domingo, 4 de octubre de 2015



La posteridad espiritual de Carlos de Foucauld


Por: Manuel Porra Brotons, doctorando de la Universidad Complutense de Madrid.


Correo electrónico: porrabrotons@esmas.com



Carlos de Faucauld
Carlos muere asesinado en un aparente fracaso porque no se ha cumplido su deseo de que otros continúen con su obra. Es más tarde cuando otros recogen la semilla de la espiritualidad de Carlos y la ponen a germinar.

Una primera persona es Louis Massignon que llegó a conocer a Carlos, es fiel a su mensaje y además tenía como él un gran conocimiento del Islam. La experiencia del amor es la que une a Massignon con Carlos de Foucauld.

Otra persona que pone en marcha el carisma de Carlos es René Voillaume. A René Voillaume le gusta la soledad y la lectura como a Carlos y funda una Fraternidad en Argelia ayudado por la Hermana Magdalena.

Quisieron llamarse Hermanitos del Sagrado Corazón pero no podían utilizar este nombre entre los musulmanes y se llamaron Hermanos de la oración en soledad. Pretenden seguir una espiritualidad carmelitana. Espiritualidad de oración, trabajo manual y silencio.

La Fraternidad se extiende al desierto después de haber conocido mejor el país, eran nómadas siguiendo la tradición del desierto. Adaptan la vida religiosa al lugar para familiarizarse con las costumbres.

Esta adaptación de los Hermanos al sitio donde vivían tenía sus límites, no podían adaptarse tanto que perdieran su identidad cristiana. Lo más difícil fue el estudio de la lengua.

La comunidad recibe muchas peticiones con deseo de conocerla y René Voillaume elabora una información resumida explicando la misión de las Fraternidades. En un viaje a Francia las da a conocer en el mundo obrero. René Voillaume se ve influenciado constantemente por la Hermana Magdalena.

Es la primera vez que una vida religiosa en contacto con los hombres es también contemplativa, existe apertura a los otros para un mayor conocimiento mutuo. Los novicios pasan temporadas en el desierto.

Las Fraternidades obreras no podían entrar en las luchas de los trabajadores porque no podían renunciar al testimonio del amor universal, en esto se distanciaran del movimiento de los sacerdotes obreros.

En sus viajes, la Hermana Magdalena arrastra por todo el mundo a René Voillaume y contribuye a la expansión de las Fraternidades, Voillaume era menos emprendedor que ella.

Se crean los Consejos de la Fraternidad Secular y de los Institutos Seculares. Las Fraternidades empiezan primero entre los obreros europeos e islámicos, después en sitios no evangelizados.

Los Hermanitos y Hermanitas viven en todos los ambientes, ejercen su apostolado con su presencia y ejemplo sin diferenciarse del resto de las personas que le rodean. En caso de ser reconocidos serian por sus obras y no por sus palabras.

La Fraternidad de los Hermanitos de Jesús se erige como Instituto de Derecho Diocesano cuando se acepta el texto de las Constituciones por parte de la Congregación de Propaganda Fide.

Cuando la Fraternidad se extiende al mundo por muchos países, pasa a depender de la Congregación para los religiosos.

El modo de vida de la Fraternidad consiste en estar integrados en el lugar donde viven, no llevan hábito religioso y su trabajo es asalariado. Aún así no son un Instituto Secular, sino religiosos viviendo en comunidad.

Para las Fraternidades es fundamental la adoración al Santísimo Sacramento.




Algunos rasgos espirituales fundamentales de los Hermanitos / as de Jesús



Nazaret



Los Hermanitos de Jesús no se preguntan que tipo de vida religiosa es la que siguen, solo quieren vivir como Jesús de Nazaret, haciendo lo que haría Él en unas situaciones concretas.

Los Hermanitos no deben obediencia al superior, solo respeto y exponen sus conflictos al director espiritual siguiendo sus consejos, no se está obligado bajo pena de pecado, obligan por amor a Jesús de Nazaret.



Vocación



Para los Hermanitos/as de Jesús, la vocación es una llamada de Dios y nadie debería comprometerse a ser sacerdote o religioso sin ser llamado por Dios, no basta el llamamiento de la Iglesia a la vocación religiosa, para los Hermanitos se trata de responder a una llamada personal de Dios.

Dan más importancia al interior de la persona que lleva a una amistad particular con Cristo en lugar de dar importancia a las causas externas.

Es una vocación religiosa que no se da por decreto sino que se trata de vivir el Evangelio siguiendo la llamada del Espíritu Santo, las estructuras tienen que ser un medio para conseguir ese objetivo.

Se respeta la libertad interna de la vocación y en esa llamada tiene prioridad las cualidades personales y los carismas por encima de las reglas.

Las relaciones de amistad modifican las relaciones de un superior con sus religiosos y esas relaciones no tienen que estar basadas en el temor al superior.

Se trata de evitar las relaciones que establecen distancias y de que en las Fraternidades se dé el sentido sobrenatural de la vida consagrada.

Las Fraternidades están formadas por tres o cuatro personas, Hermanos mezclados con las gentes de su entorno, hay un Hermano responsable.

Cada Fraternidad acentuará un aspecto diferente de su vocación según el ambiente en el que vivan.

Se necesita de la oración para ser constantes en el amor a Jesús que ha tenido lugar por un encuentro personal con Él.

El amor debe ser desinteresado, se debe estar identificado no sólo con su voluntad sino también con los deseos de Jesús.

Cuando se ama a alguien se le espera, se desea verlo y poseerlo. No hay amor sin presencia porque no se puede amar a la persona que siempre está alejada o no se la conoce y esto lo tienen claro los Hermanos.

Para los Hermanos el amor de amistad es el más perfecto y necesita reciprocidad.

La espiritualidad de Carlos de Foucauld se da en diversos grados tanto en la vida sacerdotal, religiosa o seglar.



Pobreza



Los Hermanos tienen que tener un espíritu de pobreza, sencillez fraterna y amistad. Entre ellos no todos se dedican al trabajo manual, hay momentos de estudio.

La vocación a la pobreza es para todos los Hermanos, también para los sacerdotes. Esta pobreza tiene que llevar a amar al hombre por encima de las apariencias, vivida conforme al Evangelio es liberación de los bienes de este mundo para poder seguir a Jesús de Nazaret.



Trabajo



El trabajo manual es básico en las Fraternidades porque fue la ocupación de Jesús de Nazaret, también los que realizan un trabajo intelectual deberán dedicar tiempo al trabajo manual.

Carlos de Faucauld
Los Hermanitos en su relación con los problemas sociales no tienen que dejarse llevar por ideologías sino por la fe en Cristo.

Trabajan para compartir la vida de los trabajadores pobres, no deben dejarse engañar por el capitalismo ni por el comunismo.

Los Hermanos realizan todo tipo de trabajo, deben tener un director espiritual sacerdote que les oriente.



Oración y eucaristía



Es necesaria la oración en la vida religiosa de los Hermanitos, no basta con conocer a Dios por la inteligencia, es necesaria su presencia.

Adoración al Santísimo Sacramento expuesto es un aspecto esencial de la vocación de los Hermanitos de Jesús.

Otro aspecto es la íntima unión entre los Hermanos y la capilla es el corazón de la Fraternidad.

Todos los días los Hermanos pasan una hora de oración ante el Santísimo Sacramento expuesto y una noche por semana cada Hermanito pasa una hora de adoración. 

           

Bibliografía



Anónimo, “Presentación de las Familias”, Boletín Iesus Cáritas, 83(1992), 12-38 páginas.

Anónimo, “Una cierta mirada: la contemplación codo a codo con los hombres”, Boletín Iesus Cáritas, 109(1996), 47 página.

Anónimo,  “Una misión: gritar el Evangelio sobre los tejados, no con la palabra, sino con la vida”, Boletín Iesus Cáritas, 109(1996), 45-46 páginas.

Destremau C.J.; Moncelon, J., Luis Massignon amigo de Carlos de Foucauld y continuador de su obra”, Boletín Iesus Cáritas, 124(1999), páginas 6-8.

Gorrée G., Sur les traces du père de Foucauld, La Colombe, París, 1953, 450 páginas.

Pérez Charlín J.M., “Ha muerto René Voillaume, fundador de los Hermanitos del Evangelio”, Ecclesia, 3156(2003), página 26.

Voillaume, R. :

-       (1953) Au coeur des masses, la vie religieuse des Petits Frères du Pére Foucauld, Cerf, Paris, 516 páginas.

-        (1962) Por los caminos del mundo, Marova, Madrid, 409 páginas.

-       (1976) Ver a Dios en la ciudad, Sígueme, Salamanca, 244 páginas. 
-       (1998) Charles de Foucauld et ses premiers disciples, Bayard Éditions/Centurion, Paris, 489 páginas.




             

miércoles, 2 de septiembre de 2015

SETIEMBRE 2015                                    

"De Dioses y Hombres" es un blog de investigación sobre Ciencias de las Religiones y Mitología, coordinado y dirigido por el filólogo clásico de la Universidad de Costa Rica José Marco Segura Jaubert y el doctorando de la Universidad Complutense de Madrid Carmelo Morales Marcos. 

Después del descanso veraniego os ofrecemos tres nuevos artículos que esperamos sean de vuestro gusto. Nuestro compañero el doctorando Carmelo Morales Marcos nos enseñará como para Confucio lo único verdaderamente perfecto sin mezcla alguna de imperfección, es el Mandato del Cielo. El hombre debe esforzarse en descubrir en su interior este Mandato, porque es la base y fundamento de todos sus deberes. Nuestra colaboradora la investigadora de la UCM Milagros Carracedo nos enseña en su artículo como el tipi, hogar y espacio sagrado de las tribus nativas de Norteamérica, demuestra al hombre moderno el valor del esfuerzo propio en la vida. Los nativos agradecen el tipi como hogar transportable que les ha permitido llevar consigo también lo divino, pues, a sus ojos, se ha convertido en el último espacio sagrado que resta a los hombres para la comprensión del Mundo.  Por último nuestro colaborador Manuel Brotons nos escribe sobre la vida del beato Carlos de Foucauld, el cual no tenía todavía seis años de edad cuando queda huérfano. Se convierte al cristianismo en julio de 1884. Su meta era imitar a Jesús de Nazaret e igual que este murió asesinado.
Confucio: El Mandato del Cielo

Por: Carmelo Morales Marcos

Correo electrónico: Karmelo7777@hotmail.com

Cuando se habla de la Ley o Mandato del Cielo se hace referencia a la Ley que el Cielo ha impreso a todos los seres para que se dirijan a su destino. En el punto 1 del capítulo I del libro del Justo Medio de Confucio, dice lo siguiente acerca del Cielo, la razón humana y la moral: <<Lo que el Cielo ha ordenado es llamado natural. Seguir lo que es natural es lo que se denomina el Camino. La regulación de este Camino es a lo que se nombra como doctrina>>.[1]
El Mandato del Cielo está en concordancia con la naturaleza. Cuando adecuamos nuestra conducta al Mandato del Cielo también entramos en concordancia con esa armonía natural. Esto es el Camino. Adecuar nuestra conducta al Camino es seguir la doctrina que predicaba  Confucio. En el  mismo capítulo se lee: <<El Camino no puede abandonarse ni siquiera un breve instante…>>”[2].
Todas las personas pueden descubrir esa norma de conducta moral en su interior. Hay aquí una enseñanza similar a la budista. En el budismo se busca encontrar en nuestro interior la liberación mediante la meditación; aquí, mediante el estudio. Esta norma de conducta moral de la que habla Confucio, es el Camino recto, Camino del Cielo o simplemente Camino. Los textos confucianos dicen que ni por un instante nos es lícito apartarnos de él, porque si esto fuese posible dejaría de ser el Camino. De ahí que sea tan importante la persistencia en el Camino.
Examinando estos primeros párrafos de El Justo Medio, se puede llegar a la conclusión de que la regla de conducta tiene raíz en la naturaleza ordenada por el Cielo y por ello es inmutable como el mismo Cielo. Recuérdese que para el Libro de las Mutaciones (uno de los Cinco Clásicos en los que Confucio apoyaba su enseñanza)  todo está sometido a cambio. Sin embargo tenemos aquí un gran hallazgo, lo único que no se somete a cambio, la “Ley del Cielo”, o lo que es lo mismo, la ley moral que el Cielo nos otorga. Todo lo demás, como es materia, muta incesantemente. Si esto es así para los confucianos, para Confucio y para reyes tan sabios como el rey Wen, no es de extrañar la importancia que le adjudicaban a esta Ley. Si es lo único inmutable debe de ser porque tiene una gran importancia, por no decir que es lo más importante, no lo único, pero sí lo máximo, y por eso no puede violarse o transgredirse.
¿Cómo se llega a la conclusión de que la Ley de Cielo es inmutable y no se puede transgredir? Es la conclusión a la que llegaron los sabios antiguos y entre ellos Confucio. Él aseguraba que la doctrina o Ley del Cielo de Yao y Chun la siguieron siglos después el rey Wen, Wu y el duque de Zhou sin que cambiase un ápice. Y sigue afirmando el Maestro que esa misma Ley del Cielo fue revelada a él sin mutación alguna, y es por eso que adquiere ese carácter de inmutabilidad. Hoy en día, dos milenios y medio después, cualquier confuciano podría afirmar que la doctrina de Confucio se podría aplicar a la vida cotidiana sin cambios de ningún tipo.
Los sabios al contemplar lo más alto, el Cielo, y ver su efecto en lo más bajo, los seres y las plantas, llegaron a la conclusión de que la causa y fin de todos los seres es la perfección; por eso el sabio tiene la perfección como meta. Si la perfección es el fin y meta de todos los seres, y la índole del ser humano con respecto a los demás seres es la razón y la moral recibida del Cielo, entonces, la meta y el fin del ser humano no puede ser otra que la perfección moral. Si esto fuese  así, se entendería mejor porque es lo más importante (es el objetivo de nuestra existencia) y porque esa Ley no se debe transgredir. A la vez nos recuerda el texto que todos tenemos la obligación de conservar, perfeccionar y tener siempre presente dicha norma moral o de conducta. Con lo cual, de esto se deduce, que el Noble, el que se halla más cerca de la inteligencia divina, alcanza con su recta conducta el máximo grado de perfección. El capítulo XXV del Zhong Yong o El Justo Medio dice al respecto lo siguiente:
<<El Hombre sincero llega a completarse a sí mismo y hace que el camino de la sinceridad sea su propio camino…El hombre sincero no solo se completa a sí mismo sino que se vale de la sinceridad para completar a los demás seres. El perfeccionamiento propio es la benevolencia, el perfeccionamiento de los demás seres es el conocimiento y ambos son virtudes naturales…>>[3]
La sinceridad es una de las virtudes más importantes para seguir el Camino que quiere el Cielo. Cuando aquí se habla de completarse a sí mismo, quiere decir perfeccionarse interiormente. Porque la perfección es la causa y fin de todos los seres. Este es el motivo por el que el sabio estima la sinceridad sobre todas las cosas, porque es el elemento esencial para alcanzar la perfección…El hombre sincero no se contenta con su propia perfección, sino que tiende al perfeccionamiento de todos los demás hombres. El perfeccionamiento de uno mismo o perfeccionamiento interior es una virtud; el perfeccionamiento exterior o perfeccionamiento de los demás es una ciencia sublime, ambos perfeccionamientos tienen su origen en la Ley o Mandato del Cielo. El cumplimiento de la Ley del deber que el Cielo nos impone, es la posesión de uno y otro perfeccionamiento y se consigue obrando siempre con sinceridad.
La perfección está totalmente vinculada a la Ley del deber, es decir a la Ley que el Cielo ha impreso en nosotros, la Ley Moral. El texto llega incluso a afirmar que no solo hay que buscar la propia perfección de uno; también, y esto la distingue de otras doctrinas, busca la perfección de los demás. Ahora se entiende mejor lo que dice Confucio en el  capítulo único del Daxué o Gran Enseñanza cuando dice: <<Conociendo a dónde se debe tender se determina el objeto que alcanzar>>. [4]
Ante todo es preciso conocer el fin al que debemos dirigir nuestras acciones. Ese fin al que tenemos que dirigir nuestras acciones, no es otro que la perfección, la perfección moral. El texto sigue diciendo: <<Habiéndolo determinado se puede conseguir la tranquilidad; tras la tranquilidad se puede obtener la paz y, obtenida esta, la deliberación es posible. La deliberación es seguida por la consecución del objeto que alcanzar>> [5].

Es necesario descubrir a dónde debemos tender, es decir, nuestro destino, para así poder tomar la firme determinación de dirigirnos hacia él. Una vez tomada esta determinación, nuestro espíritu obtendrá la tranquilidad y se verá libre de vacilación e inquietud. En cuanto se hayan consolidado esta tranquilidad y serenidad de espíritu, gozaremos de una profunda paz interior que ningún acontecimiento podrá alterar. Cuando gocemos de esta paz inalterable, estaremos en condiciones para meditar y penetrar en la esencia de todas las cosas. En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos conseguido el estado de perfección que nos habíamos propuesto. Nuestro  destino estará cumplido.
Confucio.
El texto se refiere a que nuestro destino es nuestra propia perfección y más arriba  hemos  indicado que el Mandato o Ley del Cielo nos ordena esto. Y después de conseguir esto, vendría la perfección de los demás, por efecto de mímesis. Por eso los antiguos gobernantes sabios estimaban tan importante que el Emperador fuese el primero en practicar la virtud y de esa forma no apartarse del Mandato del Cielo. En el punto 1 del capítulo XII del Zhong Yong o Justo Medio se lee: <<El Camino del hombre superior es vasto y, sin embargo, sutil>>[6].
El Camino, o lo que es lo mismo, la norma de conducta moral del sabio, posee un contenido tan amplio que puede aplicarse a  todos los actos y palabras de los hombres. A su vez es tan sutil que algunas veces es imperceptible, pasa desapercibido para la gente común. En el punto 3 de este mismo capítulo dice lo siguiente: <<…el Camino se manifiesta en todas partes>>. [7] El Camino se manifiesta en todas partes porque  la norma de conducta moral se halla impresa en la mente de todos los hombres.
Hay que darse cuenta de la suma importancia en el confucianismo de esta Ley Moral, por eso se llega a decir que ilumina el universo entero y por eso habla de que el sabio cuando la alcanza en plenitud, llega a ser como una trinidad, junto con el Cielo y la Tierra. Para aclarar mejor esto veamos por último el punto 4, que dice así: <<El Camino del hombre superior…en su máxima expresión  brilla en el Cielo>>. [8]
Tenemos que el Camino, o a norma de conducta moral, se halla presente en el interior de todos los hombres, sin excepción, pero no en todos los hombres se desarrolla en el mismo grado. Porque el sabio le imprime tal resplandor que ilumina todo el Cielo. Lo desarrolla tan completamente que sigue los designios de la divinidad y cumple en su totalidad con la Ley del Cielo.
Como ha quedado aclarado más arriba, todas las acciones, hasta nuestros pensamientos más íntimos, pueden ser reguladas por esta norma. Por eso Confucio dice en el libro Lun Yu o Analectas (论语) que no hay que hacer nada de lo que puedas avergonzarte, ni siquiera en los lugares más íntimos donde estés solo. 
En el capítulo XIII, en el punto 1 de La Doctrina del Medio Confucio dice: <<El Camino no está lejos de los hombres cuando los hombres quieren practicarlo, pero si el Camino que emprenden está lejano, no es posible que este sea el verdadero Camino>>. [9]
El Camino o buena conducta moral debemos buscarla en nuestro interior, por eso dice que no está lejos de los hombres cuando estos quieren practicarlo. No es verdadera norma de conducta o Camino el que se descubre fuera del hombre, es decir, la que no deriva directamente de la naturaleza humana.  Recuérdese que para el Cielo lo natural es seguir el Camino.
Véase de nuevo la similitud con Kant. No hay que olvidar que para el prusiano la Ley Moral está impresa en nuestro interior y por lo tanto es la única verdadera. En las palabras de Kant se vislumbra cierto parecido: <<Toda doctrina religiosa que busca dar al ser humano una norma de conducta que no se limita a la ley moral del deber es fanatismo religioso>>[10].
Kant aquí alude a todas esa religiones que se guían por supersticiones y fanatismos, en vez de tener como guía la ley moral que tenemos impresa en nuestro interior. Por su parte Confucio dice que esa ley o norma de conducta moral no está lejos de nosotros, eso es porque debemos buscarla en nuestro interior. La alusión que aquí hace Kant a la superstición y el fanatismo en las religiones, se parece mucho a la hechicería, brujería y magia que imperaba en la religión en época del Maestro. Y este, posiblemente, sea otro motivo por el cual Confucio no hablaba casi nunca de estos temas. Más adelante explicaremos esto con más detalle.
En el mismo capítulo XIII del Zhong Yong (Justo Medio) de Confucio, se lee: <<El hombre superior se vale de lo que hay en el hombre para regir al hombre y cuando lo ha corregido, se detiene>>. [11] Una vez más queda claro que el Camino no hay que buscarlo fuera. El hombre superior acepta con humildad los designios del Cielo, que no son otros que alcanzar la perfección moral, o lo que es lo mismo, no apartarnos del Camino. Por el contrario el hombre que camina fuera del Camino se meterá en mil empresas que no le corresponde, que son ajenas a su índole.
¿Cómo se puede saber o conocer esos designios del Cielo? El Cielo tiende a manifestarse de diferentes formas, según los confucianos. Por un lado se manifiesta a través del pueblo que se rebela ante el gobernante que se aparta del Camino. Cuando un gobernante se desvía del camino recto y deja de cumplir la Ley del Cielo, o sea, desobedece a la Ley Moral que el Cielo ha impreso en nosotros, entonces es el mismo Cielo el que le retira su protección y le enviará calamidades. Esa desobediencia puede ser de distintas maneras, como no escuchar a tu pueblo o como no dar importancia a los ritos y costumbres;  Otras veces el Cielo se manifiesta mediante los métodos de adivinación, es decir, mediante los oráculos. La divinidad puede mediante los oráculos dar una reprimenda o dar su aprobación a quien lo consulta; otras veces se manifiesta el Cielo cuando uno descubre la ley moral en su interior y es nuestra conciencia la que nos dice cómo debemos obrar, cómo debemos pensar y cómo seguir el Camino del Cielo. En el capítulo XVII del mismo libro dice el Maestro:
<< ¡Qué gran piedad filial tenía Shun! Su virtud le hacía sabio, su dignidad emperador, poseía todas las riquezas que hay en el ámbito de los cuatro mares, realizaba sacrificios a los antepasados en su templo ancestral y sus descendientes lo conservaron dedicados a él…Por eso el Cielo, al producir a los seres, es generoso para con ellos de acuerdo a sus cualidades. De ahí que alimente a un árbol vigoroso y derribe a otro que está medio seco>>.[12]
Se alude aquí a la piedad filial, a los sacrificios y al ritual, virtudes indispensables para seguir el Camino. Shun era uno de esos pocos sabios de la antigüedad que sirve como ejemplo para Confucio por haber completado su desarrollo moral, por no apartarse ni un milímetro del Camino. El Cielo, en el constante cuidado que proporciona a todos los seres, proporciona a cada uno el desarrollo adecuado a su naturaleza o a sus inclinaciones naturales, por eso a Shun le proporcionó el desarrollo moral.
 El Cielo cuida de que todos los seres se desarrollen y crezcan, a cada uno según su naturaleza. Como la naturaleza del ser humano es racional, a este le proporciona lo necesario para que se perfeccione moralmente, este es el fin último al que todos los seres humanos se tienen que dirigir, como ya hemos dicho antes, pero, ¿cómo se conseguiría esto? En el punto 5 del capítulo único del Daxué o Gran Enseñanza se dice lo siguiente al respecto:
<<Los antiguos que querían ilustrar la luminosa virtud en el mundo ponían primero el orden su reino; para poner el orden en su reino regulaban antes su propia casa; para regular su propia casa se perfeccionaban antes ellos mismos; para perfeccionarse ellos mismos rectificaban primero su corazón, para rectificar su corazón hacían previamente sinceros sus pensamientos; para hacer sinceros sus pensamientos alcanzaban antes el máximo conocimiento. Y el máximo conocimiento reside en la investigación de las cosas>>. [13].
El máximo conocimiento de las cosas también se refiere al fenómeno causa-efecto, a lo que hace que las cosas sean lo que son, a  alcanzar un conocimiento claro y profundo de las cosas y sus causantes, de las acciones de los hombres y los móviles que hacen que los hombres actúen de esa forma, una vez alcanzado esto obtenemos con ello la máxima perfección de los conocimientos, que aquí se refiere a los conocimientos morales. O sea, investigando a los demás o el pasado, podemos saber cómo actuar de acuerdo al Camino. Cuando se alcanza la máxima perfección de los conocimientos morales,  las intenciones se vuelven rectas y sinceras. Si las intenciones son rectas y sinceras al alma la penetran todas las virtudes. Las virtudes del alma corregirán todo nuestra forma de ser. Si alcanzamos nuestra perfección personal, quedará establecido el orden en nuestra familia. Si esta está en orden, el reino será rectamente gobernado. Y cuando todos los reinos son gobernados de acuerdo a la rectitud del Camino, el mundo entero se renueva y goza de paz.
En algunos de los cinco libros clásicos anteriores a Confucio, como El Libro de las Odas, El Libro de los Ritos o El Canon de la Historia se puede leer abundante información sobre la influencia del Cielo en los humanos y no solo en cuanto a generador de virtudes. Todas estas lecturas dejan claro que el poder del gobernante procede del Cielo, y que si el gobernante cumple con su Ley este seguirá disfrutando de sus bendiciones. Se pone de manifiesto que la virtud del prudente es el fundamento de la autoridad que el Cielo le atribuye para gobernar a los demás hombres. Pero los confucianos creen que esto mismo le sucede a cualquiera, no solo a los que gobiernan. Y lo creen probablemente porque así viene indicado en este mismo capítulo único de La Gran Enseñanza, que es un texto original de Confucio: <<Desde el Emperador hasta el último vasallo, todos deben tener el cultivo de sí mismos como fundamento…>>[14]
Según Confucio el que no ha descubierto en su interior el Mandato del Cielo, no ha alcanzado la perfección. Porque para él, lo único verdaderamente perfecto sin mezcla alguna de imperfección, es el Mandato del Cielo. El hombre debe esforzarse en descubrir en su interior este Mandato, que es la base y fundamento de todos sus deberes.

Bibliografía
-          Cheng, Anne. Historia del pensamiento chino, Bellaterra, Navas de Tolosa, 2012.
-          Elorduy, C. Romancero Chino, Editora Nacional, Madrid 1984.
-          Kant, I. Crítica de la razón práctica, F.C.E, México, 2005.
-          Kaizuka, S. Vida y pensamiento de Confucio, J de Olañeta , Palma de Mallorca 2004.
-          Pérez Arroyo, Joaquín. Confucio: Los cuatro libros, Espasa libros, Barcelona 2014.
-          Wilhelm, R, I Ching, Libro de las Mutaciones, Edhasa, Barcelona, 1977.
-          Xinzhong, Y, El Confucianismo, Cambridge University Press, Madrid, 2001.





[1] Pérez Arroyo, J. Confucio, Los Cuatro Libros, El Justo Medio I. p. 401.
[2] Ibid.
[3]Ibid. Cap.XXV, p. 415.
[4] Ibid , Ta Hiao cap I,p. 385,
[5] Ibid.
[6] Ibid , Chung-Yung o Doctrina del Medio. Cap. XII, p. 404.
[7] Ibid, p. 405.
[8] Ibid.
[9] Ibid., cap. XIII, p. 405.
[10]  Kant,I,  2005, p. 154.
[11] Pérez Arroyo, J. Confucio, Los Cuatro Libros Zhong Dong o Doctrina del Medio. Cap. XIII, p. 405
[12] Ibid., Cap. XVII, p. 408.
[13] Ibid , Daxué o La Gran Enseñanza. Cap. I, p.385.
[14] Ibid, 386.