lunes, 14 de marzo de 2016

El surgimiento del Islam

Por: Manuel Porra Brotons, doctorando en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: porrabrotons@esmas.com



1. Arabia preislámica




Arabia antes del Islam era una tierra de traficantes y mercaderes; el comercio lo realizaban con caravanas que iban por el golfo Pérsico utilizando las vías fluviales de Mesopotamia, hasta llegar a Tadmor y Palmira, que eran grandes centros comerciales y desde allí a Damasco y Occidente. Había continuas guerras entre las diversas tribus y eran frecuentes los ataques a las caravanas de mercaderes.

La prosperidad de esta tierra dependía de que por sus ciudades pasasen las caravanas con el comercio que estas traían. En el centro de la península Arábiga hay desiertos y estepas.

Hay muchas cosas que se desconocen sobre la historia de la Arabia pre-islámica. En el sur de Arabia, en las tierras del Yemen, existía una importante civilización, esto se sabe por inscripciones y ruinas encontradas en esta zona. Para situar esta civilización habría que remontarse a dos o tres mil años antes de la era cristiana, al reino de Saba.

Las primeras dinastías corresponden a los Mineos y Sabeos, a estos les sucede el reino de los Himyaríes, unos siglos antes de Jesucristo. Durante el reinado de los Himyaríes van entrando en Arabia grupos de judíos y cristianos de gran importancia cualitativa porque Mahoma está en contacto con ellos y conoce sus doctrinas. En el Corán se cita muchos pasajes de las Escrituras de judíos y cristianos. Es interesante conocer estas Escrituras para comprender el contexto donde surge el Islam.

Du Nuwas es el último rey Himyarí que se había convertido al judaísmo, persiguió de forma violenta a los cristianos de Nagrán en el año 523 después de Jesucristo. Esto provocó la invasión de los abisinios de Aksum que eran cristianos y acabaron con la dinastía Himyarí. Se cree que el jefe abisinio Abraha intentó una expedición contra La Meca.

Los persas expulsan a los abisinios a finales del siglo VII, manteniéndose el gobierno persa hasta los primeros días del Islam.

El comercio había dado mucha prosperidad a las ciudades de Petra y Palmyra, situadas en regiones del norte de Arabia. El emperador Trajano, en el año 106, se apoderó de Petra y formó la provincia de Arabia con los territorios conquistados.

Los romanos y los persas para defender el “limes” árabe contra las tribus beduinas, hicieron pactos con otras poderosas tribus en las que influyeron para que se interesaran en defender las fronteras y les dieron privilegios en forma de reinos más o menos independientes.

Se estabiliza en el “limes” romano la dinastía de los Gassaníes, tribu árabe que residía en la Arabia pre-islámica. Los Gassaníes eran nómadas, en ellos fue arraigando el cristianismo monofisita.

Los árabes sedentarios de la tribu de los Lahmíes establecieron su capital en Hira. Muchos de los Lahmíes abrazaron el nestorianismo, otra de las herejías del cristianismo junto con la monofisita. Sus monarcas cortaban el paso de los beduinos a las tierras del Eufrates.

En el centro de Arabia se encontraba el reino de Kinda, fundado hacia el año 480 después de Jesucristo. La existencia de este reino no fue muy estable.

El Dahr o tiempo respecto a las creencias y ritos religiosos de los habitantes de la Arabia pre-islámica, era un término con el que los poetas pre-islámicos se referían a un destino preordenado, hado o muerte, contra el que no había defensa o posibilidad de llegar a un acuerdo. Podían constatar que la vida humana y las cosas se destruían pero algunos fenómenos naturales resistían a esa fuerza destructiva. Al contemplar este contraste podían llegar a la noción abstracta de eternidad.

Veneraban los astros, profesaban el culto a los ídolos y tenían una mínima idea de la supervivencia del alma, que identificaban con el aliento vital. Daban culto a unas piedras en las que se suponía habitaba la divinidad. Se creía que los árboles, las piedras, las fuentes y otros objetos naturales eran lugares donde residían dioses menores. Se veneraba a los antepasados hasta tal punto que se veían como deidades.

Acudían a lugares de culto en ciertos meses del año, donde se celebraban fiestas y ferias. Tenían también santuarios y templos en muchos lugares, el más famoso de los cuales era el de La Meca. Allí se daba culto a varias divinidades y se veneraba la llamada Piedra Negra ó Ka`ba. Cuenta la tradición que el lugar de la Ka`ba fue creado antes que el resto del mundo. Los nómadas en sus migraciones llevaban dioses portátiles.

La ciudad de La Meca, era un importante centro de cultos paganos. Los ofrecimientos a los dioses y las festividades que les acompañaban eran un buen negocio para los encargados del mantenimiento del templo y de las necesidades de los visitantes.

Los guardianes del templo se elegían entre los miembros de los Quraish que era la tribu a la que perteneció Mahoma.

Algunos árabes profesaban el monoteísmo, sin ser cristianos o judíos; tenían prácticas ascéticas y se les llamaba Hanif. También existían grupos de judíos y cristianos.

Para los paganos Alá era el Alto Dios. No era el único objeto de adoración ni tampoco el único dios existente. Veían a Alá como el creador de los cielos y de la tierra pero no se había sacado de esto ninguna conclusión moral que afectase al comportamiento individual.

Para los paganos Alá era el dios al que se acudía en tiempo de peligro inminente, por ejemplo, una tormenta en el mar. Una vez alejado el peligro, los paganos no consideraban que fuera necesario responder con gratitud a Alá, sino que seguían adorando a los ídolos de la tribu que para ellos eran mucho más cercanos.

Se consultaba a los dioses sobre temas domésticos y otras preocupaciones; se solicitaba su ayuda para pedir la lluvia y ayuda en el combate contra una tribu rival. Aunque se pidiese consejo, este no siempre se aceptaba con gratitud pues la relación del hombre con sus dioses no era de temor piadoso y respeto. También se consultaba a adivinos.

La vida después de esta vida no suponía ni un temor especial ni una preocupación para los árabes. La eternidad (Julud) era como el espacio entre el nacimiento y la muerte.

Los árabes paganos se sometían antes a la tradición oral tribal Sunna que al poder de los dioses. La moral de la Sunna se centraba en la noción de Muruwwa, que se puede definir como “virtud” o como “hombría”, cuyas expresiones se materializaban en actos de coraje, generosidad, lealtad, venganza y demás.

La conducta correcta se medía de acuerdo al grado de conformidad con las costumbres ancestrales y la defensa del honor tribal. Desviarse del código se castigaba apartando de la tribu a esa persona, que sin tribu, no tenía nombre y era como si no existiese.

La justicia no estaba ni garantizada ni administrada por Dios o los dioses, sino por el jefe de la tribu, los ancianos y por las amenazas de represalia.



2. El surgimiento del Islam




Según la creencia islámica, la doctrina islámica fue revelada en el siglo VII, años 610 al 632 de la era cristiana, a Mahoma para que éste la predicara a la humanidad. Muhammad, en árabe, significa “lleno de alabanzas”. Al pronunciar este nombre los que no hablan árabe fue deformándose en Mahoma y otras variantes en diversas lenguas.

La Revelación del Islam y su predicación tuvieron lugar en la península Arábiga, en la región llamada Hiyaz que es una barrera de montes situada entre el mar Rojo y la meseta del Nagd. Los principales centros habitados eran La Meca, Taif y Yatrib.

En algunos puntos de la costa y en los oasis al norte de Yatrib había núcleos de población. Como ya se ha dicho al principio, en el desierto vivían los beduinos, trasladándose por las áridas estepas y arenales en busca del sustento. Estaban en continuas guerras contra los que no pertenecían a su tribu, vivían del pastoreo, la caza y los asaltos a las caravanas. La vida social del beduino se reducía a su familia y a su tribu.

Sus valores eran la hospitalidad, la inviolabilidad del huésped, la fidelidad a lo prometido y la venganza por la sangre derramada.

En estas circunstancias surge el Islam, que es una religión que cree en un Ser Supremo y cuyo monoteísmo es muy estricto. Al-lah es el nombre de Dios en árabe.



El Islam es una religión que se declara de un monoteísmo estricto, como se expresa, por ejemplo, en la siguiente frase: “Dios no ha adoptado ningún hijo ni junto a Él hay dios alguno. Si así fuera, cada dios se habría atribuido lo que hubiera creado y unos habrían sido superiores a otros. ¡Gloria a Dios, que está por encima de lo que explican! (Corán, 23, 93/91).

Los fieles del Islam creen, pues, en la existencia de un solo Dios, que es Eterno, Omnipotente, Creador, Omnipresente, Omnisciente, etc. Con estos epítetos nos estamos refiriendo al mismo concepto de Dios, Ser Supremo, del judaísmo y del cristianismo. Los cristianos y judíos de lengua árabe también se dirigen a Dios bajo la denominación de Al-lah.

El término musulmán viene del árabe Muslim (plural Muslimun) participio activo del verbo Aslama que significa “entregarse a Dios”, “los que están en el camino de la salvación”. El Islam es la comunidad universal de los musulmanes.

Musulmán se aplica a las personas, islámico se refiere a las distintas expresiones culturales que los fieles del Islam producen como tales, por ejemplo, la teología, la jurisprudencia, el arte, la música, la literatura, la historia, etc.

Neomusulman es una persona convertida al Islam que no era musulmán de nacimiento.

Los fieles del Islam son llamados erróneamente Mahometanos. El uso de este término es erróneo porque implica suponer que los musulmanes creen en Mahoma, lo cual, según la teología islámica, no es correcto, pues en quien creen es en Allah.

Igualmente, hablar de secta mahomética aplicada al Islam es un gran error porque no es una secta sino una de las tres religiones, continuadora del monoteísmo de Abraham.

Los musulmanes dicen que la misión profética de Mahoma no es solo la continuación de la tradición religiosa judía y cristiana, el Islam es la culminación de la Revelación divina y que los judíos y cristianos solo recibieron una parte de esa Revelación. El Islam cree que después de Mahoma ya no habrá ningún otro profeta. En el Corán, Mahoma es el Sello de los profetas, el último de los enviados.

La mayoría de los musulmanes dicen que el Corán es increado, como lo es Dios, que contiene la expresión perfecta del monoteísmo.

Dicen los musulmanes que el Corán no se puede traducir, sino que sólo se traducen sus ideas para los que no hablan el árabe. El árabe es la lengua de culto de los musulmanes porque es en esta lengua en la que Dios dictó su mensaje a Mahoma.

Muchas veces se confunde el ser árabe con ser musulmán, sin embargo, está claro que hay personas que hablan el árabe y no son musulmanes y personas que no hablan el árabe y son musulmanes.

Otro nombre erróneo para referirse a los musulmanes es el de “moro”. Este nombre se toma de los habitantes indígenas de la Mauritania romana, territorio que no tiene nada que ver con la actual Mauritania.

Bereber se utilizaba a veces como sinónimo de moro y también alude a los habitantes del norte de África. Es erróneo confundir musulmán con moro o bereber.

Hay musulmanes de otros orígenes étnicos y geográficos, por ejemplo, iraníes, malayos, eslavos o americanos, entre otros muchos ejemplos. También hay moros y bereberes que son judíos o cristianos.



Bibliografía



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Pareja Félix María, Islamología; en colaboración con Alessandro Bausani, Ludwig von Herting, con un apéndice sobre la literatura arábigo española por Elías Terés Sadaba, Madrid: Razón y Fe, 1952-1954, 2 volumenes.



Waines David, El Islam, revisión de la traducción y edición española a cargo de Maribel Fierro; traducción de Consuelo Pérez-Benítez, Cambridge: Cambridge University Press, 2002.

lunes, 8 de febrero de 2016

Editorial: Febrero 2016


De dioses y hombres es un blog de investigación dedicado al estudio de las ciencias de las religiones y la mitología, coordinada y dirigida por el profesor y Máster en Literatura Clásica de la Universidad de Costa Rica José Marco Segura Jaubert y por el profesor y doctorando de la Universidad Complutense de Madrid Carmelo Morales Marcos.
Este mes os traemos tres nuevos e interesantes artículos: el Doctor por la U.P.M Jorge Mateos Enrich en el presente artículo nos resalta el papel de la mujer en el Islám primitivo y para ello recorre un camino inverso, desde el presente hasta el pasado. Esto va a ayudar a comprender una serie de hechos, circunstancias, situaciones y aspectos que hoy, en los albores del siglo XXI, se dan por supuestos sin contrastarlos de forma precisa. La máster en Ciencias de las Religiones por la U.C.M  Jenifer Montiel nos presenta en su artículo una nueva institución que estaba relacionada con la existencia de mujeres dedicadas al cuidado del templo y de la deidad que en él se veneraba, llegando a formar incluso una casta propia. Esta institución son las Devadās, mujeres que viven en el templo o en sus alrededores y cuyas funciones residen en cuidar de él, del sacerdote y, por supuesto, de la deidad, simbolizada por un ídolo. Por último el Doctorando en Ciencias de las Religiones por la UCM Pietro Víktor Carracedo Ahumada nos habla en su artículo sobre la Simbología y estética de la figura alada. Las alas son uno de los símbolos más extendidos en la iconografía religiosa, debido en gran parte a todos los símbolos y connotaciones que puede ofrecer, más que a su pura estética o relación física con el sujeto.

El papel activo y los derechos de la mujer en el Islam primitivo



Por: Jorge Mateos Enrich, Doctor de la Universidad Politécnica de Madrid.

Aunque el presente artículo tiene como objeto resaltar el papel de la mujer en el Islam primitivo, es necesario recorrer un camino inverso para situar la cuestión, desde el presente hasta el pasado. Esto va a ayudar a comprender una serie de hechos, circunstancias, situaciones y aspectos que hoy, en los albores del siglo XXI, se dan por supuestos sin contrastarlos de forma precisa.

Actualmente se tiene, al menos en la Cultura Occidental, un concepto habitualmente erróneo del Islam, cuando no una postura crítica o de rechazo. Aspectos y tópicos que, sin más, se admiten y de los que raramente se duda y mucho menos se cuestionan. Uno de ellos es el papel que representa la mujer en la sociedad musulmana.

Es evidente que desde el nacimiento y posterior expansión del Islam el rol de la mujer ha ido cambiando, mutando, adaptándose. Obviamente este es un aspecto similar al que se ha producido en otros ámbitos culturales de referencia como podrían ser los ámbitos de las otras dos grandes religiones monoteístas: el Judaísmo y el Cristianismo.

Entre las tres religiones podemos encontrar nexos, más o menos plausibles, pero nexos a fin de cuentas. Cronológicamente, el Islam heredó algo de las anteriores, así como el Cristianismo lo hizo del Judaísmo. Las referencias sobre la mujer en las sociedades primigenias de estas tres culturas se harán necesarias.

En todo tiempo y en todo ámbito social y cultural, el papel de la mujer ha sido más o menos relevante, pero siempre ha tenido lugar, La cuestión mujer-Islam o, dicho de otra manera: el debate en torno a los derechos de la mujer y las barreras para la igualdad efectiva de sexos que representan las sociedades patriarcales actuales, los textos sagrados y las tradiciones se ha mantenido por generaciones. Debates del mismo orden se han mantenido en el ámbito de Judaísmo y del Cristianismo. Por lo que se refiere al mundo musulmán, es innegable que el papel actual de la mujer no siempre fue el que es ahora. La situación se torna a la inversa que en el ámbito de otras religiones o sociedades y la figura, activa, de la mujer en el Islam ha ido perdiendo relevancia con el tiempo. Se puede situar en torno al año 1000 de nuestra era el declive del papel político y social de las mujeres islámicas, coincidiendo con la agonía del  Imperio de la dinastía Abasida.

En el maremágnum de términos sobre el Islam que se vienen escuchando desde los años 80 y 90 del siglo pasado y la primera década del presente (cuando Occidente sacudió definitivamente el “avispero de Oriente Medio”) y, aún actualmente, surge la confusión y, paradójicamente, el interés por lo musulmán. Términos como “muyahidín”, “islamismo”, “salafismo”, “yihad”, “burka”, “hiyab”, “niqab”, “ablación”, etc. son mal interpretados, cuando no asimilados sin explicación, por la cultura occidental.

Todo esto tiene que ser analizado, reflexionado y contextualizado. En el caso que ocupa, se tiene el concepto de una mujer islámica representando un papel secundario, cuando no relegado, en el ámbito religioso, político y social. Importante y fundamental en el contexto de la familia pero irrelevante y sumiso en los demás.

Este artículo pretende aportar luz sobre esta cuestión y apuntar que esto no siempre fue así, ni mucho menos. Se ha de hacer, pues, un recorrido por el Islam, desde sus comienzos y sus primeros pasos hasta su afianzamiento, para refutar la idea actual de una mujer relegada. Se van a aportar aspectos sobre la importante labor que tuvieron las mujeres en los albores de esa nueva cultura; la cultura musulmana.

Llegados a este punto hay que aclarar un concepto primordial. El Islam no es una religión en sí misma (carece de dogmas y de una estructura jerárquica), es un modo de vida. Parece que siempre se quiere buscar, y más actualmente, un antagonismo entre Islam y modernidad. Esta es una discusión fútil. Desde sus comienzos, el Islam ha ido sufriendo un continuo estado de revisión, cuando no de refundación. No se trata de conjugar una religión con un modo de vida, sino de adaptar ese modo de vida a los tiempos cambiantes.

Se puede afirmar que la ley que rige a la sociedad musulmana es la Sharia. Sharia significa literalmente “sendero” o “camino”. Esta es, a su vez, un compendio de cinco elementos. El Corán, libro sagrado o de las revelaciones. Los Hadizes, dichos del Profeta y actitudes de su vida cotidiana. La Qiya, el razonamiento analógico. La Ijma, el consenso de la comunidad. La Ijtihad, el pensamiento libre e independiente basado en la razón. Este último es uno de los aspectos más discutidos, controvertidos y polémicos en las distintas escuelas del Islam. Es obligado hacer referencia a estos elementos para evaluar el papel de la mujer islámica en sus orígenes.

Las citas del Corán y la actitud de los primeros musulmanes son testigos del hecho de que la mujer era tan esencial para la vida cotidiana como lo era el hombre y de que ella no era inferior a él. El  estatus de la mujer fue establecido para garantizar ser igual al hombre. Este fue establecido como una norma y un hecho, por lo que nunca se consideró un problema.

El Islam otorgó a la mujer derechos y privilegios que ella nunca había tenido en otras religiones o sistemas sociales. Los derechos y responsabilidades de una mujer eran iguales a los de un hombre. Ella es igual que el hombre en la búsqueda del conocimiento y la sabiduría. Como el Islam exige a los musulmanes la búsqueda del conocimiento, no hace distinción entre hombre y mujer. En el principio del Islam, el Profeta declaró que la adquisición del conocimiento le incumbe a cada musulmán. Esta declaración fue muy clara y ha sido realizada por los musulmanes a lo largo de la historia. Ella tenía derecho a la libertad de expresión tanto como el hombre. Sus opiniones eran tomadas en consideración y no podían ser rechazadas porque ella perteneciera a este género. Ambos, el Corán y la historia, registran que las mujeres no solo expresaron libremente sus opiniones sino que también discutieron y participaron en discusiones muy serias con el Profeta y otros líderes musulmanes. Además de esto, hubo ocasiones en que las mujeres musulmanas expresaron sus opiniones en asuntos legislativos de interés público e incluso se opusieron a los califas, que aceptaron sus válidos argumentos. Un ejemplo específico de esto tuvo lugar durante el califato de Omar (segundo califa “Rectamente Guiado”, año 625-646 de nuestra era, EC, año 13-24 después de la Hégira DH).

Los registros históricos demuestran que las mujeres participaron en la vida pública de la primera comunidad musulmana, especialmente durante los tiempos más difíciles. Las mujeres musulmanas acompañaron a los ejércitos musulmanes para curar a  los heridos, preparar las provisiones y servir a los guerreros. Pero no solo esto, como se verá más adelante algunas tomaron parte activa en la batalla en condición de jefes como en el caso de la “Batalla del Camello”. Esta batalla enfrentó a Aisha (viuda del Profeta) con Alí (cuarto califa “Rectamente Guiado”, año 656-661 EC, año 36-40 DH). Ellas nunca fueron encerradas detrás de unos barrotes de acero, consideradas indignas o privadas de almas.

En tiempos de Omar la educación era obligatoria tanto para los niños como para las niñas de la comunidad. Las mujeres trabajaban junto a los hombres, tomaban parte en la vida pública, asistían a las disertaciones, hacían sermones y componían poemas para las oraciones públicas. De hecho Omar nombró a una mujer máxima autoridad del mercado de Medina. Este era un puesto de gran responsabilidad civil, pues entre sus obligaciones estaba la de regular la construcción, la concesión de autorizaciones comerciales y la inspección de pesos y medidas.

En los párrafos precedentes se vislumbra la dirección que conformaba el estatus de la mujer en esa  sociedad incipiente. Se va, a partir de aquí, a reflexionar sobre aspectos cuya interpretación actual no era válida antaño. Son conceptos esenciales en las sociedades contemporáneas. Pero retrotrayéndose al pasado van a ser contextualizados adecuadamente.

En la sociedad  musulmana el matrimonio era y es un contrato civil. Es un contrato concluido, mediante una propuesta y una aceptación, entre dos partes capacitadas para ello ante dos testigos. El matrimonio decidido por las familias o tutores es el tradicional. También se acepta que a una mujer adulta no se le puede forzar a una unión en contra de sus deseos. Por otra parte, la novia recibe una dote, según lo estipulado en el contrato, pagada directamente por el marido y la cantidad acordada forma parte de su fortuna personal, sobre la cual el marido no tiene ningún derecho legal. En el contrato de matrimonio la mujer podía estipular que su marido no tomaría otra mujer por esposa o podía asegurarse una autorización previa para divorciarse si ella así lo decidiese. Se ve que  los aspectos concernientes al matrimonio distan mucho de la concepción actual que se tiene sobre el tema.

Otro asunto es el de contracepción o el aborto. En pleno siglo XXI, estos son temas sumamente delicados en las sociedades occidentales, sobre todo las marcadamente influenciadas por el catolicismo. De hecho los jerarcas y miembros de la Iglesia prohíben la contracepción y sancionan el aborto como crimen.

No obstante, mientras el Islam permite la contracepción, no permite terminar con el embarazo una vez que acontezca. Se va a matizar esta aseveración. Los juristas musulmanes estaban de acuerdo en que el aborto está prohibido después de que el feto se haya formado completamente y se haya dotado de alma. Esto acontece, de acuerdo con los Hadizes, alrededor de las seis semanas después de haber comenzado el embarazo. Esto sería equiparable en la actualidad a una especie de “Ley de Plazos”. Existía y existe una excepción a este plazo: si, después de que el bebé haya sido completamente formado, se llega al dictamen médico de que continuar el embarazo ocasionará la muerte de la madre. En este caso, la pareja tiene que recurrir al principio general islámico: el de elegir el menor de los males. En tal caso el feto debe ser abortado.

Se va viendo que conceptos o tópicos actuales son desmontables acudiendo a la historia.

El derecho a testificar por parte de la mujer  musulmana fue algo reconocido. Para otorgarle a la mujer el derecho a testificar, el Corán llevó a cabo una gran revolución. No obstante, es importante decir que es preciso el testimonio de dos mujeres por el de  un hombre en según qué temas.

Por otra parte hay que referir que a las mujeres no les estaba permitido declararse como testigos en los principios de la sociedad judía. Los rabinos catalogaban a una mujer de no tener permitido ser testigo. En Israel, hoy en día las mujeres judías no tienen permitido atestiguar en las cortes rabínicas. En el occidente cristiano tanto las leyes eclesiásticas como las civiles excluyeron a las mujeres de dar testimonio incluso hasta finales del siglo XVIII.

Otro tema espinoso es el de la ablación. Hoy en día es aceptado por algunas sociedades y tiene lugar en determinadas regiones del planeta. Pero esta no es una práctica aceptada por el Islam. La mujer tenía derechos esenciales sobre su propio cuerpo. La ablación del clítoris o infibulación está completamente prohibida en el Islam. No existe (en las escuelas de jurisprudencia islámica, en los Hadizes ni en la sunna o tradición del Profeta) la menor referencia a la ablación. El Profeta nunca trató dicho asunto. Esta es una práctica pre-islámica que, según los antropólogos y etnólogos, tiene una antigüedad superior a tres mil años. Además, esta práctica ha sido ejercida en sociedades y tribus no islámicas, de regiones y latitudes tan opuestas como Etiopía y Escandinavia, o incluso Melanesia.

Por último, en este apartado se hablará del signo exterior que se ha convertido en un tópico de la mujer musulmana: el hiyab o “velo”. Todo este asunto es muy confuso, empezando porque el término “velo” no alude a una, sino a tres clases diferentes de prendas para la mujer. El hiyab se refiere a una prenda que oculta el pelo. El litam es una prenda que cubre el pelo y la parte inferior de la cara hasta los ojos. Y por último, el burka que cubre totalmente el cuerpo, ocultando la fisionomía femenina, incluso tapa los ojos con una especie de rejilla. No hay un solo verso del Corán que prescriba que las mujeres deban cubrirse el pelo o la cabeza. La obligación de cubrirse no tiene ninguna base canónica. Hay que decir que este tipo de velos no se vestían en tiempos del Profeta. Ninguna de las cinco escuelas principales de derecho islámico establece el uso obligatorio del velo. En realidad, no es más que un hábito que se ha extendido con la ayuda del fundamentalismo moderno y la actitud intransigente de la “política identitaria”.

Una vez hecha la revisión de algunos conceptos básicos, se hace patente el rol que desempeñó la mujer en los primeros siglos del Islam. Pero después de todo lo expuesto anteriormente, cabe formularse la siguiente pregunta: ¿cuándo cambió el estatus de las mujeres en la sociedad islámica?

Situándose en los últimos años del Imperio Abasida (956 EC) surgieron una serie de acontecimientos clave para entenderlo. Hasta entonces la cultura musulmana era una fuerza imperante. Se avanzaba en las matemáticas, los conocimientos científicos, la medicina. Los Abasidas construyeron una nueva capital, Bagdad, empezada a construir por Mansur, el califa abasí en el 756 EC. Era la mayor ciudad del mundo, posiblemente la más poblada que jamás había existido. El Islam había conquistado todos los territorios de los antiguos sasánidas y gran parte de los que habían gobernado los bizantinos, pero, al final, el fantasma de aquellos imperios suplantados se infiltró en el Islam y lo cambió. En lo que aquí compete, la práctica de relegar a la mujer a un mundo invisible derivó, al parecer, de las costumbres bizantinas y sasánidas.

Habían pasado casi cuatro siglos desde la muerte del Profeta. Ahora surgían eruditos, filósofos y sufíes. Se empezaban a cuestionar muchos aspectos del Islam. Asuntos como interpretación, razón o tradición se ponían en duda, surgían desacuerdos, controversias. Se ponía en cuestión la ciencia, ya que esta dependía de la indagación que a su vez depende de la aplicación de la razón, sin recurrir a la revelación. Algunos volvían a la contemplación ascética y las reflexiones místicas. En aquella época surgió un movimiento de alejamiento de la filosofía y la ciencia natural. Se pensaba que la razón era una trampa peligrosa que solo conducía al caos. A mediados del siglo XI nació Muhammad al-Gazali, de padres persas. Este hombre encabezó todo esa tendencia regresiva o de reinstauración de las ciencias religiosas.

En algún momento de ese período, parece que cambió el estatus de las mujeres en la sociedad islámica.

Ya se ha visto que en los primeros tiempos del Islam las mujeres tenían más independencia y desempeñaban en los asuntos públicos un papel de mayor importancia que el que tuvieron después, o que el que muchas tienen hoy en el mundo islámico. La primera esposa del Profeta, Jadiya, por ejemplo, fue una mujer de mucho poder y éxito. Aisha, la mujer más joven del Profeta, dirigió uno de los principales partidos del cisma que se produjo al morir Omar. Llegó incluso a comandar ejércitos en el campo de batalla. Las mujeres aparecen de forma destacada entre los eruditos del primer Islam. En el siglo I DH, mujeres como Hafsa, Umm al-Darda, Amra Rahman fueron famosas calígrafas. Ellas y otras daban clases y pronunciaban conferencias públicas.

 Las mismas fuerzas que oprimieron las primeras luces científicas y las erradicaron de la vida intelectual del Islám, las mismas que devaluaron la razón, se emplearon en constreñir la posición de la mujer.

Bibliografía.

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VERNET, JUAN. Los orígenes del Islám. ED. El acantilado. 2001.

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