lunes, 8 de febrero de 2016

Devadasi, la servidora de la divinidad

Por: Jenifer Montiel Rodrigo, Máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: jmontiro@hotmail.com


Davadasi.

Durante el siglo VI, en el seno de los templos de la India, tuvo lugar la aparición de una nueva institución. Esta nueva institución estaba relacionada con la existencia de mujeres dedicadas al cuidado del templo y de la deidad que en él se veneraba, llegando a formar incluso una casta propia.
Según la región, esta institución recibe diferentes nombres: Devadāsis (Tamil Nadu, Andhra Pradesh y Karnataka), Maharis (Odhisa), Bhagtans o Kalavangtis (Rajasthan y Uttar Pradesh), Murlis (Maharashtra), Nathis (Assam), etc.
Se trata de mujeres que viven en el templo o en sus alrededores y cuyas funciones residen en cuidar de él, del sacerdote y, por supuesto, de la deidad, simbolizada por un ídolo.
Es, por tanto, también en este mismo momento, siglo VI, cuando tuvo lugar el origen de la creación de imágenes móviles para las procesiones, pues el pueblo requería ver a sus dioses, y el acceso al templo, donde estaban las grandes imágenes esculpidas,  era restringido.
Este hecho tiene que ver con la creencia de que la sola visión de la imagen insufla en el cuerpo del testigo el propio poder de la divinidad representada, es lo que los hindúes conocen como darśana.
Eran dos los principales caminos por los que una niña se unía al grupo de servidoras del templo: por vía hereditaria o por necesidades económicas (eran vendidas por su familia). En el caso de los chicos, se convertían en músicos y acompañaban a las bailarinas durante sus danzas.
Pero antes de entrar a formar parte de la comunidad debían realizarse diversos pasos o rituales: el ritual simbólico de matrimonio con la deidad (kalyanam), el de dedicación (muttirai) y la ceremonia de la primera lección de danza (gejjaipūja), en la que se ofrecían los ghungroos, cascabeles que se ligan a los tobillos durante el baile.
Más tarde, tras un período de formación sería el momento de buscar un patrocinador que se encargase de ellas, pasando a ser posiblemente también sus compañeras.
El ritual del matrimonio, a pesar de ser simbólico, tenía un gran valor añadido, pues, significaba que estas mujeres pasaban a poseer el estatus de sumangali (mujer casada auspiciosa) y, al ser este un enlace con la divinidad, nunca serían viudas, lo cual tenía un gran valor en un sistema en el que muchas mujeres se suicidaban arrojándose a la pira funeraria de sus maridos (conocido como “Sacrificio de Sati”)1. Estas viudas preferían el suicidio antes de afrontar el ser repudiadas por su propia familia, separadas de sus hijos, exiliadas y convertidas en dalits o intocables, pues eran consideradas portadoras de mala suerte. Aún hoy en día, estas circunstancias se siguen dando y muchas viudas emigran a ciudades donde residen en comunidad, como es el caso de Vrindavan, ciudad próxima a Delhi, o Varanasi, por supuesto, en muy duras circunstancia pues ni tan solo tienen permitido ejercer labores para recibir un sustento.
La principal función de las servidoras, como decíamos, era la de cuidar a la deidad, por lo tanto, al ídolo que la representa y llevar a cabo los rituales. Algunos de estos rituales eran: el baño y el adorno de las imágenes, la ceremonia de la diosa Lakṣmī (ritual de regeneración), portar la lámpara sagrada o kumbarti en las procesiones y durante las  pūjas u ofrendas (pues eran las encargadas del ejercicio de realizar círculos con la lámpara delante de la imagen)  y cantar y bailar (esto último siempre en privado y solo para la deidad).
El pushpanjali2 (literalmente, la ofrenda de las flores) era el primer ritual de la mañana, donde se bailaba y se decoraba con flores a la deidad.
En muchos de estos rituales podemos observar la importancia que adquiere el arte, pues era a través de la música, la danza (denominada dasiattam) y el teatro como ellas se relacionaban con la divinidad y mostraban su unión y comunicación con ella, es decir, su Bhakti (devoción). No debemos olvidar que en la India, tradicionalmente, como ocurría en la antigua Grecia, no existía una clara diferenciación entre las artes, pues todas ellas (teatro, poesía, música, danza…) forman parte de un todo.
También hay que señalar que los templos fueron la gran cuna del arte hindú, desde la arquitectura y escultura hasta la música, danza y teatro, de hecho, encontramos aquí el origen de muchos de los estilos de danza clásica que hoy conocemos.
Servidoras de la divinidad.
Esto es debido a que por todo el subcontinente, los templos y todo lo que los envolvía recibieron un gran patrocinio de los legisladores, pues era a través del patrocinio como los reyes mostraban su poder. Este poder consistía no solo en exhibir su autoridad y potencia militar sino en mostrar su capacidad para facilitar el bienestar espiritual de su pueblo.
Algunas de las dinastías más involucradas en este patrocinio fueron la Pallava (s. IV-IX), la Coḷa (s.IX-XIII) y la Pandya (s.XII-XIV) de Tamil Nadu, y la Gajapati (s.XI-XVI) de Odhisa, especialmente los reyes Chodaganga Deva o Kapilendra Deva, este último encargado de definir las obligaciones de las servidoras, entre las que se incluía bailar dos veces al día, y de crear el NatyaMandir, un espacio en el templo para la danza.


A finales del s.XII el subcontinente indio vivió la invasión, desde la actual Afghanistan, de los ejércitos musulmanes procedentes de Asia Central. A penas un siglo después, gran parte del país estaba bajo las órdenes del recién fundado Sultanato de Delhi.
Los legisladores musulmanes, muy lejos de eliminar la institución de las servidoras, le dieron un nuevo empuje llevando a algunas de las bailarinas más destacadas a la corte, dando origen a la aparición de las Rajadasis (servidoras del rey). Esto causó la aparición de nuevos estilos de danza y de nuevas piezas coreográficas, pues a diferencia del templo, donde bailan para la deidad en privado, en la corte bailan para el público.
Según algunos investigadores, con la llegada de los ingleses en el s. XVII, la institución de las servidoras comenzó a decaer. Otros, sin embargo, ven su decadencia mucho antes. Zaechner dice literalmente: “A parte del sistema de castas y de los abusos inhumanos había muchas prácticas hindúes amparadas por el dharma que habían sido consideradas inhumanas en muchas partes del mundo, como el suicidio de las viudas en la pira funeraria de sus maridos, el matrimonio de niñas o la prostitución en el templo. Estas fueron algunas de las costumbres que los británicos encontraron en la India en el s.XVIII”3
Esta decadencia, ya sea antes o después de la colonización inglesa, habría obligado a las servidoras a buscar nuevos caminos de financiación, comenzando incluso a ejercer la prostitución, dando lugar a lo que algunos han definido como “prostitución sagrada”, pues, los beneficios recaen igualmente en el templo.
De cualquier forma, cierto es que la moral victoriana introdujo prejuicios contra ella, hasta que, finalmente la institución fue prohibida por la legislación gubernamental (Ley Devadasi de Bombay, 1934).
Tras la independencia de la India en 1945, fue el propio gobierno el que en consecutivas leyes (1988-1996) la prohibió definitivamente, con penas de hasta tres años de cárcel, ya que, a pesar de las leyes anteriores, había sobrevivido de forma residual. Incluso hoy en día, aún a pesar de los esfuerzos gubernamentales y no gubernamentales, continúan existiendo mujeres que realizan las prácticas de servidoras de la divinidad en los Estados sureños de Karnataka y Andhra Pradesh bajo el paraguas del culto a la diosa Yellamma. 


Citas:


1.      Finalmente fue prohibido por la legislación gubernamental inglesa en 1829.

2.      En el siguiente enlace podemos ver la danza realizada durante el Pushpanjali por un grupo de bailarinas de Bharatanatyam, danza clásica del sur de la India:


3.      Zaechner,R.C. (1966), p. 149.



Bibliografía:



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·         BIARDEAU, M.,(2005) El hinduismo; ed. Kairos, Barcelona.

·         CALDERÓN, E., (2010) La bailarina y el inglés, ed. Planeta, Barcelona.

·         CALLE, R., (2007) La otra India, Ediciones B, Barcelona.

·         GARCIA-ARROYO, A. (2009) Historia de las mujeres de la India, ed. Laertes, Barcelona.

·         FULLER, C., (1995)“The “holy family” of Shiva in a South Indian temple, London LSE Research Online. Article published in Social Anthopology 3(3) pp.205-217.

·         MERNISSI, F. (2006) El harén en Occidente, Espasa Calpe, Madrid.

·         MORLEY, G., (2005) Indian Sculpture, Lustre Press, Roli Books, New Delhi.

·         MICHELL, G., (2000) Hindu art and architecture, Thames & Hudson, London.

·         NARAYAN, S., (2009) The sterling book of Indian classical dances, ed. New Dawn Press Group, New Delhi.

·         NARAYAN, S. (2012), Rhytmic echoes and reflections: Kathak, Roli Books, Mumbai

·         VV.AA., (1988). Le grand guide de l´Inde, Editions Gallimard, París.

·         ZAEHNER, R.C (1966)., Hinduism, OUP, Oxford.

La figura alada: Simbología y estética.

Por: Pietro Víktor Carracedo Ahumada. Doctorando en Ciencias de las Religiones UCM.  



Correo electrónico: pietrocarracedo@gmail.com



Hýpnos, Hermes, Thánatos y Sarpedón. Metropolitan Museum.
Las alas son uno de los símbolos más extendidos en la iconografía religiosa, debido en gran parte a todos los símbolos y connotaciones que puede ofrecer, más que a su pura estética o relación física con el sujeto. Desde tiempos primitivos, las alas se conforman como un elemento que da capacidad para volar.[1]

Si tenemos en cuenta que en la Antigüedad, conforme los estudios del campo afirman, las cosmogonías y teogonías primordiales siempre hacen referencia entre otras a una Divinidad celeste, está claro que los seres voladores se relacionarían rápida y fuertemente con ésta, o al menos con su campo de acción[2]. Las alas se convierten en una menara de “llegar” al Mundo Celeste Divino. Todo ser que se diga de este origen tenderá a poseerlas como atributos y como necesidad para sus viajes a este mundo, en una asociación mundana pero práctica de esta característica. Existe, paralela a esta, otra teoría curiosa, en la cual las aguas juegan un papel importante: las aguas primigenias rodean el universo, incluso más allá del cielo; esto explica que muchos seres mitológicos marinos muestren alas sin aparente conexión.

Otra asociación, algo fuera de lo religioso y desarrollada posteriormente, es aquella en que las alas son un elemento que otorga libertad. Esta libertad puede ser tanto física como psíquica, así como relacionada con el elemento vital, llámese alma, hálito…, no tanto como “encerrada en el cuerpo” según las ideas de tipo platónicas, sino por el valor de su origen divino, en última instancia, pues la vida la da la Divinidad.



Tipos de alas:



Dentro de los tipos de alas se harán generalmente ciertas distinciones para dar un valor más a este elemento y al portador del mismo. Las alas de pluma, de ave, serán generalmente positivas a lo largo de la iconografía de carácter religioso. La razón estriba en que las aves son, con excepciones muy marcadas, mensajeros de los dioses y portadores de advertencias o buenas noticias. En las artes plásticas los colores de estas alas influirán también en su interpretación: blancas simbolizan pureza y divinidad; las alas de colores realistas corresponden a un ideal atento y observador de la naturaleza, que puede decantarse por pura imitación artística o por la búsqueda de la cercanía  la realidad religiosa de la creación; las alas negras rara vez se exponen para algo positivo, asociándose color y aves consideradas de presencia nefasta.[3]

Las alas de piel o tipo murciélago o dragón tendrán generalmente connotaciones negativas, por estar asociadas a este animal nocturno, o por relacionarse con el Diablo y otros seres nocturno-infernales. El poseedor de tales alas estará ligado intrínsecamente a estos seres y parajes.

Las alas de insectos se suelen relacionar rápidamente con asociaciones populares, seres de cuento… no siempre es así. Sin quitar mérito religiosos a las creencias populares, las alas de mariposa evocan fragilidad y belleza, y de este modo tendrán un valor especial vinculado a la vida, el alma, o seres con esas características.



Seres alados:


Los seres que tienen origen o deberes de tipo celeste, como antes se mencionó, serán alados casi necesariamente. Hay seres como las Sirenas griegas o las Harpías que poseen alas por sus características particulares – en este caso evidente, su cuerpo es de ave- mas también poseen algo divino en su ser – inmortalidad, origen… Pero la mayoría de criaturas míticas o “fantásticas”, si se me permite la expresión, están representadas por animales a los que se les añaden las alas con una nueva connotación. Pegaso, cuyo origen mítico se encuentra en la constelación del mismo nombre, necesita alas para realzar su soberbia y velocidad, a su establecimiento en el cielo nocturno, y a la vez para asociarlas a su origen divino, pues es hijo de la Gorgona, que a su vez tiene alas por su identidad monstruosa[4] y el dios Poseidón. A los hijos de Bóreas[5], uno de los vientos, no pueden sino nacerles alas en los hombros.

Los Grifos son un conglomerado de seres que representan la realeza y la divinidad, a los que se dota de cuerpo terrestre y de ave para unir en él ambos mundos. Por la misma regla se aúnan en él lo divino y lo humano, por lo que su representación para la realeza, o el propio Cristo, será habitual. En Mesopotamia los toros alados[6] indican fuerza,  majestad, divinidad. Mientras que en Oriente la Esfinge, cuerpo alado de león y torso humano, es varón y tiene un valor positivo y profiláctico, en Grecia la imagen de la esfinge torna en mujer con connotaciones negativas, pues es enviada a las ciudades transportando la peste como castigo.

A los dragones, al principio solo serpientes de gran tamaño o saurios terribles, se les añaden alas posteriormente en el folklore europeo para darles una misión nueva[7] o una afinidad con lo negativo lo diabólico[8], a la vez que señalar sus características monstruosas y destructoras; mientras, en la América precolombina u Oriente eran seres benévolos, y a menudo pueden volar sin necesidad de un elemento tan sustancial como las alas.



Divinidades paganas:



La idea divina de las alas no cambia en exceso cuando es asociada a un ser antropomorfo. Las divinidades paganas etéreas son precisamente eso, dioses que tienen conexión el mundo celeste divino. La iconografía y creencia de las divinidades aladas parece tener su origen en Mesopotamia. No solo se han encontrado allí las primeras representaciones de seres alados, también las de divinidades y seres antropomorfos, como los genios protectores o personales, acompañantes especialmente de los monarcas, y portadores de dos pares de alas para señalar el origen de tal poder.

Relacionado con los viajes celestes, en la Grecia antigua, Iris, mensajera de los dioses, era representada con alas, pese a hacer referencia al arco iris, y que era una forma de analizar su movimiento por el cielo. Otro tanto para su compañero Hermes, quien tenía alas en los pies o las sandalias, haciendo referencia a su velocidad, pero a menudo se le mostraba también con un casco alado, pues tenía mente rápida, patrón como era de los mercaderes y los ladrones. 
En ocasiones el mundo divino es irreprochablemente asociado al mundo de ultratumba. Por citar un ejemplo, la diosa egipcia Isis es representada con alas no solo por ser hija de Geb y Nut, Tierra y Cielo, ni a raíz del mito de su unión con el difunto Osiris tomando forma de halcón, sino precisamente por su valor fecundo y revividor: los seres relacionados con el más allá también tendrán alas y no siempre para “subir al cielo”.[9] El mismo Hermes antes mencionado tiene una doble función, como veíamos en el caso de Isis, pues también tiene el epíteto de “psicopompo”, el que guía las almas, y era fácil hallarlo en los ritos de umbral. Las alas ya no son para él símbolos de mensajero celeste en la tierra, sino de divinidad entre el cielo y el inframundo. En referencia al submundo encontramos otros arquetipos mucho más claros de cómo las alas toman un valor funerario. Véase sin ir más lejos la imagen de Thánatos, la muerte, y su hermano gemelo Hýpnos, el sueño. A menudo se representa a ambos con alas a la espalda – en ocasiones a Hýpnos con alas en la cabeza.[10] Estos dos dioses poco o nada tienen que ver con el mundo celeste, pero su divinidad y su relación con el más allá les otorga alas. Aquí se entienden como liberación o rapidez, sumadas al valor divino.

Aparecen en el mundo griego las primeras alegorías: las más conocidas sean quizás Eros y Niké, Amor y Victoria. En ambos casos nos encontramos con seres que, por estar relacionados con cosas inmateriales o estados del alma, son caracterizados con alas, que hacen referencia a su fugacidad, a su delicadeza, etc., y por estar asociados, de nuevo, con la parte considerada “divina” del hombre, el alma y los sentimientos.



El alma:



El alma alada es una imagen común en las culturas antiguas. Las alas hacen alusión, como supra se dijo, tanto a su divinidad, ya que el alma se relaciona con el aliento vital que han dado las divinidades creadoras a los hombres, como al mundo inferior, al que van a parar en algunos casos, y al celeste en otros. La funcionalidad de las alas se irá sustituyendo por las características del alma: la ligereza, al velocidad…

Las almas, sin embargo, muestran rasgos muy diferentes. En Egipto, donde el alma se dividía en múltiples elementos psíquicos, el Ka, la fuerza vital, y el Ba, el “espíritu” [11], tomaban en su iconografía forma de ave[12] con cabeza humana, retrato del difunto. El alma en el mundo grecorromano, a menudo conserva su figura humana, puesto que era entendida como una “sombra” del hombre; pero en otras representaciones, su tamaño es reducido y tiene alas a la espalda. Cuando se habla de alma-Psiqué[13], ya desde antiguo se la representa con alas de mariposa, evocando su ligereza y su fragilidad, pues también para los grecorromanos el alma era de muchos tipos y tenía muchas partes, y una de ellas, la asociada a la razón y a la par a los sentimientos, era esta.

No hay que dar muchas vueltas para relacionar las alas en la iconografía cristiana, que si bien se entiende como una sombra inmaterial del difunto, es a menudo representada, sobre todo en el paleocristianismo, como la paloma blanca[14]. Pese a todo, las almas cristianas conservarán finalmente su figura humana, si acaso se representen como sombras o fantasmas que salen del cuerpo del difunto, pero las alas quedarán reservadas a seres más cercanos a la naturaleza de Dios.



Los ángeles:



En el mundo occidental es la figura religiosa alada más extendida hasta la actualidad. Los ángeles pueden mostrarse con figura humana alada o no, aunque esto último es menos frecuente, y cuando así es, es durante episodios en los que no interesa ser reconocidos. Cuando son ángeles benévolos sus alas son de plumas, de diversos colores, pero los ángeles caídos tienen alas de dragón.[15]

Hay diversos tipos de ángeles, pero entre los alados cabe destacar los Serafines, los Querubines, los Arcángeles y los Ángeles.

Los ángeles cumplen la misión de mensajeros – no en vano esto significa su nombre[16] – entre el Dios monoteísta y los hombres. De ahí la necesidad de las alas para subir al Cielo, ahora sí, originariamente enmarcado en lo Alto. Aparte de mensajeros, cuyo máximo representante sería el arcángel Gabriel, cumplen otras muchas funciones.
Los tres arcángeles y Tobias de Michele Tosini.

Los Serafines están entonando frente al trono de Dios sus eternas alabanzas, pero el poder de Dios es tan fuerte que no puede contemplarse, y por ello poseen la peculiaridad de seis alas: dos para volar, dos para taparse el cuerpo y dos para taparse el rostro. Su nombre evoca lo ardiente, así que a menudo sus alas son de colores brillantes, cálidos o directamente representadas como llamas, en ocasiones repletas de ojos.

Los Querubines aparecen las más de las veces como niños pequeños, semejantes a erotes que se encuentran inmersos en las representaciones posteriores entre las nubes sobre las que se sienta Dios, ya que su misión es ser el Trono de Dios. La imagen primigenia, casi perdida, era la de un hombre con cuatro alas, de colores fríos como un extra de diferenciación de los Serafines.

Los Ángeles y los Arcángeles tienen forma humana, a veces marcadamente asexuados, siempre jóvenes y con dos alas a la espalda. Los Ángeles cumplen las funciones que tenían otros dioses y genios del mundo popular y pagano, pero no con poder en sí mismos sino solo como intermediarios de la Divinidad.

Entre los Arcángeles, Gabriel es el mensajero por excelencia, a raíz de la Anunciación, pese a haber en la Biblia y otros textos sagrados numerosos episodios en que es él quien transmite los mensajes de Dios. Rafael es el prototipo de ángel custodio y sanador, que recuerda bastante en sus representaciones al dios paganos Esculapio, por su episodio con la serpiente/diablo[17], y en su faceta popular se asocia a Hermes como protector en los caminos. El arcángel Miguel se lleva la palma en cuanto a asociaciones: es el vencedor del Diablo, representado como serpiente o dragón, por lo cual se le compara con el dios Apolo, quien a su vez sometió, según el mito griego, a la serpiente Pytho. Tanto es así que algunos templos dedicados a este dios rápidamente se convirtieron en monasterios con el arcángel por patrón; es también psicopompo, pues guía a las almas hasta el cielo, popularmente se cree que en especial a las del purgatorio, por ser juez de las mismas. Esta faceta de juez se enmarca en la idea de Juicio Final y Juicio personal, sin embargo su iconografía no es novedosa, puesto que el pesaje de las almas se encontraba ya en Egipto con Anubis y en el mundo grecorromano hallamos modelos de Hermes representados con una balanza frente a las almas. Es asimismo el arcángel Miguel un ser de umbral, que permite el acceso a los Cielos.

Los ángeles menores, por así llamarlos, cumplen funciones comunicativas, intermediarias, pero en lo popular está extendida la creencia de que algunos acompañan a cada individuo de manera personal y lo protegen de los peligros, en especial a los niños: es la extendida imagen del ángel custodio o de la guarda.[18]



Alas por placer estético y alegorías tardías:



Una vez sobrepasada la antigüedad clásica, y quedando relegado el sentimiento religiosos a una expresión artística, las alas estarán cargadas de los más diversos significados, extraídos de la cultura precedente. Así, una figura, mayoritariamente femenina, alada, en un contexto no religioso de ningún modo podrá ser un ángel, sino una alegoría o personificación, caracterizada por la acción que lleve a cabo o por los objetos y personas de los que esté rodeado.

Fue un recurso muy utilizado durante el Barroco, pero presente a lo largo de toda la historia. Es una bella forma y excusa para el arte. Las alas en ocasiones serán un recurso de puro valor estético, mas siempre guardarán una significación profunda – asociada a su inmaterialidad, a su movimiento… y en ocasiones a su carácter divino – si esta es moralizante o considerada una verdad universal, por así decirlo, que continúa, sin quererlo, la tradición, modelos y valores que una vez tuvieron sus alas.





Bibliografía:



Bulley, Margaret. Historia del arte antiguo y medieval. Tradcción de Diana Gibson. Edimat. Madrid 1999



Eliade, Mircea. Tratado de Historia de las religiones. Morfología y dialéctica de lo sagrado. Traducción de A. Medinaveitia. Ediciones Cristiandad. Madrid. 2000



Fatás, Guillermo y Borrás, Gonzalo M. Diccionario de términos de arte y elementos de arqueología, heráldica y numismática. Biblioteca de consulta. Alianza Editorial. Madrid 2005.



Hall, James. Diccionario de temas y símbolos artísticos. Traducción de Jesús Fdz. Zulaica. Alianza Editorial. Madrid 2003.



Rodríguez Santidrián, Pedro. Diccionario de las religiones. Biblioteca de consulta. Alianza Editorial. Madrid 2004.



Teravent, Guy de. Atributos y símbolos en el arte profano: diccionario de un lenguaje perdido. Tarducción y notas de José M. Sousa. Ediciones del Serbal. Barcelona 2002.



Recursos online iconográficos:


www.artcyclopedia.com             www.theoi.com             




[1] No entraremos en temas de aves no voladoras, hablamos de la idea de volar asociada a las alas.

[2] La mayoría de los grandes dioses celestes tienen un ave como símbolo de poder. El águila lo es para Zeus y Visnú (Garuda).

[3] Cuervos, urracas, buitres… animales siempre en relación con la muerte o los malos espíritus.

[4] Y marina. Aunque el mito más conocido habla de un castigo por el cual cambió su aspecto, su origen mitológico primero es el monstruo marino hija de otros dos, Forcis y Ceto. Hesíodo, Theogonia 240-336.

[5] Zetes y Calais.

[6] O Lamassu.

[7] Como el carro de Medea, descendiente del Sol, del que tiran serpientes aladas: pueden viajar por el cielo, pero en su iconografía no se muestran alas. No en vano Medea es también un personaje oriental.

[8] Pese a que en  la Biblia se habla del dragón, la serpiente antigua, en referencia a Satanás, la representación más común es la del dragón acostumbrado.

[9] Pese a que muchas culturas relacionan el Otro Mundo con el Cielo, en otras ocasiones a las alas sólo les queda el valor divino y no la funcionalidad.

[10] Simbolismo evidente.

[11] Que podrían ser las más correspondientes a nuestras ideas actuales de “alma”.

[12] Aves como la cigüeña, de carácter migratorio, suscitando el simbolismo..

[13] Alegoría popularizada en el mito incluido en la novela Metamorfosis o El asno de Oro, de Apuleyo.

[14] La propia imagen del Espíritu Santo adquiere esta forma.

[15] En principio sólo en la representación de Satanás, que adopta también, como se vio antes, la forma de Dragón o cuerpos deformados, semihumanos, etc., y luego como característica de todos los diablos. La idea de Satanás como un ángel bello se establece mucho después.

[16] Gr, ἄγγελος

[17] El libro de Tobías.


[18] Aunque tampoco novedosa: genios protectores mesopotámicos, espíritus personales, lares familiares…

miércoles, 6 de enero de 2016

Editorial Enero 2016

De Dioses y Hombres: estudios de religiones y mitología es un blog coordinado y dirigido por el profesor y Máster en Literatura Clásica de la Universidad de Costa Rica José Marco Segura Jaubert y el profesor y doctorando de la Universidad Complutense de Madrid Carmelo Morales Marcos.

Este  mes os traemos tres nuevos e interesantes artículos: Jorge Vizuete Vidal nos remite a la concepción taoísta del mundo y cómo ésta afecta a la praxis humana, fijándose para este menester en las artes marciales. El máster Alejandro Tenorio en esta tercera parte de su artículo sobre Freud nos explica el complejo de Edipo según el neurólogo austriaco. Por último el profesor y máster en ciencias de las religiones Antonio Justo nos presenta  y explica en esta segunda parte de su artículo el sacrificio en la obra de Henri Hubert, Marcel Mauss y René Girard.