jueves, 7 de abril de 2016

Los rituales mistéricos, según el poeta Ángelos Sikelianos (I): Eleusis.



Por: Pietro Viktor Carracedo Ahumada, doctorando por la Universidad Complutense de Madrid.


El descubrimiento de las religiones mistéricas supuso un antes y un después en la concepción de la religión griega antigua, anteriormente entendida como un bien establecido panteón y creencias y rituales acordes a este. Los misterios no solo cambiaron la perspectiva de los ritos particulares, sino que dieron un vuelco al estudio de la cultura antigua y permitieron descubrir, en testimonios clásicos, pervivencias de estos, influencias y manifestaciones malinterpretadas.

Se denomina “misterios” a los cultos religiosos de la antigüedad que de manera pseudosectaria guardaban unos conocimientos y ritos, generalmente relacionados con la creencia en una vida después de la muerte y en la salvación y protección del individuo en esta vida y en la siguiente. Queda además bien definido en la explicación que dan algunos autores sobre ellos:


En este mundo el alma no tiene conocimiento, salvo cuando llega al trance de la muerte. Entonces sufre una experiencia como la de los que participan en las grandes iniciaciones. Por eso se parecen tanto la palabra a la obra (teleutan “morir” y telesthai “iniciarse” como una acción a la otra.[1]


Entre estos muchos misterios había prácticas y creencias que no se aceptaban de común acuerdo entre las distintas sociedades griegas y cuya praxis causaba, en ocasiones, problemas que atañían a actos sociales y religiosos, en cuanto a la oficialidad y necesidad –do ut des- de la mentalidad antigua y el equilibrio entre el mundo divino y el humano.

Resumiendo mucho, los principales misterios bien conocidos en la Antigüedad griega se encierran en dos grandes grupos, de los cuales en esta primera parte solo veremos los rituales eleusinos y la interpretación que les dio Ángelos Sikelianós.


-Eleusis: son los misterios por excelencia, distribuidos por todo el Mediterráneo. Los testimonios van desde el Himno homérico a Deméter  ( 478 a.C.) a la prohibición del culto por Teodosio (en 394 d.C.) que nos cuenta Alarico. Las divinidades de este rito son Deméter y Perséfone, que no son más que una la renovación de la otra, en base al mito de las diosas[2], y los lugares en que estuvieron[3]. Eleusis es el lugar preferido por la diosa para la instauración de sus cultos. Los misterios tenían además otros numerosos personajes que completaban su simbología y mitos: Triptólemo, la diosa Atenea[4] o Eubuleo y Dionisos, divinidades que a veces se confunden. Del ritual de Eleusis se conocen algunos pasos, gracias a fuentes iconográficas y textuales, como la reunión de los iniciados y de los que quieren iniciarse, el sacrificio de un cerdito, ayunos, ingerir el ciceo[5]… Realizaban el camino-procesión de veinte kilómetros que lleva desde a Atenas a Eleusis, cruzando el puente Cefiso, donde recibiendo burlas superaban una prueba de humildad. Estos cultos mistéricos eleusinos procuraban efectos prácticos, materiales, (como la riqueza o milagros) y espirituales, al ofrecer la felicidad en este mundo y en el siguiente, habida cuenta de la salvación del alma mediante el rito.

Las enormes ampliaciones que tuvieron lugar en el templo, hasta poder abarcar la ingente cantidad de individuos que querían participar en los ritos, miles y miles, dejan clara constancia de la valoración e importancia de los mismos, y a un tiempo del capital que debían mover.

Todo esto lo sabemos, pese al silencio de muchos, por las insinuaciones de otros. Aunque guardasen los misterios y sus secretos con celo, en ocasiones muestran comparaciones o describen sin describir lo que en el santuario acontecía. Un ejemplo de esto pueden ser las constantes menciones a la “salvación” a través de la Diosa. Además, contamos con textos pseudoexplícitos como, por ejemplo, Dión Crisóstomo:


Si alguien llevara a un hombre, griego o bárbaro, a un lugar oculto místico, destacado por su belleza y amplitud, donde va a contemplar muchas visiones místicas y a oír muchos sonidos místicos, donde la oscuridad y la luz van a aparecer en cambios repentinos y van a ocurrir otros innumerables sucesos, donde incluso va a seguir la llamada ceremonia de entronización…[6]


El poeta y para muchos místico Ángelos Sikelianós nació en Léucade el 15 de marzo de 1884. Hacia 1900 acabó sus estudios. Fue el último hijo de Ioanis Sikelianós, lleva el nombre de un hermano suyo que murió. De padres muy cultos y preocupados por la enseñanza de su hijo, sin embargo, marchó a Atenas para estudiar Derecho, pero no finalizó la carrera. Recopiló poemas desde muy joven, participó en teatro, revistas, fascículos conmemorativos, en ocasiones con obras de creación propia.

Casó en 1908 con Eva Palmer, americana que había sido invitada en varias ocasiones a Grecia y París, donde se encontraba Sikelianós, por Raymond Duncan, marido de Penélope Sikelianós, hermana de Ángelos. Esta relación con Eva ayuda mucho a los proyectos de Sikelianós, tanto económica como publicitariamente por las numerosas conferencias por ella impartidas. Mantuvo constante relaciones con los intelectuales de la época, en especial, claro, con gente griega. Surgió, quizás a raíz de su amistad con el poeta Katzantzakis, la llamada Idea o Tentativa Délfica, la búsqueda del  renacer de la cultura helénica antigua en unión a la neohelénica. Una búsqueda de identidad y espiritualidad para el griego[7]. Se celebraban festivales, con juegos y concursos de poesía, teatro, música, conferencias y sencillas aunque multitudinarias reuniones para tratar de los asuntos que pudieran parecer más insignificantes hasta los más profundos y/o trascendentales. Acudían gentes de a pie y también grandes pensadores. Durante tres años se estuvieron celebrando estos encuentros, más por la situación política, que  por el coste. Debido a  la unión de múltiples factores de todo tipo, acabaron retrasándose y finalmente cancelándose. Cuando Eva marchó a América para hablar de la Idea Délfica, la vieron tan “afectada” que la impidieron regresar. Sikelianós, mucho tiempo después y con su permiso, casó con Ana, pero las relaciones entre las mujeres fueron increíblemente afectuosas.

Ángelos nunca dejó de visitar santuarios antiguos, paganos y cristianos. Se interesó especialmente por los misterios y por la dimensión personal de la religión y claramente lo plasmó tanto en sus poesías individuales como en su teatro. Aunque la Idea Délfica fracasara[8], la producción de Sikelianós continuó viva y conocida mediante otros muchos eventos y publicaciones. Pero, en una época de grandes cambios como esta, muchos de sus escritos son tergiversados e “inapropiados”, por lo que se censuraban en parte, e incluso el propio Sikelianós recibió amenazas de muerte. En 1950, un incidente cerebral lo mantendrá con toda su parte izquierda paralizada durante casi el resto de su vida. A pesar de las constantes visitas de sus amigos y compañeros, apenas sale y dicta sus escritos… finalmente, murió en Kifisiá a las 8 de la tarde el 19 de Junio de 1951, a la edad de 67 años. Fue uno de los más importantes poetas y dramaturgos griegos del S.XX.

El momento clave para el posterior desarrollo de su pensamiento sin duda fue su viaje y estancia en el monte Athos. Al descender ambos pasado el tiempo de retiro en el monte santo, del mismo modo que Nikos  Katzantzakis, guardaba una profunda visión nihilista, Ángelos creía haber encontrado la razón de ser del mundo, en un panteísmo universal en que la divinidad, la filosofía y la vida se unían. Grecia, antigua y moderna, seguía siendo Grecia, pero en una nueva percepción del tiempo, cíclica, renovadora, donde la cultura antigua pervivía bajo formas oscuras desconocidas, y en las que los elementos presentados como novedosos y modernos yacían ya aunque dormidos en los elementos de la Antigüedad Clásica. Se cuidó de presentar todo esto en sus obras, cargadas de un misticismo tan profundo que en algunas ocasiones es difícil saber exactamente cuál es la intención del autor con tal o cual situación u objeto, arcaico o moderno[9]. Además, en el propio lenguaje incluye étimos de la lengua griega antigua y juega con los significados arcaicos y actuales, las etimologías, la fonética, todo para demostrar que ha tenido lugar una “evolución” continua y perenne de la Verdad que se expresa, y a la que a menudo denominó Espíritu griego.

Quede claro a estas alturas que, en primer lugar, Ángelos conocía de los misterios relativamente poco, es decir, que guardaba interpretaciones confusas incluso fuera de su búsqueda de sincretismo. Vivía sin duda con las ideas generalmente superadas en la actualidad de que las iniciaciones y las religiones mistéricas ayudaron en gran parte a la expansión del cristianismo, por sus elementos en común en cuanto a individuos que morían y resucitaban, y que prometían resurrección o nueva vida  a los que creyeran en ellos. Si a esto añadimos su manera de interpretar el mundo, obtenemos una mezcla heterogénea: las religiones antiguas con el cristianismo, y no solo eso, sino ambientada en todo su universo literario en un misticismo de carácter bizantino, esto es, enmarcado aún en la Antigüedad, con el recuerdo fresco de los elementos paganos, al menos a sus ojos. No obstante, no sería el único defensor de la relación que él más claramente establece, entre Dionisos y Jesús Cristo, en especial cuando se ha creído que hubo algún tipo de secta gnóstica que unió en un solo personaje a Cristo y a Orfeo/Dionisos[10].

 Su producción literaria es extensa, pero aquí se señalarán sólo los títulos en que se pueden vislumbrar los misterios que Ángelos trataba de dar a conocer y fusionar con la religiosidad moderna.

Vía sacra: Comienza con la imagen de una nave a punto de naufragar[11] para definir el estado de su alma, en un mar de dudas. Con descaro señala el poeta el valor místico del camino que ha iniciado, el que va de Atenas a Eleusis, como en la antigua procesión, reconociendo que, para él, siempre ha sido un Camino del Alma. No solo es una asociación directa con el rito antiguo, también una mención a que sus propios estudios y reflexiones que sobre el tema le han conducido allí. Los carros que realizan el camino, con gente como sombras, son para él las sombras del pasado, los peregrinos que realizaban este ascenso conociendo su verdadero valor y significado, y que, como un recuerdo vano, realizan ahora los comerciantes y los viajeros sin terminar de apreciar su valor, desconociendo su sentido; sin embargo, parece designio de algo o alguien más grande el hecho de que este camino continúe haciéndose, aún inconscientemente… Se trata del “mismo camino de siglos” del que hace mención posteriormente, en una concepción de tiempo sagrado circular, si se me permite la expresión utilizada por Mircea Eliade.

No obstante, al hacer mención de la desaparición del hombre, se presentan dos posibles interpretaciones: la primera, la fuerza de la verdadera naturaleza, el mundo primero, lejos de la actividad humana, la Creación. Hablando de la diosa Deméter, a la que a menudo se refiere en toda su obra como Gran Madre o Madre Tierra, evidencia el poderío de esta. La segunda opción es que hable del hombre dentro de la naturaleza, sin distinción, entendiendo el individuo que forma parte del mundo, y no que el mundo es[12] para el hombre su entorno. Una vez ha mencionado a la diosa, ya no hay excusa para no hacer referencias, claras o no, a la misma y sus ritos. La primera de estas referencias es sentarse en la piedra del camino “reservada a mí por los siglos”. De nuevo tenemos dos posibles interpretaciones: la piedra donde, cuentan los mitos, se sentó Deméter a descansar tras la larga y poco fructífera búsqueda de Perséfone, y la piedra como asiento de los Iniciados, entre los que Sikelianós busca incluirse (y lugar donde, posteriormente, tendrá su revelación)

Acudimos ahora al suceso que él interpreta como revelación del valor sagrado del lugar: la contemplación de una danza llevaba a cabo por dos osos, madre e hijo, a los que conduce cautivos un gitano. La Osa cumple el papel principal. Pues en ella ve Sikelianós a la madre dolorida por el destino de su prole, al sacrificio al que se somete por el bien de su cría. Ve asimismo a la Madre Naturaleza, a la Gran Diosa ancestral, en su fuerza y protección. Establece un paralelo evidente entre Deméter, Alcmena y la Virgen, como prototipos religiosos de Madres. La danza que efectúa adquiere tintes de ritual, y el dolor de la madre es para él un reflejo del “dolor del mundo”, mundo como Tierra o como humanidad, según se prefiera mirar.  Entre tanto, esta danza parece conducirle a una especie de éxtasis, “fuera del tiempo”  donde lo importante no es lo que se está viendo, sino la interpretación, oculta, que se le está dando. Habla de su corazón inundado –de nuevo el paralelo con la nave que naufraga-, y del Tributo del Alma, el dolor como pago por la existencia. Su propia alma, tras comprender esto, la proclama iniciada, y aguarda el día en que las almas todas se solacen, es decir, que se igualen dentro del Mundo-Naturaleza.

Sybila: Solo tiene lugar una breve mención, sin embargo importante, ya que está referida a la superación del destino del hombre, es decir, la muerte y la adquisición de una nueva vida. Hablan de la superación de la naturaleza (mortal) común hacia lo superior que le ofrecen el Cielo y la Madre Tierra.[13]

El ditirambo de la Rosa: El ditirambo de la Rosa, aunque más relacionado con Orfeo, guarda también menciones y símbolos de los ritos eleusinos. Al inicio de la obra, establece una comparación entre sus seguidores y los huérfanos que se dedican con más ahínco a labrar la tierra, mejor dicho, el mundo, en una idea de que la labranza es una unión de los hombres civilizados y a un tiempo en busca de la unión entre todos ellos. Posteriormente, en una suerte de descripción del camino de la vida y la muerte, hace mención de la santa Deméter como el segundo peldaño en la escalada a la cima “santa”, es decir, a la superación de la vida y la muerte. Hace referencia del mismo modo a que, al igual que Hades iguala a todos los hombres en la muerte, la Espiga Mística Eleusina los iguala también, pero en la Vida. Pues a lo largo de la obra, la idea de pertenecer a la Tierra se funde con el objetivo de vivir eternamente.





[1] Plutarco, fragmento de 178Sandbach. Se sabe que Plutarco estaba iniciado en los misterios dionisíacos.

[2] Que se narra en el Himno homérico a Deméter: el rapto de Perséfone por el dios del Submundo, la búsqueda que inicia su madre, abandonando el cuidado de las cosechas, y la posterior devolución de la muchacha, que trae la primavera. Como para encontrarla recibió ayuda de los atenienses de Eleusis, a ellos les corresponde ocuparse de su culto.

[3] En Eleusis recibe la diosa ayuda, una roca en el camino en la cual se sienta la diosa, cansada de hacer camino, o un pozo, el lugar por donde la tierra se abrió y entró el carro de Hades…

[4] Al fin y al cabo, el culto se da en su ciudad.

[5] Bebida a base de agua, harina y poleo, que tomó la diosa tras su ayuno en la búsqueda de su hija.

[6] Dión Crisóstomo, Discursos 12.33

[7] Sikelianós unía en su poesía, producto de su pensamiento, el cristianismo bizantino y el pensamiento religiosos griego antiguo, en el que la religión era parte del individuo en cuanto a su pertenencia al pueblo.

[8] Hubo varios intentos, año tras año o en largos intervalos, de comenzar de nuevo con los festivales Délficos por decenas de puntos, pero ninguna de estas tentativas logró oponerse a la situación verdadera.

[9] Dentro del elemento moderno cabe destacar la religión cristiana, en la que Sikelianós ve continuación de las religiones místicas y mistéricas griegas, como se comprobará más adelante.

[10] Existe un sello-amuleto de hematita, del S.III. con la inscripción ORPHEOS BAKKIKOS y la figura de un crucificado. (Hoy conservado en Berlín)

[11] Es destacable que consciente o inconscientemente haga mención a esto, porque los misterios de Samotracia tienen mucho que ver con la protección marinera y los viajes por mar. Aunque menos conocidos, cabría la posibilidad de que los hubiera confundido, o extrapolado.

[12] Pertenece.


[13] Si es Démeter o no, es una cuestión que varios estudiosos han enfrentado, a favor y en contra.

La adivinación etrusca en la Antigua Roma II



Por: Antonio Justo Patallo, Licenciado en Historia, especializado en Historia Antigua y Máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: antoniojusto@hotmail.com

La figura de los arúspices


Los arúspices son los grandes especialistas en el arte de la adivinación, es decir, de la aruspicina. Como conocedores de la disciplina etrusca tenían acceso a los libros sagrados y aplicaban con precisión las técnicas de la adivinación. El aprendizaje de estas técnicas estaba reservado a los miembros de las familias nobles etruscas que eran quienes recibían esta formación. De esta forma la aruspicina estuvo vinculada desde el comienzo a la clase aristocrática, excluyéndose a las clases populares. Posteriormente surgieron charlatanes entre la plebe de Roma que afirmaban ser arúspices, llegando a afirmar Cicerón, poniendo en boca de Catón el Viejo, que dos arúspices de este tipo no podían mirarse sin reírse. Pero mientras se desprestigiaba a estos charlatanes, a los arúspices verdaderos de origen noble se les tenía un gran respeto y consideración tanto en la sociedad etrusca como en la romana.

Las profecías de los arúspices por lo general según se observa en los textos parecen ser influenciadas por el origen aristocrático de los propios arúspices. En los libros sagrados de Vegoia que Tarquitio Prisco tradujo al latín en tiempos de Cicerón se amenazaba con condenas de los dioses a quienes no respetasen las propiedades, probablemente haciendo alusión a las reformas agrarias que algunos tribunos de la plebe como los hermanos Tiberio y Cayo Sempronio Graco promovieron en Roma desde finales del siglo II a. C. Esta ideología se asocia inevitablemente con la clase aristocrática a la que pertenecían los arúspices, enfrentada a las clases populares.

Como se puede observar en las fuentes también era frecuente que numerosos fenómenos fueran interpretados por los arúspices como señales del peligro de un poder personal sobre Roma, que haciendo una clara alusión a la monarquía de un rey sería una grave amenaza para la clase aristocrática a la que pertenecían los arúspices. Estas advertencias eran muy frecuentes sobre todo en la crisis final de la República, como se observa en la Farsalia del poeta Lucano cuando el arúspice Nigidio Fígulo partidario de Pompeyo anuncia la pérdida de libertad de Roma cuando acabe la guerra civil, dando a entender que se refiere a la llegada de un poder monárquico o individual en la persona de Julio César.

Los arúspices también sirvieron a figuras carismáticas que aspiraban a ejercer un poder personal al margen del senado, como fue el caso sobre todo de los generales romanos. En este sentido el arúspice quizás más famoso fue Spurinna, adivino personal de César que le advirtió de los peligros que le acechaban durante las idus de marzo. Otros generales romanos contaron también con arúspices, como fue el caso del dictador Sila, cuyo adivino personal Postumio le anunció una victoria sobre los samnitas. Ya en la época imperial los propios emperadores también contaron con sus arúspices personales hasta casi el final del Imperio, como se observa en la consulta a los arúspices durante la amenaza de los godos en el año 408.

Por lo general como se ha observado la figura de los arúspices parece condicionada por su condición aristocrática, que se remonta desde los tiempos más antiguos de las ciudades etruscas independientes. Su pertenencia a esta clase influenció en muchas de sus observaciones e interpretaciones de hígados, rayos o truenos. La función de los arúspices era de control social y político al servicio de los aristócratas, ya fueran reyes y nobles etruscos o bien generales y emperadores romanos. El saber de la disciplina etrusca se transmitió de padres a hijos a través de generaciones desde los tiempos de las ciudades etruscas hasta la época imperial romana.


La asimilación de la adivinación etrusca en la religión romana


Ya desde los tiempos de la República la adivinación etrusca tuvo una gran influencia en la religión romana. La disciplina etrusca suscitó desconfianza en un primer momento sobre todo por su origen extranjero y se asociaba con la superstición, pero con la integración de Etruria en el mundo romano esta visión cambiaría progresivamente. Desde el siglo IV a. C. las ciudades etruscas independientes habían dado los primeros pasos para sistematizar la doctrina de la adivinación contenida en los libros sagrados. En el siglo III a. C, tras la incorporación de Etruria a Roma comenzó la actividad de los arúspices etruscos en la vida pública romana, pero sería sobre todo a partir del siglo II a.C. cuando la aruspicina sería aceptada plenamente en Roma.

La influencia de la adivinación etrusca destacó entre los augures romanos. Las prácticas de interpretación del vuelo de las aves tienen su origen en la adivinación etrusca y los libros sibilinos es probable que también sean de procedencia etrusca[1]. Mientras que entre pueblos como los griegos y los judíos se practicaba una adivinación natural, inspirada o directa en la que el sacerdote o profeta recibía la inspiración divina, en otros pueblos como los babilonios y los etruscos tuvo una mayor aceptación una adivinación indirecta o inductiva basada en la interpretación de señales[2]. A través de los etruscos, los romanos adoptaron este tipo de adivinación y rechazaron la adivinación natural que se practicaba en Grecia por medio de los oráculos, siendo una excepción los libros sibilinos que fueron considerados por los romanos de origen extranjero al ser proporcionados por los oráculos de la sibila de Cumas, ciudad de la Magna Grecia del sur de Italia donde las sibilas eran profetisas griegas. Según la tradición estos libros serían entregados por la sibila al rey etrusco de Roma Tarquinio el Soberbio.

Durante la crisis final de la República, Cicerón en su tratado sobre la adivinación hace una crítica sobre esta que se asocia a la superstición frente a la adivinación de la religión. Esta distinción de superstición frente a religión que establece Cicerón se debe a las nuevas corrientes filosóficas y cultos orientales que empezaban a llegar a Roma como consecuencia de la crisis de la religión tradicional romana. En este contexto la adivinación etrusca fue objeto de críticas por parte de Cicerón pero solo cuando se entendía como una superstición que amenazaba la estabilidad de la religión romana y las creencias tradicionales. Por ello Cicerón prefiere la adivinación indirecta heredada de los etruscos a la adivinación natural de los griegos (Div. 2.72).

Cicerón también informa de que hacia el año 154 a. C. el senado romano tomó medidas para recopilar todo el saber de la disciplina etrusca y para que un número de jóvenes etruscos de familias nobles se formaran en la disciplina para preservar estas prácticas (Div. 1.92). Desde entonces la relación del senado romano con los arúspices fue de colaboración, sobre todo en el periodo de la crisis final de la República. Como miembros de la clase aristocrática, los arúspices colaboraron con el senado romano y favorecieron a la facción de los optimates frente a la de los populares. La disciplina etrusca fue tan respetada en Roma que se aceptó a los arúspices dentro de la élite sacerdotal romana. En el siglo I a. C. se difundió más la disciplina etrusca en la sociedad romana a partir de la traducción de sus libros sagrados al latín en diversas obras.

Durante todo el Imperio la adivinación etrusca alcanzó un gran desarrollo. Augusto ordenó guardar los libros de Vegoia en el templo de Apolo del Palatino, seguramente influenciado por los nuevos cultos que llegaban a Roma, y creó un colegio de arúspices que sería impulsado sobre todo por Claudio. Este emperador fue un eminente etruscólogo que destacó por su gran conocimiento de la religión etrusca y según Tácito en un discurso reivindicó que la disciplina etrusca de la adivinación se conservara por considerarla como algo propio de Italia, para hacer frente a lo que veía como supersticiones extranjeras que empezaban a llegar a Roma (Anales, 11.15). Por otro lado, en las colonias y municipios los arúspices se integraron en las estructuras funcionariales romanas

Durante el siglo II la aruspicina experimentó cierto declive pero los emperadores y el senado romano siguieron recurriendo a los servicios de los arúspices. En el siglo III se intentó darle un nuevo impulso a la disciplina etrusca e incluso se dice que Diocleciano quizás desencadenó su persecución contra los cristianos debido a la influencia de sus arúspices[3]. En el siglo IV el emperador Constantino, a pesar de poner fin a las persecuciones y favorecer el cristianismo, no dudó en recurrir también a los servicios de los arúspices y reguló sus actividades. Los sucesores de Constantino tomaron medidas en contra de la aruspicina pero el emperador Juliano volvería a autorizar la consulta a los arúspices. Finalmente con Teodosio y sus sucesores se puso fin a las prácticas de los arúspices y se ordenó quemar sus libros sagrados, pero la fama de la adivinación etrusca no desaparecería y llegaría hasta autores bizantinos posteriores.


Conclusiones


En este trabajo se ha pretendido ofrecer una visión de conjunto sobre la influencia de la adivinación etrusca en la antigua Roma, partiendo de la visión que tenían sobre la misma los autores romanos y cristianos, una visión que era de respeto por un lado pero que también podía ser de burla. El respeto procedía del prestigio de la disciplina etrusca durante la Antigüedad por la fama de sus libros sagrados y sus ritos de adivinación, mientras que la burla se debía a los falsos adivinos que eran considerados charlatanes que desprestigiaban la disciplina y contribuían a asociar estas prácticas a las falsas supersticiones, pero en el caso de los autores cristianos se buscaba atacar la disciplina por considerarla como un representante de la magia y del paganismo romano.

Las fuentes que tratan sobre la disciplina etrusca ofrecen detallada información sobre los rituales, los pasos que seguían los arúspices, los principales libros sagrados y los mitos. Todos estos elementos de la disciplina etrusca contribuyeron a darle ese prestigio del que gozó durante la Antigüedad en el mundo romano. La figura de los arúspices fue destacada y siempre colaboraron con el senado romano defendiendo los intereses de la aristocracia. Así, la disciplina etrusca en este sentido estuvo muy ideologizada por la política. Los arúspices ofrecerían también sus servicios tanto a los generales romanos durante la República como a los emperadores en el Imperio.

Al final la adivinación etrusca acabó siendo plenamente aceptada en el mundo romano y su fama fue tan grande que contribuyó enormemente a generar esa imagen de los etruscos como un pueblo de una gran religiosidad. Esta imagen se debe sobre todo a sus técnicas adivinatorias y a la fama que tuvieron en el mundo antiguo hasta el triunfo del cristianismo. También esa imagen de los etruscos como un pueblo enigmático, del que todavía a día de hoy se desconocen muchos aspectos como es el caso de su lengua que no está traducida, se debe en buena medida por su adivinación y los secretos que escondía y que sólo poseían los verdaderos arúspices, conocedores de las técnicas de una disciplina que era considerada entonces como una ciencia religiosa al alcance de unos pocos.


Bibliografía


Blázquez Martínez, J. M., “La religión etrusca”, en Historia de las religiones de la Europa antigua, Cátedra, 1994, pp. 19-102.

Espinosa Espinosa, D., “La adivinación en Roma: orígenes, fundamentación y crítica especulativa de su práctica”, en Polis: revista de formas e ideas políticas de la Antigüedad clásica, Nº 20, 2008, pp. 43-72.

Lara Peinado, F., Los etruscos. Pórtico de la historia de Roma, Cátedra, 2007.

Martínez-Pinna Nieto, J., “Los etruscos y la adivinación”, en Sánchez León, M. L. (ed.), Religions del Món Antic 6. L´endevinació al món classic, 2007, pp. 51-88.

Montero Herrero, S., “La interpretación romana de las prácticas hepatoscópicas extranjeras”, en Gerión, Nº 13, 1995, pp. 155-168.

Montero Herrero, S., Política y adivinación en el Bajo Imperio Romano: emperadores y harúspices (193 d. C – 408 d. C.), Bruselas, 1991.





[1] J. Martínez-Pinna, op. cit., p. 53

[2] D. Espinosa, “La adivinación en Roma: orígenes, fundamentación y crítica especulativa de su práctica”, Polis: revista de formas e ideas políticas de la Antigüedad clásica, Nº 20, 2008, pp. 44-45.


[3] F. Lara Peinado, Los etruscos. Pórtico de la historia de Roma, Ediciones Cátedra, 2007, p. 435.

lunes, 14 de marzo de 2016

Editorial Marzo 2016



De dioses y hombres es un blog de investigación dedicado al estudio de las Ciencias de las Religiones y la mitología, coordinado y dirigido por el Máster en Literatura Clásica José Marco Segura Jaubert y el Doctorando de la Universidad Complutense de Madrid Carmelo Morales Marcos.

El profesor Antonio Justo Patallo, especialista en Historia Antigua y Máster en Ciencias de las Religiones en la Universidad Complutense nos habla de La adivinación etrusca en la antigua Roma. El artículo trata sobre la influencia de la adivinación etrusca en la antigua Roma. Las prácticas adivinatorias etruscas tenían un gran prestigio y una gran fama en el Imperio Romano, ejerciendo una gran influencia en la propia religión romana. El máster en Ciencias de las Religiones Iván Ruiz-Larrea en esta segunda parte de su artículo, nos presenta los cuadros mágicos en el Islam y nos enseña cómo la magia en el Islam goza de cierto reconocimiento que hace que sea visto como una práctica  de normal funcionamiento doctrinal y práctico.  El doctorando por la Universidad Complutense Manuel Porra Brotons Nos habla en este artículo de la expansión del Islam y para ello nos introduce en la Arabia antes del Islam, tierra de traficantes y mercaderes.

Qué lo disfruten.