernan. Y lo creen probablemente porque así viene indicado en este mismo capítulo único de La Gran Enseñanza, que es un texto original de Confucio: <<Desde el Emperador hasta el último vasallo, todos deben tener el cultivo de sí mismos como fundamento…>>[14]
Según Confucio el que no ha descubierto en su interior el Mandato del Cielo, no ha alcanzado la perfección. Porque para él, lo único verdaderamente perfecto sin mezcla alguna de imperfección, es el Mandato del Cielo. El hombre debe esforzarse en descubrir en su interior este Mandato, que es la base y fundamento de todos sus deberes.

Bibliografía
-          Cheng, Anne. Historia del pensamiento chino, Bellaterra, Navas de Tolosa, 2012.
-          Elorduy, C. Romancero Chino, Editora Nacional, Madrid 1984.
-          Kant, I. Crítica de la razón práctica, F.C.E, México, 2005.
-          Kaizuka, S. Vida y pensamiento de Confucio, J de Olañeta , Palma de Mallorca 2004.
-          Pérez Arroyo, Joaquín. Confucio: Los cuatro libros, Espasa libros, Barcelona 2014.
-          Wilhelm, R, I Ching, Libro de las Mutaciones, Edhasa, Barcelona, 1977.
-          Xinzhong, Y, El Confucianismo, Cambridge University Press, Madrid, 2001.





[1] Pérez Arroyo, J. Confucio, Los Cuatro Libros, El Justo Medio I. p. 401.
[2] Ibid.
[3]Ibid. Cap.XXV, p. 415.
[4] Ibid , Ta Hiao cap I,p. 385,
[5] Ibid.
[6] Ibid , Chung-Yung o Doctrina del Medio. Cap. XII, p. 404.
[7] Ibid, p. 405.
[8] Ibid.
[9] Ibid., cap. XIII, p. 405.
[10]  Kant,I,  2005, p. 154.
[11] Pérez Arroyo, J. Confucio, Los Cuatro Libros Zhong Dong o Doctrina del Medio. Cap. XIII, p. 405
[12] Ibid., Cap. XVII, p. 408.
[13] Ibid , Daxué o La Gran Enseñanza. Cap. I, p.385.
[14] Ibid, 386.

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