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domingo, 6 de diciembre de 2015

Freud y las parafilias



Por: Alejandro Tenorio Tenorio



Correo electrónico: alejante@ucm.es



Sigmund Freud
El término perversión desaparece de la terminología psiquiátrica mundial en 1987 y fue sustituido por parafilia (del griego παρά, para, "fuera de", y φιλία, filía, "amor"). Una parafilia es una conducta sexual en el que la fuente predominante de placer no se da en el coito sino en alguna otra actividad. Las parafilias se consideran inocuas excepto cuando se dirigen a un objeto potencialmente peligroso, dañino para el sujeto o para otros, o cuando impiden el funcionamiento sexual normal. El estado legal de las parafilias varía ampliamente de cultura en cultura y de país en país.

El comportamiento parafílico dependen de las convenciones sociales del momento y de las culturas; ciertas prácticas, como la homosexualidad o la masturbación fueron consideradas parafílicas, aunque ahora se consideran variaciones normales y aceptables de la actividad sexual. Así resulta imposible catalogar las parafilias con exactitud. En cuanto su origen, no se ha podido demostrar la existencia de ninguna alteración orgánica o psicológica que las explique. Se ha sugerido que estas personas podrían tener unos niveles excesivamente altos de andrógenos y también se ha especulado sobre una posible relación entre conducta parafílica y lesión del lóbulo temporal. Las distintas escuelas psicoanalíticas, por su parte, defienden que algunas de las parafilias serían una consecuencia del complejo de castración en la fase edípica

La psicodinámica de las parafilias tiene su origen en 1905 con TREE ESSAYS ON THE THEORY OF SEXUALITY de Freud; allí especulaba que la energía sexual o libido está presente desde el nacimiento en forma desorganizada. La libido se caracteriza por la satisfacción de las fuentes auto erógenas no genitales: el mamar, comer, defecar, embarrarse y posteriormente mirar y exhibirse. Cada uno de estos actos constituye un "instinto parcial", los cuales se van integrando en forma gradual hasta llegar al dominio genital en el adulto. 

Los instintos parciales según Freud no desaparecen del todo y muchos de ellos permanecen bajo las formas del beso, juego amatorio y el exhibicionismo, a menudo empleado como juego presexual. Si estos instintos parciales tienen fijaciones en la etapa pregenital (o regresiones), permanecerán como fuente dominante de gozo sexual en el adulto. Las tendencias para las parafilias existen en cada persona en forma latente y las causas por medio de las cuales se transforman en actos francos son dudosas. Las causas más comunes son la ansiedad de castración, conflictos de Edipo y otras anomalías del medio familiar durante la niñez. La mayoría de las parafilias son llevadas a cabo por varones, no quedando exentas las mujeres pero en mucho menor número; también se dice que hasta el 78 % de los casos hay alteraciones neuropsiquátricas en diferentes grados.

Dentro de las parafilias se incluyen la paidofilia, el exhibicionismo, el voyeurismo, el masoquismo, el sadismotravestismofetichismo, necrofilia y frotteurismo (del fr. frotteur, ‘que siente placer sexual frotándose con gente’) cuya sintomatología consiste en fuertes necesidades sexuales recurrentes y en fantasías sexuales excitantes, que implican el contacto y el roce con una persona que no consiente; hay que tener en cuenta que lo excitante es el contacto pero no necesariamente la naturaleza coercitiva del acto. Queda excluido el término homosexualidad.

 Freud no juzgó la homosexualidad  y tuvo como antecedente a Sandor Ferenczi, en 1906, antes de conocer a Freud, fue un defensor de los homosexuales perseguidos en Hungría. Desautorizó a aquellos médicos que aconsejaban el matrimonio como remedio a su supuesto problema. Freud trató de comprender sus causas, su génesis, sus estructuras desde el punto de vista del inconsciente. Por esto se mostró muy interesado en analizar la homosexualidad latente de los heterosexuales en la neurosis y en la paranoia. Conservó el término de perversión para designar los comportamientos sexuales desviados con relación a una norma estructural y no social, e incluye la homosexualidad como una perversión de objeto, caracterizada por una fijación de la sexualidad en una disposición bisexual. El estudio y análisis de la bisexualidad se ha basado en El banquete de Platón, del mismo modo que los modernos estudios sobre transexualismo lo hacen sobre las leyendas del Hermafrodita y los amores de la diosa Cibeles, y con mayor precisión en uno de sus discursos, el de Aristófanes, que desarrolla una fantástica concepción antropológica del amor.

Con respecto al Banquete de Platón, diremos que un banquete constaba de dos partes, el deipnon o syndeipnon, la comida, y el potos o sympotos, la bebida en común posterior. Durante el sympotos, los comensales animados por el vino  pronunciaban discursos, cantaban o se divertían de acuerdo con las normas que establecía el symposiarchos o  presidente del banquete, quien además ordenaba  la mezcla de vino y de agua para la bebida. Antes de comenzar el sympotos, se retiraban las mesas, se limpiaba la sala, hacíase una libación de vino puro en honor de Dionisio o Zeus, y se entonaba un peán en honor a Apolo. Era frecuente que los symposia terminaran en orgía, aunque en ocasiones, como la que nos describe Platón, era motivo de encuentro entre amigos para poder exhibir el más refinado ingenio al tratar temas de alto contenido filosófico.

El Banquete es un diálogo donde se exponen los discursos sobre al Amor (Eros) que se pronunciaron en casa del poeta Agatón, con ocasión de su primer triunfo trágico en las Panateneas de Atenas. El momento en que se sitúa la escena de la conversación inicial entre Apolodoro y sus amigos corresponde al 416 a.C. en un período de entusiasmo organizador de la desastrosa campaña contra Siracusa (Sicilia) y la máxima popularidad de Alcibíades a quien se verá irrumpir estruendosamente al final del diálogo. El elogiar por turno al Amor lo propone el médico Erixímaco que parece ejercer las funciones de symposiarchos, aunque el verdadero inspirador del tema es Fedro que considera un gran olvido que hasta entonces, ningún poeta ni sofista hubiera compuesto algo en honor de un dios tan grande, si se exceptúan los grandes poetas eróticos griegos (Safo, Anacreonte) o en los trágicos ( Sófocles -Antígona, Edipo- y Eurípides –Hipólito-) si bien ninguno de ellos había tenido en cuenta los aspectos apacibles del Amor, sino los destructivos de la pasión.

La estructura literaria que le asigna Platón es la siguiente: La primera parte está compuesta por los discursos de Fedro, Pausanias, Erixímaco, Aristófanes y Agatón; la segunda parte contiene el discurso de Sócrates dividido a su vez en dos apartados a) el maestro rebate y corrige algunas opiniones vertidas anteriormente mediante su lógica de acertadas preguntas, y b) basándose en una supuesta conversación con Diotima de Mantinea, sienta las bases del Amor platónico. La parte final  es un panegírico a favor de Sócrates realizado por Alcibíades en el que se puede analizar el carácter y forma del filósofo.

La naturaleza humana era antes muy diferente de cómo es hoy día. Al principio hubo tres clases de  hombres: los dos sexos que subsisten hoy día y un tercero compuesto de estos dos y que ha sido destruido y del cual sólo queda el nombre. Este animal formaba una especie muy particular que se llamaba Andrógino porque reunía el sexo masculino y femenino, pero ya no existe y su nombre es un oprobio. En segundo lugar, tenían todos los hombres la forma redonda, de manera que el pecho y la espalda eran como una esfera y las costillas circulares, cuatro brazos, cuatro piernas, dos cara fijas a un cuello orbicular y perfectamente parecidas; una sola cabeza reunía estas dos caras opuestas la una a la otra; cuatro orejas, dos órganos genitales y el resto de la misma proporción. Marchaban erguidos como nosotros y sin tener necesidad de volverse para tomar todos los caminos que querían [...]. La diferencia que se encuentra entre estas tres especies de hombres procede de la diferencia de sus principios; el sexo masculino está producido por el Sol, el femenino por la Tierra y el compuesto de los otros dos por la Luna, que participa de la Tierra y el Sol. Tenían estos principios su forma, que es esférica, y su manera de moverse. Sus cuerpos eran robustos y vigorosos y sus ánimos esforzados, lo que les inspiró la osadía de subir hasta el cielo y combatir contra los dioses, como Homero lo ha escrito en Efialtes y de Oto. Zeus examinó con los dioses el partido que se debería adoptar [...]. Por fin, después de largas reflexiones, y de tener en cuenta que si los hombres desaparecieran desaparecían también el culto y los sacrificios que aquéllos les tributaban, se expresó Zeus en estos términos: Creo haber encontrado un medio de conservar a los hombres y de tenerlos más reprimidos, y es disminuir sus fuerzas. Los separé en dos y así los debilitaré y al mismo tiempo tendremos la ventaja de aumentar el número de los que nos sirvan: andarán derechos sostenidos solamente por dos piernas, y si después de este castigo conservan su impía audacia y no quieren estar tranquilos, los separaré de nuevo y se verán obligados a andar sobre un solo pie, [...].

Después de esta declaración hizo el dios la separación que acababa de resolver, cortó a los hombres en dos mitades, lo mismo que hacen los hombres con la fruta cuando la quieren conservar en almíbar o cuando quieren salar los huevos cortándolos con una crin, partiéndolos en dos partes iguales [...]. Una vez hecha esta división, cada mitad trató de encontrar aquella de la que había sido separada y cuando se encontraban se abrazaban y unían con tal ardor en su deseo de volver a la primitiva unidad, que perecían de hambre y de inanición en aquel abrazo, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuando una de estas mitades perecía, la que la sobrevivía buscaba otra a la que de nuevo se unía, fuera ésta la mitad de una mujer entera, lo que hoy llamamos una mujer, o un hombre, y así iba extinguiéndose la raza. Movido Zeus a compasión, imagina un nuevo expediente: pone delante los órganos de la generación, que antes estaban detrás: se concebía y vertía la semilla, no el uno en el otro, sino sobre la tierra como las cigarras. Zeus puso delante aquellos órganos y de esta manera se verificó la concepción por la conjunción del varón con la hembra. Entonces si la unión se verificaba entre el hombre y la mujer, eran los hijos el fruto de ella, pero si el varón se unía al varón, la saciedad les separaba muy pronto y volvían a sus trabajos y otros cuidados de la vida. De ahí procede el amor que naturalmente sentimos los unos por los otros, que nos vuelve a nuestra primitiva naturaleza y hace todo para reunir las dos mitades y restablecernos en nuestra antigua perfección. Cada uno de nosotros no es por tanto más que una mitad de hombre que ha sido separado de un todo de la misma manera que se parte en dos un lenguado. Estas dos mitades se buscan siempre. Los hombres que proceden de la separación de aquellos seres compuestos que se llaman andróginos aman a las mujeres, y la mayor parte de los adúlteros pertenecen a esta especie, de la que también forman parte las mujeres que aman a los hombres y violan las leyes del himeneo. Pero las mujeres que provienen de la separación de las mujeres primitivas no prestan gran atención a los hombres y más bien se interesan por las mujeres [...]. Los hombres procedentes de la separación de los hombres primitivos buscan de igual manera el sexo masculino. Mientras son jóvenes aman a los hombres, disfrutan durmiendo con ellos y en estar entre sus brazos y son los primeros entre los adolescentes y los adultos, como si fueran de una naturaleza mucho más viril [...] y la prueba es que con la edad se muestran más aptos para el servicio del Estado. Cuando llegan a la edad viril, aman a su vez a los adolescentes y jóvenes, y si se casan y tienen hijos, no es por seguir los impulsos de su naturaleza, sino porque la ley los constriñe a ello. Lo que ellos quieren es pasar la vida en el celibato juntos los unos y los otros. El único objetivo de estos hombres, sean amantes o amados, es reunirse con sus semejantes. Cuando uno de estos ama a los jóvenes o en otro llega a encontrar su mitad, la simpatía, la amistad y el amor se apoderan del uno y del otro de tal manera, de tan maravillosa manera, que ya no quieren separarse, aunque sólo sea un momento. (Platón, El banqueteo del amor, Madrid: Colección Austral, 2001, págs. 240-242)

Este enfoque basado en la bisexualidad eliminaba el carácter peyorativo y antiigualitario de la homosexualidad; él como nadie hizo entrar la homosexualidad en el universo de la sexualidad humana y la humaniza y se niega a considerarla como una disposición innata (biológica), para entenderla como una elección psíquica inconsciente.

En cuanto a Ceres, era hermana y esposa de Saturno. Hija del Cielo, diosa de la Tierra, madre de Júpiter Juno, Neptuno y Plutón, llamada Madre de los Dioses. Es llamada Dindima, Berecinta e Idea, en recuerdo de tres montañas de la Frigia donde era adorada. También fue designada con el título de Gran-Madre porque la mayoría de los dioses le debían el ser, entre otros Júpiter, Neptuno, Plutón, Juno, Ceres y Vesta. También es conocida con los nombres de Tellus y Ops porque regía la tierra y procuraba a los hombres protección, ayuda y riquezas. Esta diosa suele representarse bajo el aspecto de una mujer robusta. Su corona de encina recuerda que los hombres en tiempos primitivos se alimentaron del fruto de este árbol; las torres que coronan su cabeza indican las ciudades que están bajo su protección; la llave que ostenta en su mano designa los tesoros que el seno de la tierra oculta durante el invierno para manifestarse en el verano. Aparece sentada sobre un carro tirado por leones, o bien rodeada de bestias salvajes. Algunos artistas la han representado con los vestidos sembrados de flores. Cuando Saturno fue arrojado del cielo, Rea le siguió en su huída a Italia; allí secundó sus propósitos de practicar el bien y se atrajo el cariño de los pueblos del Lacio. Sus sacerdotes, llamados curetas, coribantes, dactilos y galos, celebraban sus fiestas con danzas dando a sus cuerpos movimientos convulsivos, con gritos y lamentos, en memoria de la desventura de Atis. Este era un pastor frigio al que Cibeles dispensaba especial benevolencia, confiándole la custodia de su culto con la condición de que jamás se casaría. Atis olvidó su juramento y tomó por esposa a Sangaride. Cibeles le castigó por perjuro matando a esta ninfa e infundió al culpable un frenesí que le revolvía contra sí mismo y cuando iba a poner fin a sus días, la diosa conmovida le metamorfoseó en pino, árbol que le fue consagrado. 

Bibliografía:


BENAVENTE BARREDA, Mariano. Tragedias de Sófocles. Ed. Hernando, Madrid,1970, pp. 1-33.

ERRANDONEA, Ignacio. Sófocles y la personalidad de sus coros. Ed. Moneda y Crédito, Madrid, 1970, pp. 1-14, 49-75.

GÓMEZ SÁNCHEZ, Carlos, Freud y su obra. Génesis y constitución de la Teoría Psicoanalítica,  Madrid: Biblioteca Nueva, 2002.

GRIMAL, Pierre, Diccionario de Mitología, Ed. Paidós, Barcelona, 1986

FREUD, Sigmund, Los textos fundamentales del psicoanálisis, Ed. Altaya, Madrid, 1993, pp. 53-54, 64-65, 337-341.

LAPLANCHE, Jean y PONTALIS, Jean-Bertrand, Diccionario de Psicoanálisis, bajo la dirección de Daniel Lagache, Barcelona: Labor, 1971.

LAPANCHE, Jean y PONTALIS, Jean-Bertrand, Diccionario de Psicoanálisis, traducción de Fernando Gimeno Cervantes, Barcelona: Piados, 1996 (título original, Vocabulaire de la Psychanalyse, París: Presses Universitaires de France).

ROUDINESCO, Élisabeth y PLON, Michel, Diccionario de Psicoanálisis, traducción de Jorge Piatigorsky, Barcelona: Piados, 1998.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Sigmund Freud: Modernidad y vigencia actual

Por: Alejandro Tenorio Tenorio

Correo electrónico: alejante@ucm.es



“La cuestión fatal de la especie humana paréceme que es la de determinar si el proceso cultural que se ha operado en ella conseguirá o no dominar – y hasta qué punto – los trastornos de la vida comunal causados por…la agresión y la autodestrucción. A este respecto, la fase por la que estamos pasando en este momento quizá merece especial interés. Los hombres han llevado su capacidad de someter las fuerzas de la naturaleza a un extremo tal, que si las usasen ahora podrían muy fácil exterminarse los unos a los otros hasta no quedar ninguno. No lo ignoran, y de ahí brota gran parte de su actual inquietud, de su abatimiento, de su ánimo aprehensivo”.

(Sigmund Freud, El malestar en la cultura, 1930)



Sigmund Freud
Nació el 6 de mayo de 1856 en Freiberg (Pribor), en la parte noroeste de la Moravia integrada al Imperio Austro-Hungaro, cuya población checa hablaba oficialmente el alemán. Allí se había instado su padre con su primera esposa en 1848. Hijo de Amalia Freud u Jacob Freud, recibió como nombre de pila Schlomo (Salomón) Sigismund. En agosto de 1859 la familia se trasladó de Frieberg a Leipzing y poco más tarde a Viena (1860); sus hermanastros Emanuel y Philipp emigran ese mismo año a Manchester (Gran Bretaña), hijos del primer matrimonio de su padre.

Schlomo Sigmund Freud, gran teórico del psicoanálisis, descubridor de las propiedades analgésicas y anestésicas de la cocaína, discípulo en Francia de J.M. Charcot, cuyos estudios sobre la aplicación de la  hipnosis y la sugestión en el tratamiento de la histeria ejercen una influencia decisiva, definidor del concepto de  inconsciente y, sobre todo, el primero y más perspicaz y penetrativo observador de la importancia de la sexualidad infantil y de las causas sexuales de la histeria, no sin gran escándalo en los círculos académicos y científicos vieneses fue neurólogo, psiquiatra y terapeuta de reconocido prestigio internacional. La interpretación de los sueños (1900) marca el nacimiento del psicoanálisis y establece el método de interpretación de las asociaciones libres para desvelar el contenido de los sueños.

En Tres ensayos  sobre la teoría sexual (1905) percibió que los trastornos neuróticos son manifestaciones de experiencias traumáticas olvidadas, relegadas al inconsciente del  individuo por un mecanismo de defensa, vividas en la infancia y relacionadas con la represión del principio de placer y con el desarrollo del complejo de Edipo. Con Freud y sus revolucionarias intuiciones, el saber psicológico, hasta entonces centrado únicamente en los fenómenos mentales conscientes, agranda sus horizontes al tomar también como objeto de estudio el inconsciente y su universo inagotable de pulsiones instintivas, de los actos  fallidos y de los síntomas psicopatológicos  que aparecen en la personalidad y en la conducta de los hombres.

En 1910, en  Nuremberg, Freud crea junto con Sandor Ferenczi la Internationale Psychoanalytische Vereinigung (IPV). Anteriormente, en 1902, con Alfred Adler, Wichelm Stekel, Max Kahane (1866-1923) y Rudolf Reitler(1865-1917), fundó la Sociedad Psicológica de los Miércoles, primer círculo de la historia del freudismo. Otras personalidades del mundo vienés se unieron al círculo. En esas reuniones le surgió la idea de una posible aplicación de psicoanálisis a todos los ámbitos del saber: la literatura, la antropología, la historia, etc. Freud defendió la idea del psicoanálisis aplicado y publica una fantasía literaria titulada El delirio y los sueños en la “Gradiva” de Jensen (1907). Entre 1907 y 1908, el círculo de sus primeros discípulos se fue ampliando con la adhesión al psicoanálisis de nuevos miembros.

En 1933, se abandona el acrónimo alemán y aparece la International Psychoanalytical Association (IPA). Ha sido entre 1907 y 1908, cuando el círculo de sus primeros discípulos se fue ampliando con la adhesión al psicoanálisis de nuevos miembros, la mayoría de los cuales disentirán de sus análisis y crearan las distintas corrientes freudianas modernas: el Kleinismo, la Ego Psychology, la Self Psychology, el Lacanismo, el Annafreudismo, los Independientes... Durante los primeros veinticinco años del siglo XX la doctrina de Freud se implantó en Gran Bretaña, Alemania, la Costa Este de EE.UU. Posteriormente en Más allá del principio del placer (1920), Freud introdujo los  conceptos de pulsión de vida, que tiende a la conservación y  creación de vida, y pulsión de muerte, instinto que impulsa a los organismos vivos hacia el estado primitivo del que surgieron; para simbolizar esas pulsiones, actualiza dos grandes figuras de la mitología griega: Eros y Tánatos.



Sobre Eros

                   

Dios del Amor. Según la tradición era hijo de Zeus y de Afrodita. Los poetas presentaban a Eros como un bello efebo, con los ojos vendados, siendo sus armas las flechas que lanza, las cuales lleva en un carcaj de oro. Acompaña a Afrodita, y su cortejo está formado por Joco, Potos, Himeros, Dioniso, Tiqué, Pito, las Gracias y las Musas Triunfaba doquiera había seres, en la tierra, en el cielo, en el océano, y en los mismos infiernos. Los dioses estaban también expuestos a sus flechas como los simples mortales, y se valía de múltiples estratagemas y de imprevistos caminos para herir a sus víctimas con las flechas de la pasión. Más modernamente era representado como un niño desnudo, con alas y empuñando el arco. Una figura poco parecida con el Eros tradicional se la dio la mitología romana bajo el nombre de Cupido al cual representaban, primero, como un niño en la pubertad, y más tarde como un infante de tres a cuatro años.  (“Dioses y héroes mitológicos”  en  Dioses, Mitos y Leyendas [CD], 1998).



 Sobre Thánatos



Thánatos (< griego antiguo Θάνατος = ‘muerte’) era la personificación de la muerte no violenta. Su toque era suave, como el de su hermano gemelo Hipnos, el sueño. La muerte violenta la representaban sus hermanas amantes de la sangre, las Keres, asiduas al campo de batalla. Su equivalente en la mitología romana era Mors.

Thánatos era un ser de una oscuridad escalofriante simbolizado por un joven alado con una tea encendida en la mano que se le apaga o se le cae. Homero y Hesíodo le hacían hijo de Nix, la noche, y gemelo de Hipnos, insinuando que ambos hermanos discutían cada noche quién se llevaría a cada hombre; el Sueño anulaba cada noche a los mortales tratando de imitar a su hermano mayor. Desempeña un papel pequeño en los mitos, pues quedó muy a la sombra de Hades, el reino de los muertos. Thánatos actuaba cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal.          

 Freud nombra “Thánatos” (que en griego significa “muerte”) a los impulsos de muerte, impulsos que pugnan por retornar a la materia inorgánica. Por su parte, Fromm denomina “necrófila” (que significa “amor a la muerte”) a la concepción que adoptan opresores y oprimidos. Considero que cuando Fromm evoca a la concepción necrófila también se está refiriendo a los impulsos de muerte de los que habla Freud, impulsos opuestos al Eros (impulsos de vida): Thánatos y Eros, impulsos de muerte e impulsos de vida.

Entonces, relacionando estas teorías podemos decir que la implantación de esta concepción necrófila del hombre no es más que el intento de dirigirlos a una concepción thanática de autodestrucción (divide y vencerás es el dicho). Implantar esta concepción thanática en los inconscientes de los oprimidos no tiene otro fin más que llevarlos a su propia autodestrucción, en donde los oprimidos se convencen de su incapacidad y por ende abandonan la lucha (si es que la empezaron siquiera).

En la década de 1920, Freud publicó varias obras fundamentales, a través de las cuales definió su segunda tópica y reestructura totalmente su teoría del inconsciente y del dualismo pulsional: Tótem y Tabú (1912), Mas allá del principio del placer (1920), Psicología de masas y análisis del yo (1921), El yo y el ello (1923) y El malestar de la cultura (1930); en ellas propugna una nueva teoría de la personalidad, estructurada en tres estancias: el ello, el yo y el superyó, relacionadas con el mundo de la realidad, de los instintos y las normas morales respectivamente. El crecimiento y desarrollo de la personalidad se vincula a la evolución del pensamiento infantil, que se configura por el principio del placer y por el de realidad. También aplicó sus descubrimientos sobre el psiquismo humano al estudio de los fenómenos  socioculturales. Prohibidas sus obras por el nazismo, en 1938, al producirse la anexión de Austria al III Reich, el padre del psicoanálisis abandonó Viena y se trasladó a Londres, gracias al diplomático norteamericano William Bullit y a un rescate considerable pagado por Marie Boanaparte que liberó a Freud de la sangrienta GESTAPO. Poco antes de su muerte, publicó Moisés y el  monoteísmo (1939). El 21 de septiembre de 1939,Max Schuz, médico y psicoanalista norteamericano, nacido en Polonia, hijo de una familia de la burguesía judía, estudió en Viena,  se convirtió en médico personal de Marie Boanaparte y de Freud por mediación de aquella, acompañó a Sigmund Freud a lo largo de su prolongada enfermedad y le prometió que no le abandonaría cuando llegara el momento, le aplicó, con el consentimiento de su hija Anna Freud, tres inyecciones espaciadas de morfina. El 23 de septiembre, a las tres de la madrugada, después de dos días de coma, el anciano moría apaciblemente.



Freud y la homosexualidad



Uno de los aspectos más destacados de la ingente obra del analista vienés Sigmund Freud es la moderna y revolucionaria concepción que desarrolló sobre uno de los lados más complejos de la personalidad humana: la homosexualidad y el incomprensible y agresivo comportamiento social e institucional  que se generaba en torno a los homosexuales, y que aún se manifiesta, no nos engañemos, a pesar de que filmes como Brokeback mountain, del director Ang Lee, se transformen en auténticos fenómenos de masas y a pesar de que las legislaciones de algunos países hayan recogido el matrimonio entre personas del mismo sexo o regulado, en otros, las parejas de hecho, aunque no sin resistencias por parte de los sectores más retrógrados de la sociedad.

Freud, en su lucha por la modernidad, cambió el término ominoso de inversión (en Tres ensayos de teoría sexual (1905) mantenía aún el término inversión, pero poco después en su obra Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci (1910) lo rechaza y lo sustituye por homosexualidad) por el de homosexualidad y se mostró beligerante con toda forma de diferenciación y discriminación rechazando separar a los homosexuales, como grupo específico, de los otros seres humanos. Poco después aportará una definición canónica de homosexualidad donde quedan rechazadas todas las tesis sexológicas sobre el estado intermedio, el tercer sexo o el alma femenina en un cuerpo de hombre. Según el Edipo y el inconsciente, la homosexualidad, como consecuencia de la bisexualidad humana, existe en estado latente en todos los heterosexuales. Cuando se convierte en una elección de objeto exclusiva, tiene por origen en la mujer una fijación infantil a la madre y una aversión hacia el padre; en el hombre, sobrevive después de la pubertad, si en la infancia se crea un vínculo intenso entre el hijo y la madre, ya que entonces en lugar de renunciar a la madre, el niño se identifica con ella, se transforma en ella y busca objetos capaces de reemplazar su yo, a los que pueda amar como habría sido amado por la madre.

En una carta fechada el 9 de abril de 1935, dirigida a una madre norteamericana con un hijo homosexual, escribe: La homosexualidad no es evidentemente una ventaja, pero no hay nada en ella de lo que uno deba avergonzarse; no es un vicio, ni un envilecimiento, y no se la podría calificar de enfermedad; nosotros la consideramos una variación de la función sexual. Muchos individuos sumamente respetables, de los tiempos antiguos y modernos, han sido homosexuales, y entre ellos encontramos algunos de los más grandes hombres (Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc). Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como un crimen, y es también una crueldad [...]”. Añadía que era inútil pretender transformar un homosexual en heterosexual cuando la homosexualidad está plenamente instalada en su personalidad; el psicoanálisis jamás debería realizarse con el objeto de “curarle”, pues el homosexual no está enfermo. Solo algunas veces era posible despejar el camino hacia el otro sexo y era entonces cuando el paciente sometido al psicoanálisis se convertía en bisexual.

La teoría de una homosexualidad innata hizo que bastantes científicos y juristas condenaran las legislaciones represivas de Europa. La psiquiatría del siglo XX considera la homosexualidad como inversión sexual, una anomalía psíquica, un trastorno de la personalidad que podía desembocar en psicosis y, con frecuencia, en suicidio. Hasta que no llegan los trabajos de Michel Foucault y John Boswel y los movimientos de liberación sexual allá por los años 1970, no empieza a verse como una práctica sexual de pleno derecho constituyendo una componente de la sexualidad humana que deriva en variados comportamientos. Freud ya había señalado el camino al derivar la homosexualidad de la bisexualidad, siendo una elección inconsciente ligada a la renegación, a la castración y al Edipo. En 1974 la American Psychiatric Association (APA) elimina la homosexualidad de las enfermedades mentales por referéndum, lo que provocó un gran escándalo, no menor que cuando el Tribunal Supremo de Massachusett declara en sentencia que el matrimonio entre individuos del mismo sexo estaba reconocido en la Constitución del Estado o cuando el Consejo de Ministros de España aprueba (el 1 de octubre de 2004) el proyecto de ley que reconoce el derecho al matrimonio de las personas del mismo sexo que quieran contraerlo  con el argumento de que la libertad de todos, no de la mayoría, es el objetivo último del Estado de derecho y, especialmente, el reconocimiento de los derechos fundamentales constitucionalmente vigentes.



Aclaración:



Michel Foucault (1926-1984), filósofo francés que intentó mostrar que las ideas básicas que la gente considera verdades permanentes sobre la naturaleza humana y la sociedad cambian a lo largo de la historia. Sus estudios pusieron en tela de juicio la influencia del filósofo político alemán Karl Marx y del psicoanalista austriaco Sigmund Freud. Foucault aportó nuevos conceptos que desafiaron las convicciones de la gente sobre la cárcel, la policía, la seguridad, el cuidado de los enfermos mentales, los derechos de los homosexuales y el bienestar.

Los últimos tres libros de Foucault —Historia de la sexualidad, Volumen I: Introducción (1976), El uso del placer (1984) y La preocupación de sí mismo (1984)— son parte de una truncada historia de la sexualidad. En estos libros, Foucault rastrea las etapas por las que la gente ha llegado a comprenderse a sí misma en las sociedades occidentales como seres sexuales, y relaciona el concepto sexual que cada uno tiene de sí mismo con la vida moral y ética del individuo.(Encarta 2006).

Boswell, John es autor de Las bodas de la semejanza y Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad.  Cuando la Universidad de Chicago publicó en Norteamérica en el año 1980 Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad, hubo una conmoción pública. Un profesor universitario, historiador prestigioso, católico y homosexual, John Boswell, había pasado varios años estudiando documentos de la Antigüedad y de la Edad Media en relación con la homosexualidad, con el objetivo de encontrar el comienzo y las causas de la homofobia eclesial. Pero descubrió mucho más de lo que esperaba, porque los resultados de su investigación fueron espectaculares: la homofobia de las iglesias cristianas no remonta a los orígenes del Cristianismo, sino que empezó a partir del siglo XII, en relación con las graves crisis del final de la Baja Edad Media: al mismo tiempo que se extendían por Europa la peste, la despoblación de las ciudades, el abandono de los cultivos, la miseria y el hambre, una ola creciente de intransigencia inundaba a las masas europeas; todas las minorías pagaron con sufrimientos incontables: judíos, "herejes", infieles... y homosexuales.  (Rafael V.S. Rivera,www.cristianshomosexual.org). Continuará


BIBLIOGRAFIA


BENAVENTE BARREDA, Mariano. Tragedias de Sófocles. Ed. Hernando, Madrid,1970, pp. 1-33.

ERRANDONEA, Ignacio. Sófocles y la personalidad de sus coros. Ed. Moneda y Crédito, Madrid, 1970, pp. 1-14, 49-75.

GÓMEZ SÁNCHEZ, Carlos, Freud y su obra. Génesis y constitución de la Teoría Psicoanalítica,  Madrid: Biblioteca Nueva, 2002.

GRIMAL, Pierre, Diccionario de Mitología, Ed. Paidós, Barcelona, 1986

FREUD, Sigmund, Los textos fundamentales del psicoanálisis, Ed. Altaya, Madrid, 1993, pp. 53-54, 64-65, 337-341.

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