lunes, 14 de marzo de 2016

La adivinación etrusca en la antigua Roma

Por: Antonio Justo Patallo, Licenciado en Historia, especializado en Historia Antigua y Máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrònico: antoniojusto@hotmail.com



Introducción


Este trabajo trata sobre la influencia de la adivinación etrusca en la antigua Roma. Ya desde la Antigüedad los etruscos tuvieron una fama de pueblo de una gran religiosidad debido sobre todo a sus prácticas adivinatorias. La disciplina etrusca de la adivinación tenía un gran prestigio y así lo atestiguan los autores latinos que escribieron sobre el tema. Por ello este trabajo se centra especialmente en las prácticas adivinatorias etruscas, que tuvieron una gran fama especialmente en el Imperio Romano, ejerciendo una gran influencia en la propia religión romana.

La adivinación etrusca se basaba en un tipo de adivinación indirecta en torno a la interpretación de señales que se transmitió a los romanos pero que se diferenciaba de la adivinación directa que practicaban otros pueblos como los babilonios, los judíos o los griegos, basada en una inspiración divina personal de tipo profético. Esta adivinación se consideraba como el fruto de una revelación al igual que las principales religiones monoteístas actuales pero diferenciándose en este sentido de las religiones griega y romana de su entorno del Mediterráneo. Finalmente con el triunfo del cristianismo en el Imperio Romano los autores cristianos asociaron la adivinación etrusca a la magia pagana y la superstición, según esta visión cristiana negativa.

El trabajo se estructura en torno a unos objetivos concretos. En primer lugar plantea una reflexión sobre la imagen de los etruscos como pueblo de una gran religiosidad partiendo de los textos de autores de época romana. En segundo lugar se analizan los diferentes rituales religiosos de la adivinación, destacando especialmente la figura de los arúspices, encargados de llevar a cabo estas prácticas por ser los grandes especialistas. Por último se hace referencia a la asimilación de la adivinación etrusca en las prácticas religiosas romanas desde la integración de Etruria en el mundo romano hasta la desaparición de estas prácticas adivinatorias por el triunfo del cristianismo en el Imperio Romano.


La visión de la adivinación etrusca por los autores latinos


La fama de los etruscos como pueblo de una gran religiosidad vino transmitida especialmente por los textos de autores latinos, tanto romanos como cristianos. Entre estos testimonios destacan los de autores romanos como Cicerón, Tito Livio, Séneca o Plinio el Viejo pero también autores cristianos posteriores como Arnobio. Cicerón escribió el tratado De Divinatione donde habla sobre estas prácticas religiosas de los etruscos; Séneca describe los rituales de adivinación etruscos relacionados con los rayos en su obra Naturales Quaestiones; mientras que Plinio en su Naturalis Historia también trata este tema y describe la división de la bóveda celeste para la adivinación etrusca.

La mayoría de los autores romanos utilizan obras traducidas al latín que parten de los libros sagrados escritos en lengua etrusca. Fueron nobles etruscos ya romanizados e integrados en el mundo romano quienes transmitieron estas obras procedentes de generaciones anteriores. Por lo general las visiones de los autores latinos sobre la adivinación etrusca son variadas. Estas visiones son de respeto por un lado, debido a la fama que tenía la disciplina etrusca en la Antigüedad, pero por otro lado también aparecen burlas por los falsos adivinos que surgieron en Roma con la intención de desacreditar estas prácticas religiosas sobre todo por los autores cristianos.

Así mientras Tito Livio consideraba a los etruscos como unos de los pueblos más dedicados a las prácticas religiosas (5.1.6), autores cristianos como Arnobio consideraban a Etruria como la creadora y madre de todas las supersticiones (Adv. Gent. 7.26). Por su parte Cicerón llegaba a dudar sobre la interpretación de los prodigios por los etruscos (Div. 1.35) e incluso ridiculiza a los falsos arúspices o etruscos como pone en boca de Catón el Viejo afirmando que dos arúspices no pueden mirarse sin reírse (Div. 1.58.132).

En general los autores latinos consideraban que los arúspices etruscos eran los especialistas de mayor prestigio en lo que se refiere a la adivinación. A pesar del gran respeto hacia la disciplina etrusca, autores como Séneca dejaron constancia en sus escritos sobre las diferencias entre romanos y etruscos a la hora de interpretar fenómenos naturales como los rayos. Cuando Séneca afirma que los adivinos etruscos atribuyen a los dioses estos fenómenos a diferencia de los romanos, en realidad parece resaltar esa visión de los etruscos como un pueblo de gran religiosidad pero muy supersticioso que justifica todo lo que ocurre por la voluntad de los dioses, mientras que los romanos ofrecerían unas explicaciones más lógicas y racionales (Nat. Quaest. 2.32.2).

Aunque finalmente Roma adoptó oficialmente la adivinación etrusca en sus prácticas religiosas, la imagen que los autores latinos tenían de la aruspicina era de respeto pero también de desconfianza, sobre todo en los primeros siglos, bien fuera porque fue utilizada por los etruscos contra el ejército romano, o bien por el origen extranjero de los etruscos.[1] En cualquier caso, sea por el motivo que sea la visión hacia la adivinación etrusca entre los autores romanos acabó siendo de aceptación y más adelante serían los cristianos quienes cuestionarían estas prácticas por considerarlas incompatibles con sus creencias.

A pesar de las críticas tardías del cristianismo, la disciplina etrusca de la adivinación seguía siendo considerada de gran prestigio e incluso el papa Inocencio I durante el año 408 permitió que se consultara en secreto a los arúspices etruscos sobre el destino de la ciudad de Roma ante la amenaza de los godos de Alarico. Dentro de las críticas, la visión de los cristianos hacia la adivinación etrusca fue de respeto, reconociendo al mítico Tages, el principal profeta etrusco, como el profeta nacional de la Italia pagana. En general la visión cristiana de la adivinación etrusca era de críticas porque representaba el paganismo romano, pero también de respeto hasta el punto de creer que permitía conocer el provenir aunque era considerada obra de demonios.[2] Precisamente por considerar esta adivinación como obra de demonios y también por su prestigio y fama los autores cristianos creían que podía tener cierta credibilidad.

Dentro de las prácticas adivinatorias etruscas los cristianos criticaban más las relacionadas con los sacrificios, mientras que las que se referían a los rayos o los prodigios gozaban de una mayor tolerancia. Esta credibilidad se relaciona con la concepción judeocristiana de las profecías, un fenómeno que también estaba presente en la propia religión etrusca. Por los textos de estos autores se sabe que la adivinación etrusca fue muy bien conocida y estudiada en el cristianismo.

Los rituales de la adivinación etrusca

Dentro de la adivinación etrusca los rituales ocupaban el papel más importante. La religión etrusca era considerada como una religión revelada por profetas, una característica compartida por las llamadas religiones del libro de Oriente como el judaísmo, el cristianismo o el islam, pero que la diferenciaba de otras religiones de su entorno en el Mediterráneo como la griega o la romana.[3] La adivinación etrusca era considerada como el resultado de una revelación hecha a los hombres por los dioses a través de profetas como Tages o la ninfa Vegoia. Entre estos profetas el más destacado era Tages, cuyo mito es relatado por Cicerón a través de su amigo Aulo Caecina, noble etrusco romanizado que conocía la disciplina etrusca (Div. 2.23.50). El mito de Tages se relaciona con la adivinación a través de los sacrificios de animales y la interpretación de sus vísceras, sobre todo el hígado. Estas prácticas rituales, que también estaban presentes en Mesopotamia, habrían sido reveladas por Tages a los etruscos de la ciudad de Tarquinia, dándoles instrucciones sobre cómo debían realizarse los rituales. Por su parte la ninfa Vegoia habría revelado los libros sagrados relacionados con la adivinación a través de los rayos.

La adivinación etrusca tenía un carácter especialmente práctico, en el que los rituales eran la parte más importante. Por lo tanto no era una creencia de tipo dogmático, sino que la adivinación se basaba en unas técnicas concretas que eran aprendidas por los arúspices, que las realizaban siguiendo unas instrucciones específicas. Estos rituales fueron bien conocidos por los autores romanos, sobre todo a través de nobles etruscos romanizados que habrían recibido la disciplina etrusca a través de diferentes generaciones. Entre los autores romanos que escribieron sobre estos rituales destacan Cicerón, Séneca y Plinio el Viejo. 

Cicerón en su tratado sobre la adivinación (De Divinatione) ofrece una clasificación de los más importantes libros sagrados etruscos. Entre estos libros destacan: los Libri Haruspicini, atribuidos a Tages y centrados en las técnicas de análisis e interpretación de los signos que se muestran en las vísceras de los animales sacrificados; los Libri Fulgurales, atribuidos a Vegoia que trataban sobre la doctrina relativa a los rayos como expresión de los designios divinos; y los Libri Rituales, que incluían los libros centrados en la interpretación de los prodigios. Esta clasificación es la más conocida por ser los libros más importantes pero había más libros sagrados para los etruscos.

Séneca en Naturales Questiones describe con mayor detalle los rituales etruscos de la adivinación, pero centrándose en los relacionados con la interpretación de los rayos. Este autor divide la disciplina etrusca relativa a los rayos en tres pasos concretos: observación, interpretación y expiación. En la observación el arúspice se limitaría a observar los rayos fijándose en su procedencia y su destino principalmente. La interpretación consistiría en dar un significado a los hechos que se han producido en base a los libros sagrados etruscos de la adivinación. Finalmente la expiación serían las acciones que deben realizar los adivinos para cumplir la voluntad de los dioses como respuesta a su mensaje (Nat. Quaest. 2.33).

Plinio el Viejo en su Naturalis Historia ofrece una descripción de la división de la bóveda celeste en diferentes divinidades según las creencias etruscas (N. H. 2.143). Esta división que narra Plinio es similar a la que muestra el hígado de Piacenza, fechado entre los siglos III y II a. C. Este hígado ofrece información destacada sobre la hepatoscopia o adivinación a través de las vísceras de los animales sacrificados. Entre estas vísceras los etruscos daban mayor importancia al hígado por considerar que contenía la fuerza o energía vital del animal sacrificado. De esta forma, al igual que la bóveda celeste, se establecía una división en diferentes divinidades para interpretar los hígados o los rayos según zonas. También los truenos eran objeto de interpretación como muestra un calendario brontoscópico traducido al latín por el arúspice Nigidio Fígulo en el siglo I a. C. que contiene información según los días del año.

La información que nos transmiten Séneca y Plinio sirve para hacernos una idea de las técnicas adivinatorias que eran aplicadas por los arúspices. Estas técnicas eran muy específicas y debían ser bien conocidas por los arúspices. En el análisis de los rayos o los hígados la posición era lo más importante a la hora de realizar una interpretación y esta precisión contribuyó mucho para generar esa imagen de los etruscos como un pueblo de gran religiosidad famoso por el prestigio de su adivinación, ya que sin duda los etruscos fueron uno de los pueblos que más desarrollaron el arte de la adivinación como puede observarse en los libros sagrados de los arúspices.

Continúa el próximo mes.


Bibliografía


Blázquez Martínez, J. M., La religión etrusca”, en Historia de las religiones de la Europa antigua, Cátedra, 1994, pp. 19-102.

Espinosa Espinosa, D., “La adivinación en Roma: orígenes, fundamentación y crítica especulativa de su práctica, en Polis: revista de formas e ideas políticas de la Antigüedad clásica, Nº 20, 2008, pp. 43-72.

Lara Peinado, F., Los etruscos. Pórtico de la historia de Roma, Cátedra, 2007.

Martínez-Pinna Nieto, J., “Los etruscos y la adivinación, en Sánchez León, M. L. (ed.), Religions del Món Antic 6. L´endevinació al món classic, 2007, pp. 51-88.

Montero Herrero, S., “La interpretación romana de las prácticas hepatoscópicas extranjeras, en Gerión, Nº 13, 1995, pp. 155-168.

Montero Herrero, S., Política y adivinación en el Bajo Imperio Romano: emperadores y harúspices (193 d. C 408 d. C.), Bruselas, 1991.





[1] S. Montero, “La interpretación romana de las prácticas hepatoscópicas extranjeras”, Gerión, Nº 13, 1995, pp. 155-156.

[2] S. Montero, Política y adivinación en el Bajo Imperio Romano: emperadores y harúspices (193 d. C. – 408 d. C.), Bruselas, 1991, pp. 169-170.


[3] J. Martínez-Pinna, “Los etruscos y la adivinación”, M. L. Sánchez León (ed.), Religions del món antic 6. L´endivinació al món clàssic, 2007, p. 58.

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