viernes, 4 de noviembre de 2016

Las ramas del árbol del islam Parte II

Por: Jorge Mateos Enrich, Doctor por la Universidad Politécnica de Madrid.


En esta segunda parte del artículo se desarrollará la cuestión que daremos en llamar  las “ramas secundarias”, o las que dan frondosidad al “árbol” del islam. Se hablará de lo referente a las distintas escuelas y sectas que surgen de las dos grandes ramas del tronco común: el sunismo y el chiismo.
Para resituar el tema recodaremos los momentos clave en el desarrollo del árbol. El crecimiento del tronco principal se da a partir de las predicaciones de Mahoma y se empieza a retorcer con la muerte de este y los debates sobre su sucesión. El asesinato de su yerno Alí y posteriormente el sacrificio del hijo menor de este, Hussein, marcan la bifurcación del tronco en sus dos ramas principales. El resto del árbol lo van a completar ramas que surgen de estas dos principales y a las que está dedicado este artículo.
A partir del siglo III D.H. cobró forma un código bien trabado, un conjunto de proscripciones y prescripciones, obligaciones, advertencias, orientaciones, normas, castigos y recompensas que abarcan todos los aspectos de la vida de un musulmán; esto es, la Sharía. Los cinco elementos básicos de la Sharía se anticiparon en la primera parte de este artículo, pero no estará de más recordarlos brevemente. Estos son: el Corán (libro sagrado), los Hadices (dichos del profeta), la Qiya (razonamiento analógico), la Ijma (consenso de la comunidad) y la Ijtihad (pensamiento libre e independiente basado en la razón). La clave de la aparición de pequeños brotes en cada rama del árbol radicaría en este código.
En la rama suní cobraron forma cuatro versiones un tanto diferentes de este código, mientras que los chiíes desarrollaron también otra propia, similar en espíritu a las suníes e igualmente de vasta cobertura. Esta va a ser la cuestión en la que profundizaremos, para tener una idea de la complejidad del organismo vivo que forma el islam.

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Las cuatro escuelas de la ley suní se conocen por el nombre de los eruditos que les dieron su forma definitiva. Vamos a enunciarlas para luego desarrollarlas más extensamente:

- La escuela hanafí la fundó Abu Hanifa, procedente de la región del actual Afganistán, aunque enseñó en Kufa (actual Irak).
- La escuela malikí fue creada por el jurista marroquí Ibn Malik, aunque trabajó y enseñó en Medina.
- La escuela shafí la desarrolló el imán al-Shaf´i de La Meca, aunque al final se estableció en Egipto.
- La última en cristalizar fue la escuela hanbalí, que fundó el Ahmed Ibn Hanbal.

Las escuelas defienden sistemas un tanto diferentes de derivar normas, lo que provoca pequeñas variaciones en sus leyes. No obstante, desde los tiempos de los abasíes (mitad del siglo VIII- mitad del siglo XIII, invasiones mongolas), las cuatro se han considerado igualmente ortodoxas pues las diferencias son tan pequeñas que, según los eruditos, sería difícil que uno entre mil musulmanes supiera encontrar cinco de ellas.
Los eruditos que aplicaron y desarrollaron esto se dieron en llamar “ulemas” (de alim, “sabio”). Nadie nombraba, ni nombra, a los ulemas. Los ulemas son una clase que se autoselecciona y se autorregula, delimitada por completo por el flujo de la doctrina establecida. Es obvio que el proceso por el que se autogenera la clase social de los ulemas la hace inherentemente conservadora.
De esta manera, de una de las ramas del “árbol” del islam había empezado a crecer, a partir de brotes, pequeñas ramas que iban dándole su verdadera identidad. Desarrollaremos a continuación algunos aspectos de estas escuelas. 
La escuela Hanafí, fundada por Abû Hanîfa Annu‘mân. Como ya se ha dicho, esta escuela apareció en Irak, en la ciudad de Kufa, y se difundió en Bagdad. Adoptó los métodos de su fundador y los de sus maestros después de él, como Abû Yûsuf y Abû El Hassan. Sus fundamentos comprenden, además del Corán y de la Sunna, el istihsân, al ‘urf (la costumbre) y qawl as-sahâbî (las palabras de los compañeros del Profeta). Esta escuela está caracterizada principalmente por la utilización de la razón y de la opinión: Ar-ra’y. Está considerada la escuela más literal, dado que el contexto de su aparición está relacionado con una sociedad muy compleja y con muchas nuevas necesidades. Hoy la encontramos implantada en Afganistán, India, Turquía, Irán, Siria, Rusia y  China.
La escuela Malikí, fundada por Mâlik Ibn Anas, el Sabio de Medina, como lo había augurado el Profeta. Aparecida en Medina, esta escuela hace hincapié en el aviso de los compañeros del Profeta y en la práctica de los medinenses, comprendidos estos como los descendientes de los compañeros del Profeta. También da mucha importancia a las costumbres de la sociedad, mientras no contradigan la Ley divina, así como al establecimiento de normas jurídicas a partir del interés general de la sociedad, llamado al masâlih al mursala. El Imâm Mâlik era famoso por su narración del Hadîth y está considerado uno de los mejores narradores de esta disciplina.
Las obras de referencia de esta escuela son, entre otras, el Muwatta’ (la vía hecha fácil) (primera compilación de Hadîth y de Fiqh en el Islam) del Imâm Mâlik y la Mudawanna, una compilación de avisos jurídicos de Mâlik que compiló su alumno Sahnûn Ibn Saïd At-tanûkhî. La mayoría de los discípulos del Imâm Mâlik se fueron a África del norte y a España. Esta escuela se difundió en Andalucía, en África del norte, en Mali, en Senegal, en los Emiratos Árabes, en Sudán y en el Khurâsân
La escuela Shâfi‘í, fundada por Muhammad Ibn Idriss Ash-shâfi‘î, que vivió en la Meca, después en Irak, y que finalmente se mudó a Egipto. Aprendió el fiqh según la escuela malikí y después según la escuela Hanaíi. Su escuela se posicionó entre la escuela hanafí que prima la opinión personal (ar-ra’y), y la escuela malikí que se basa esencialmente en la Sunna. Para el Imâm ash-Shâfi‘i, la Sunna está valorizada como fuente de derecho, y da una gran importancia al consenso de toda la comunidad (Ijmâ‘). Esta escuela se difundió en Egipto, en Kuwait, en Yemen y en algunos países de Asia como Indonesia, Malasia y Tailandia
La escuela Hanbalí, fundada por Ahmad Ibn Hanbal. Nació prácticamente del conflicto que oponía Ibn Hanbal a los Mu'tazili (racionalistas helenistas un tanto intolerantes) y a las autoridades políticas que sostenían entonces los Mu'tazili. La reputación de Ibn Hanbal se forjó durante estos acontecimientos, cuando fue perseguido y encarcelado sin negar nunca. El Imâm Ibn Hanbal está considerado por muchos ‘ulema (sabios de la Ley) un tradicionalista (hombre del hadîth) más que un jurista. Ibn Hanbal no estaba de acuerdo con su maestro Ash-shâfi‘î con respecto al uso de la opinión personal. Primó antes de todo el hadîth del Profeta, al cual consagró una compilación llamada «al musnad» que comprende aproximadamente 40.000 hadîth. Esta escuela adopta la interpretación aparente (Zâhir) del Corán y de la Sunna y niega el razonamiento por analogía excepto en casos raros.
Ibn Hanbal desconfiaba del ra'y (opinión personal) y del qiyâs (analogía), pues según él habían abierto la puerta a la herejía mu'tazili, fuente de innovaciones pecadoras y de división de la comunidad. Esta escuela se desarrolló y sus misioneros llevaron su madhhab hasta comarcas lejanas, notamente en el norte de Irán, donde iba a nacer el Sheikh Abd al-Qâdir al Jilânî (muerto en 1166 después de Cristo), gran organizador del sufismo en cofradía.
Vemos en el desarrollo de las distintas escuelas una amalgama de conceptos como: cuestiones filosóficas, cuestiones inherentes a la razón, a la fe…, en suma, un conglomerado difícil de simplificar. Es notable la influencia que tuvo el descubrimiento de los escritos de Platón, de todo el pensamiento griego, desde los presocráticos hasta Aristóteles y más allá de él. Se advierte, también, el choque entre fe y razón, cuestión de suma importancia en todo lo que refiere a las religiones y sus cuestiones dogmáticas.
Por otro lado la rama chií fue dando brotes que desarrollaron sus propias ramas. Así como el sunismo constituye ulemas, el chiísmo constituye imanes, que son algo así como doctores de la ley. Quizá la diferencia más palpable entre suníes y chiíes es la aplicación de las normas de derecho: los suníes hablan de los Hadices, pero los chiíes dudan de la verisimilitud de los mismos.
Otra rama importante es la de los sufíes. Es complejo ubicar territorialmente su nacimiento, así como la afinidad a cualquiera de las dos ramas principales del islam. Incluso hay diversas teorías sobre el porqué del nombre de esta secta mística, y pocos términos han conocido tantas etimologías y atribuciones fantasiosas, que perduran incluso hasta nuestros días. Algunos consideran que la palabra sufí deriva del árabe safá, puro, o de soffa, escaño donde se acomodaban los sufíes en el patio de las mezquitas, pero el origen más probable de este término es suf, lana, en alusión al manto grueso de lana que utilizaban como vestimenta, kherqueh.
El sufismo representa, la corriente mística dentro del islam. Es una corriente anti-formalista que se nutrió de muchas influencias procedentes de religiones y culturas muy diversas, como las doctrinas ascéticas de eremitas cristianos, la visión dualista del maniqueísmo y el perpetuo combate entre las fuerzas del bien y del mal, unidas a una total desvalorización del cuerpo físico. De hecho uno de los primeros sufíes, Dhu al-Num al-Mesri (796-821), nacido en Egipto, es descrito por sus biógrafos como un filósofo conocedor de las doctrinas helenísticas y las ciencias alquímicas.
La rápida extensión del islam a territorios muy alejados del marco cultural de Medina y la Meca fue una de las principales causas del enriquecimiento del sufismo con elementos doctrinales y rituales procedentes de otras culturas o tradiciones más desarrolladas. En este proceso de sincretismo Irán desempeñó un papel fundamental, debido a que mil años antes de la aparición del islam ya contaba con una tradición espiritual muy desarrollada cuyos orígenes se remontan a la época sumeria.
Ya se comentó, en su momento, la distribución geográfica del sunismo y el chiismo, y cómo este es mayoritario en el actual Irán. En efecto, una de las principales características de la cultura irania es su enorme capacidad de sincretismo, lo que significó también que prácticamente ningún movimiento, religión o filosofía foráneos sobrevivieron en Irán sin ser tamizados o transformados por la particular visión del pueblo iranio. Los chiitas, junto con las reivindicaciones estrictamente políticas (mencionadas en la primera parte de este artículo), introdujeron una corriente mesiánica con un fuerte contenido doctrinal de corte místico en su modo de entender y vivir el islam. No es de extrañar, por tanto, que muchos místicos musulmanes nacieran en Irán.
Los sufíes suspiraban por una experiencia de Dios como una presencia viva, real y actual, una experiencia que se viviera en el momento. Se oponían a la ambición mundana, a la corrupción y a la codicia, pero, en teoría lo mismo hacía todo musulmán. Los sufíes solo se diferenciaban de los demás porque decían: ¿”Como purificas tu corazón”? Por esto empezaron a ensayar técnicas para eliminar las distracciones y las ansias no solo en el momento de la oración, sino en la propia vida.
Volviendo, ahora, a la historia, hablaremos de otra corriente que brotó en el islam. Con la caída del califato abasí arrollado por los mongoles (siglo XIII), el clérigo sirio Ibn Taimiya se rebeló contra el razonamiento consensuado, se autoproclamó mujtahid y arremetió contra la jurisprudencia clásica. Refutó la innovación, demonizó a los chiíes y vilipendió a los sufíes.
Las tesis de Ibn Taimiya fueron recuperadas cinco siglos más tarde (siglo XVIII) por el tenebroso clérigo árabe Abdel Wahab, fundador del Wahabismo, actual corriente implantada en Arabia Saudí. Una corriente intransigente y retrógada.
Volviendo a la rama chií, y para terminar el presente artículo, debemos hacer notar que actualmente hay dos corrientes implantadas mayoritariamente en Irán: los ismailitas o seguidores del octavo imán y los duodecimanos o seguidores del imán número doce. Tanto unos como otros esperan la vuelta de los respectivos imanes el día del juicio final. 
A lo largo de estos dos artículos se ha intentado llevar a cabo un acercamiento a las distintas facciones, corriente y sectas presentes en el islam, haciendo una analogía con un gran árbol. Un árbol con raíces, tronco principal bifurcado en dos ramas y un tupido follaje que configuran una realidad compleja y fuertemente relacionada en lo que al mundo del islam se refiere

Bibliografía.
·        
ANSARY, TAMIN. Un destino desbaratado. La historia universal vista por el Islám. Ed. RBA. 2011.
·         BÜYÜKÇELEBI, ISMAIL. El Islám como un modo de vida. Ed. The Light Inc. 2006.
·         MARTÍN, JAVIER. Suníes y chiíes. Los dos brazos de Alá. ED. Catarata. 2008
·         KAVANAGH, ALFRED G. Irán por dentro. Terra incognita. 2010
·         VERNET, JUAN. Los orígenes del Islám. ED. El acantilado. 2001.
·         WAINES, DAVID. El Islám. Ed. Akal. 2008.

Los sacrificios humanos en el antiguo Israel Parte II

Por: Antonio Justo Patallo, Licenciado en historia, especializado en Historia Antigua. Máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: antoniojusto@hotmail.com

Los sacrificios de niños en las partes deuteronómicas y postdeuteronómicas

Completamente diferente es la imagen que se saca de los fragmentos deuteronómicos y postdeuteronómicos del Antiguo Testamento. No existen narraciones de las épocas anteriores que se puedan igualar a las más antiguas de Gen. 22 y Jueces 11, 30-40. Solamente se pueden nombrar las informaciones del libro de Reyes sobre Ahab y los sacrificios de niños de sefarvitas y Manasés (II Re. 16, 3; 17, 31; 21, 6) que han sido reescritas primero por parte deuteronómica, como ejemplo de la idolatría más atroz, y el cronista (II Cro. 28, 3; 33, 6) realza aún más la facilidad de pecar que tenían Ahab y Manasés diciendo que no sólo sacrificaban a su hijo sino a varios.
También están los sermones de reprimendas y amenazas que llevaron a Jeremías y Ezequiel a lanzarse contra los sacrificios de niños, que consideraban como una costumbre extraña a la religión de Yahveh y más bien originaria del culto cananeo, y todas las disposiciones penales con las que la Ley de Santidad quería hacer desaparecer la costumbre de los sacrificios de niños. Al contrario de las leyes más antiguas no dice ni una sola palabra sobre los primogénitos, en relación con la demanda de animales que nacen los primeros (Deu. 15, 19-23). En cambio polemiza aún más contra los sacrificios de niños en general:

No obres tal respecto a Yahveh, tu Dios, porque ellos cometieron en relación con sus dioses todo lo que Yahveh abomina, lo que El aborrece, pues incluso queman en el fuego a sus hijos e hijas en honor de sus dioses. (Deu. 12, 31)
Cuando hayas entrado en el país que Yahveh, tu Dios, te otorga, no aprenderás a imitar las abominaciones de aquellas naciones. No ha de hallarse en ti quien haga pasar a su hijo o su hija por el fuego. (Deut. 18, 9-10)
Las primeras iniciativas se dieron en el Deuteronomio y en la reforma de Josías. Esta, en seguimiento de las demandas del Deuteronomio, junto a elementos verdaderamente “extraños”, es decir los que procedían de cultos asirios y cananeos que habían fluido hacia la religión de Yahveh, apartaba también a aquellos que como mínimo habían adquirido carácter nacional desde siglos, pero que ahora se les tenía por atrasados e incompatibles con la “verdadera” religión de Yahveh. Por esa razón se les marcaba luego como a los extranjeros, para así poder desecharles sin razón ni decoro, una actitud que luego tiene su paralelo en todas las reformas y revoluciones.
La época que siguió también continuó esta clase de lucha contra las costumbres y conceptos religiosos y morales. Una de las costumbres eliminadas por Josías fue el sacrificio de niños, que había sido reconocido como legítimo en la religión de Yahveh hasta entonces, y también aquí la ficción legalizó la renovación, ya que se trataba de una práctica de la religión de Yahveh de origen extranjero. El informe sobre esta reforma por lo menos lo reconoce así, en cuanto se hace referencia a la profanación de los lugares de culto del valle de Hinnom que estaban destinados para los sacrificios de niños (II Re. 23, 10), y a las medidas que apuntaban claramente que se trataba de la eliminación de elementos de culto extranjeros, como la desaparición de los caballos sagrados de Shamash del recinto del Templo (23, 10).
En la época de Jeremías todavía se señalaban como idólatras los sacrificios de niños llevados a cabo en el valle de Ben Hinnom. En Jer. 32, 35 se denuncia a Jerusalén de sus servicios idólatras:

Y construyeron las alturas del Ba´al, que están en el valle de Ben-Hinnom para hacer pasar [por el fuego] a sus hijos e hijas en honor de Molok, lo cual no les había ordenado, ni me había venido a la mente que se cometiera tal abominación a fin de inducir a pecar a Judá.
En los pasajes 7, 31; 19, 5 también se alza la voz contra la idolatría. Sin embargo, también se deja bien claro en los pasajes de Jeremías que los sacrificios de niños se tuvieron como componente legítimo de la religión de Yahveh, por lo menos en amplios círculos. Aquí se trata evidentemente de la lucha contra una costumbre que una vez tuvo el derecho a la legitimidad en la religión de Yahveh pero que ahora se concibe como desfasada, y la forma en que esta lucha se lleva a cabo es la misma que se relata en el pasaje 7, 21-23 sobre el carácter que tiene el rechazo de Jeremías a los sacrificios de animales. Yahveh no dio ninguna clase de indicaciones sobre los sacrificios de sangre u holocaustos en la salida de Israel de Egipto, sino solamente pedido que obedezcan sus mandamientos. Como esto es un postulado voluntario, nacido de la contemplación de la historia y no una constatación objetiva histórica, lo mismo sucede con las declaraciones sobre los sacrificios de niños: ambas veces la disputa sobre la procedencia de estas costumbres de Yahveh demuestra lo contrario de lo que quiere demostrar, o sea que sí tuvieron valor una vez de acuerdo con la voluntad de Yahveh y aún lo siguen teniendo.
Ezequiel por una parte cree que los sacrificios de niños fueron dedicados a ídolos, es decir fetiches, como relata el pasaje 39 y los pasajes 16, 21; 23, 37 y 23, 39 sobre todo. Por otra parte él puede dejar a Yahveh hablar de esta manera en 20, 25-26:

Por otra parte, Yo les propuse también preceptos no buenos y prescripciones por las cuales no podrían vivir, y suscité la contaminación de ellos mediante sus ofrendas, al hacer pasar [por el fuego] a todo primogénito, a fin de aterrorizarlos, para que supiesen que Yo soy Yahveh.
Ezequiel tiene la certeza de que los sacrificios de niños eran indispensables y cree como Jeremías que fueron un bien común en grandes círculos. Sin embargo, al contrario que Jeremías, los rechaza sin indignación y los modela al donaire del concepto que tiene de dios, después dice que Yahveh le ha dado estas órdenes de sacrificar, que para él son repulsivas, para castigar a Israel por sus pecados. Lo que posiblemente piensa el profeta es que ese mandamiento ha constituido el verdadero punto de partida para el sincretismo reinante.[1]
Bibliografía
Albertz, R., Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, vol. 1: De los comienzos hasta el final de la monarquía, trad. esp. de D. Mínguez, Ed. Trotta, Madrid, 1999.
Eissfeldt, O., “Molk como concepto del sacrificio púnico y hebreo y el final del dios Moloch”, en Otto Eissfeldt, El Molk como concepto del sacrificio púnico y hebreo y el final del dios Moloch, trad. esp. de A. Wagner y K. Mansel, Centro de Estudios Fenicios y Púnicos, Madrid, 2002, pp. 45-86.
Ruiz Cabrero, L. A., “El sacrificio semita de las primicias y el molk en Fenicia e Israel: problemática de su difusión”, en J. Alvar; C. Blánquez; y C. G. Wagner (eds.), Formas de difusión de las religiones antiguas, Ediciones Clásicas, Madrid, 1993, pp. 75-97.
Vaux, R. de, Instituciones del Antiguo Testamento, trad. esp. de A. Ros, Herder, Barcelona, 1985.





[1] Albertz, R., Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, vol. 1: De los comienzos hasta el final de la monarquía, trad. esp. de D. Mínguez, Madrid, 1999, p. 364.

Incertidumbres

Por: Alejandro Tenorio Tenorio.


Correo electrónico: alejante@ucm.es

Si el creyente únicamente puede ejercitar su fe en Dios en el abismo de la incertidumbre, de lo problemático, de la oscuridad, de las sequedades e incluso de la nada, es exactamente ese océano de la inseguridad el único espacio que se le ha adjudicado para vivir la fe, su íntima fe.
Esta circunstancia no permite pensar que el no-creyente (ateo y/o agnóstico) es el que carece de problemas, en relación al pensamiento que nos ocupa, al carecer simplemente de fe o aparcarla por incomprensible y/o irracional. El no-creyente no vive sin problemas, sino que está constantemente amenazado por la caída en otras incertidumbres engendradas de su misma convicción sobre su certeza de las profundidades de la nada.
Partiendo de estas situaciones contrapuestas, no nos queda otra opción que aceptar que los destinos de los seres humanos, de los hombres, se cruzan, se entretejen unos con otros, entrelazándose inevitablemente como los hilos de un tapiz. Tampoco el no-creyente vive una existencia plena en sí misma, pues al asumir interiorizando el positivismo puro, los aspectos materiales de la realidad y rechazar a priori lo universal y absoluto; este, en apariencia y solo en apariencia, vence la tentación de lo sobrenatural, pero siempre le inquietará con vehemencia la desazón de la inseguridad y de la duda sobre si el positivismo y el racionalismo, como weltanschauung, es la última palabra y verdadera respuesta al misterio del mundo y de la vida.
Así como el creyente se esfuerza por no dejarse ahogar por la duda, por la terrible duda que el abismo continuamente le pone en su pensamiento, parece que, del mismo modo, el no creyente duda de su propia incredulidad, de ese mundo que ha aceptado y decidido explicar como un todo, aunque jamás estará, pues, seguro, al igual que el creyente de su fe, de su propia incredulidad y se preguntará si, a pesar de todo, la certidumbre de la fe que vive el creyente no será lo real y la única forma de que es capaz el hombre para expresar lo real.

Del mismo modo que el creyente se siente constantemente amenazado por la incredulidad, su más temida y obstinada inclinación, así también la misma fe del creyente será el mayor obstáculo para el sentir del no-creyente y una amenaza para la explicación de su convicción y un peligroso obstáculo para el convencimiento ético que ha adquirido, al eludir, evitar o esquivar su encuentro con la fe del creyente. Se ha escrito magistralmente que quien quiera escapar de la incertidumbre de la fe caerá, inexorablemente, en la incertidumbre de la incredulidad.

domingo, 9 de octubre de 2016

Editorial octubre 2016

De Dioses y hombres: estudios sobre religiones y mitología, es un blog de investigación coordinado y dirigido por el profesor y Máster en Literatura Clásica José Marco Segura Jaubert y el profesor y Doctorando por la Universidad Complutense de Madrid Carmelo Morales Marcos.

Doctorando por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor Carmelo Morales, expone en el presente artículo la segunda parte del pensamiento moral y religioso de Kant. El objetivo de nuestro autor es enseñarnos hasta qué punto tiene importancia la moral en la religión para Kant y si para él es posible que se sostenga una religión sin su parte moral, parte primordial para este autor, que en sus textos se vislumbra, incluso, que es la única esencial en el fenómeno religioso. En esta segunda parte de este artículo seguirá insistiendo en los postulados morales de Kant respecto a la religión, aunque hace más hincapié en el concepto numinoso en Otto. Enlazando con Otto, Jenifer Montiel nos escribe sobre cómo, mucho antes de la aparición del islam, en la Península Arábiga existían ya corrientes místicas, gnósticas y herméticas que tendrán mucha influencia en los primeros ascetas musulmanes. Por qué éste fenómeno se da en la mayoría de las religiones probablemente tiene mucho que ver con lo que Rudolf Otto en su obra, Lo santo, define como numinoso o misterium tremendum, ese algo que se siente y te recorre por el cuerpo pero que no se puede describir con palabras. La búsqueda del origen de este sentimiento es el objetivo final de todo misticismo.  Por último, Antonio Justo nos trae un interesante artículo que trata sobre los sacrificios humanos en el antiguo Israel. Los sacrificios humanos están documentados en las antiguas religiones de Oriente, pero eran excepcionales, y eran tan particulares que se tiene reparo en llamarlos sacrificios. La teoría de los sacrificios humanos se extendió a Israel, no sólo que ofrecieron sacrificios a Yahveh, sino que en una época antigua y durante bastante tiempo el yahvismo oficial conoció y hasta prescribió positivamente los sacrificios humanos.

Moral y Religión en Kant II Parte

Por: Carmelo Morales Marcos. Licenciado en Geografía e historia por la UNED; licenciado en Teoría de la Literatura por la Universidad Complutense de Madrid; máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: karmelo777@hotmail.com

Immanuel Kant
En esta segunda parte de este artículo seguiré insistiendo en los postulados morales de Kant respecto a la religión, aunque haré más hincapié en lo numinoso en Otto.
El misterio santo Kant lo define de esta manera: “La creencia en algo que, sin embargo, debemos a la vez considerar como misterio santo puede ser tenida por una fe divinamente inspirada o por una fe racional pura. Si no somos apremiados por la mayor necesidad a aceptar lo primero, tomaremos como máxima lo segundo. Sentimientos no son conocimientos y por lo tanto no significan tampoco ningún misterio, y puesto que el misterio hace referencia a la Razón pero no puede ser universalmente comunicado, cada uno tendrá, pues, que buscarlo (si en algún caso existe) solamente en su propia Razón. Es imposible decidir a priori y objetivamente si hay o no tales misterios. Por lo tanto, tendremos que investigar inmediatamente en lo interior, en lo subjetivo de nuestra disposición moral, para ver si tal cosa se encuentra en nosotros…. La realización de la idea del fin último moral, nos conduce inevitablemente a misterios santos.” [1]
Otto tiene otra definición muy distinta para este concepto: “Consideremos lo más hondo e íntimo de toda conmoción religiosa intensa, por cuanto es algo más que fe en la salvación eterna, amor o confianza; consideremos aquello que, prescindiendo de estos sentimientos conexos, puede agitar y henchir el ánimo con violencia conturbadora; persigámoslo por medio de los sentimientos que a él se asocian o le suceden. La expresión que más próxima se nos ofrece para compendiar todo esto es la de mysterium tremendum. Puede convertirse en el suspenso y humilde temblor. El concepto de misterio no significa otra cosa que lo oculto y secreto, lo que no es público, lo que no se concibe ni entiende, lo que no es cotidiano y familiar, sin que la palabra pueda caracterizarlo y denominarlo con mayor precisión en sus propias cualidades afirmativas. Sin embargo, con ello nos referimos a algo positivo. Este carácter positivo del mysterium se experimenta sólo en sentimientos. Entre estas cualidades positivas, la primera que se echa de ver es la expresada en el adjetivo tremendo. Tremor no es en sí otra cosa que temor. En realidad, es muy distinto del atemorizarse.” [2]
Otto trata de explicar que en algunas lenguas no existe un concepto que identifique este sentimiento y se confunde con conceptos de más baja categoría, como por ejemplo el miedo normal y vulgar que nada tiene que ver con el misterium tremendum. En su obra, este autor hace interesantes reflexiones sobre lo que estamos tratando, que verdaderamente contrastan con las ideas que Kant tiene al respecto.
Otto dice lo siguiente: La verdadera diferencia entre el racionalismo y su contrario es más bien una cualidad diferente en el modo y temple o tono sentimental de la religiosidad misma; a saber: que en la idea de Dios, el elemento racional predomine sobre el irracional, o lo excluya por completo, o, al revés, que prepondere el elemento irracional”.[3]
Otto también habla sobre el sentimiento de dependencia (en estos mismos términos se expresaba Schleiermacher). Este es el «sentimiento de dependencia» que se reconoce y da cuenta de sí mismo, lo cual es harto distinto de los sentimientos «naturales» de dependencia.
Y sigue con su tesis: “Decíamos antes que del objeto numinoso sólo se puede dar una idea por el peculiar reflejo sentimental que provoca en el ánimo. Así, pues, es «aquello que aprehende y conmueve el ánimo con tal o cual tonalidad» …Nuestro problema consiste en indicar cuál es esa tonalidad sentimental. El sentimiento numinoso se distancia mucho en sus grados superiores del simple pavor demoníaco. Pero no por esto niega su común progenie y parentesco. Aun allí donde la creencia en demonios se ha elevado, desde mucho tiempo atrás, a la forma de creencia en dioses, siempre conservan los dioses, por cuanto son númenes, algo de su primer carácter fantasmal; a saber, ese carácter propio de lo que desasosiega y amedrenta, que se completa y perfecciona en su sublimidad o se esquematiza en ella. Y este componente sentimental tampoco desaparece en el estadio más alto, la pura creencia en Dios, ni ha menester que desaparezca; solamente se apacigua y ennoblece. Aquel estremecimiento primario vuelve a repetirse en la forma infinitamente ennoblecida de un temblor y enmudecimiento del espíritu, que llega hasta sus últimas raíces, examinaremos los pasajes del Antiguo Testamento, en que se hace sensible el parentesco entre esa cólera divina y el aspecto demoníaco del numen de que tratamos. Muchos pasajes del Antiguo Testamento evidencian que esta cólera divina no tiene nada que ver con propiedades morales.” [4]
Según Otto, el sentimiento numinoso se distancia mucho en sus grados superiores del simple pavor demoníaco, pero no niega su común procedencia y parentesco y continúa diciendo que siempre conservan los dioses algo de su primer carácter fantasmal, que desasosiega y amedrenta.
A mí me gustaría preguntarle a este autor cómo se puede pasar de un primer pavor demoniaco, que desasosiega y amedrenta, a lo numinoso, si no se supiera consciente o inconscientemente que la divinidad es justa, bondadosa o misericordiosa; si solo fuera poderosa e intimidatoria pero no tuviese ninguno de estos atributos morales o sirviese como modelo de esa Ley moral a la que se refiere Kant, veo muy difícil que se pudiese pasar del primer estadio demoniaco.
Otto continua afirmando: “A quienes acostumbran a pensar la divinidad únicamente por sus predicados racionales ha de presentárseles como un humor caprichoso, como una pasión arbitraria. Los fieles de la Antigua Ley hubieran rechazado seguramente con energía esta interpretación. Pues a ellos la cólera divina no les parecía aminorar la santidad, sino expresión natural de la «santidad», elemento esencial de ella. Pues esta ira no es sino lo tremendo mismo.” [5]
El teólogo alemán, en un intento de explicar el misterium hace una distinción entre lo misterioso y lo problemático: “El objeto realmente misterioso es inaprehensible e incomprensible, no sólo porque mi conocimiento tiene respecto a él límites infranqueables, sino además porque tropiezo con algo absolutamente heterogéneo, que por su género y su esencia es inconmensurable con mi esencia, y que por esta razón me hace retroceder espantado.[6]
Otto, en su afán por explicar lo numinoso, explica que por muy intensa que sea la atención no llegamos a sacarla a la luz de la inteligencia comprensiva, sino que permanece en la irremisible oscuridad de la experiencia inconcebible, puramente sentimental. Esto quiere decir para nosotros que es irracional, que es lo irracional en estado puro.
Pone como ejemplo de numinoso el relato del segundo libro de Moisés, de cómo Yahveh, colérico, ataca a Moisés en la noche y quiere quitarle la vida. Dice que este relato conserva todavía ese carácter, y sin embargo a nosotros nos produce una impresión casi pavorosa. Y nombra también como auténticamente numinosa la aparición de Dios en la zarza ardiente y el versículo siguiente del libro segundo de Moisés.
Pero para nuestro autor, el concepto de lo numinoso se evidencia en su máximo grado de pureza y misterio en el capítulo XXXVIII del libro de Job, que figura entre los más notables de la historia de la religión. Job ha pleiteado con sus amigos contra Elohim, y sostiene frente a ellos su causa. Estos han tenido que callarse a sus razones, pero cuando aparece el propio Elohim para defenderse por sí mismo, lleva su defensa con tal fortuna que Job se declara vencido (vencido realmente y por derecho, y no tan sólo forzado al silencio por la mera prepotencia, dice Otto). Para ilustrar su punto, Otto destaca las palabras de Job: «Por tanto, me aborrezco y me arrepiento en el polvo y la ceniza.» Para el alemán esta es la señal que atestigua el estar convencido íntimamente de una superioridad, esto es humillación ante algo superior.

Conclusión:

Para finalizar, vamos a resumir las características de las ideas que estamos exponiendo sobre estos dos autores. Por un lado, tenemos a Kant; quien sostiene que la única manera que tiene el hombre de ser agradable a Dios es a través de su obrar moral. Además, distingue dos tipos de religión: la cultual, que busca favores y la moral, fundada en la conducta buena, la única que resulta agradable a Dios. Para Kant, cuando no se reconoce que el uso de la razón es el único criterio para conocer la verdad, incluso en las cuestiones relacionadas con lo suprasensible, se puede pasar a la superstición.
Por último, afirma que es ilusorio creer que haya algo que agrade a Dios, a no ser una buena conducta. Por otro lado, para Otto, aun cuando los predicados racionales están en el término más visible, dejan inexhausta la idea de la divinidad.
El teísmo moral kantiano es crítico, declara insuficientes las pruebas especulativas de la existencia de Dios, pues considera imposible demostrar la existencia de modo apodícticamente cierto, pero está convencido de la existencia de Dios y su fe está libre de toda duda, el fundamento donde edifica esta fe es inquebrantable y nunca podrá ser derribado. Este fundamento es la moral, y considera que su fe en Dios es tan cierta como una demostración matemática. Este es el sistema de los deberes conocidos a priori, de una manera cierta, por la razón pura. Ahora tiene el hombre un fundamento seguro sobre el que poder edificar su fe en Dios: no necesita ninguna prueba especulativa de su existencia, sino que está convencido de esta con certeza porque, de lo contrario, tendría que rechazar las leyes de la moralidad fundadas en la naturaleza de su ser y por ello absolutamente necesarias. Por eso la existencia de un sabio Gobernante del mundo es un postulado necesario de la razón práctica.
Como conclusión habría que decir que la influencia de la obra de Kant será enorme para la religión. Aunque no fuese su intención, Kant colaboró con la destrucción de la metafísica en la religión, y lo quisiera o no, también inició la era positivista en la cual todo lo que remite a la metafísica o religión es desacreditado como superstición. También dio paso a una ética libre de toda religión que enlaza con el Humanismo el cual va sustituyendo a la religión, porque si la razón humana es la única responsable de la acción moral, el hombre puede ser un fin en sí mismo.

Bibliografía:

-Derrida, J. (2006). Dar la muerte. Barcelona: Paidos Ibérica.
-Kant, I. (1969). La religión dentro de los límites de la mera razón. Madrid: Alianza.
-Kant, I. (2005). Crítica de la razón práctica. México: FCE.
-Kierkegaard, S. (2005). Temor y temblor. Madrid: Alianza.
-Otto, R. (1998). Lo Santo. Madrid: Alianza.
-Stendebach, F, J. (1996). Introducción al Antiguo Testamento. Barcelona: Herder.






[1] Kant, La religión dentro de los límites de la mera razón, Alianza 1969, 3ªparte, pag.139.
[2] Otto, Rudolf. Lo Santo. Alianza, Madrid 1994, pag.21.
[3] Otto, Rudolf. Lo Santo. Alianza, Madrid, 1998, pag.11.
[4] Otto, Rudolf. Lo Santo.Alianza, Madrid, 1998, pag.27.
[5] Otto, Rudolf. Lo Santo. Alianza, Madrid, 1998, 4, pag.28.
[6] Otto, Rudolf. Lo Santo. Alianza, Madrid, 1998, 5, pag. 40.

El Sufismo en la India

Por: Jenifer Montiel Rodrigo, Máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: jmontiro@hotmail.com

Origen y principios básicos del Sufismo

Dervis.
Mucho antes de la aparición del islam, en la Península Arábiga existían ya corrientes místicas, gnósticas y herméticas que tendrán mucha influencia en los primeros ascetas musulmanes.
El porqué de éste fenómeno que se da en la mayoría de las religiones probablemente tiene mucho que ver con lo que Rudolf Otto en su obra, Lo Santo, define como numinoso o misterium tremendum, ese algo que se siente y te recorre el cuerpo pero que no se puede describir con palabras. La búsqueda del origen de este sentimiento es el objetivo final de todo misticismo.
Estos primeros ascetas se centrarán principalmente en la preparación para el Día del Juicio a través del cumplimiento de los deberes impuestos por la religión y la práctica del desapego de las cosas mundanas (principalmente a través de retiros y ayunos). Su objetivo, ya desde estos primeros momentos era el reencuentro y la unión con Dios, estado que recibe el nombre de fanaa. Aparece ya en estos momentos una práctica que después se convertirá en básica, utilizada con este objetivo de la unión con Dios, se trata de la invocación o dikhr.
Ya en los siglos VIII y IX en ciudades como Kufa y Basora (actual Irak) aparecerán pequeños grupos de devotos alrededor de estos primeros ascetas, los cuales empezarán a teorizar sobre sus experiencias. Sus escritos, que tendrán una gran difusión, giran en torno a la comprensión de las cosas importantes y de aquello que está oculto (batin), para lo cual recomiendan el retiro y la realización del dhikr (invocación), que irá ya para entonces acompañado de movimientos corporales y ejercicios de respiración o música, no como algo que induce al éxtasis sino como forma de concentración y liberación de las distracciones mundanas.
Éstos primeros pasos darán ya lugar a lo que después conoceremos como la corriente Sufí o Sufismo (Tasawwuf en árabe), que cristaliza en los primeros tiempos de la dinastía ´Abbasí, s. VIII.
Etimológicamente proviene de suf (lana), y hace referencia a los mantos de lana de los primeros ascetas, aunque hay otras teorías que lo asocian con la palabra griega sophos (sabiduría) o la palabra árabe safa (pureza), incluso también se ha dicho que eran los sucesores de los ahl as-suffa (la gente del vestíbulo), los cuales vivían devota y humildemente en el patio del profeta. Originalmente sufí hace referencia a alguien que ha alcanzado la iluminación, pero posteriormente se extenderá también a los iniciados, discípulos del maestro reunidos en la cofradía o tariqa.
La principal regla era "Comer poco, dormir poco, hablar poco", todo con objetivo de explorar el alma (nafs), luchar contra el alma peligrosa, el ego y así llegar a la unión con Dios, el Absoluto (´arif o fanaa).  Para ello se establecen una serie de etapas:
- tawba: arrepentimiento de las faltas cometidas, la ruptura con la forma de vida acostumbrada y la plena concentración en el nuevo camino.
- muyahada: esfuerzo por apartar todo aquello que te aleja de dios.
- soledad (jalw) y retiro (´uzla).
- temor a dios (taqwa).
- renuncia (zuhd): no sólo habla de pobreza terrenal sino espiritual.
- silencio (samt) en el sentido de no excederse en palabrería.
- gozo (qana´a).
- confianza absoluta en el decreto divino (tawakkul).
- paciencia (sabr).
- observancia (muraqaba).

En este camino podemos diferenciar las etapas (maqam), que son actitudes de duración, con el hal (estado), situación transitoria del alma producida por iluminación divina, imposible de retener.
Para los sufíes, la shari´a, ley, es la expresión exterior de la haqiqa, la verdad interior. Aunque algunos lo califican de heterodoxo e incluso de herejía, zandaqa. Por contra, debemos calificar al Sufismo de ortodoxo, ya que, aunque interiormente se libere de las restricciones del dogma, no lo puede rechazar. Para ellos el hombre tiene acceso al Absoluto a través del Corán y el Profeta es el representante de Dios. En este sentido se llaman a sí mismos ahl al-haqiqa, la gente de la verdad, en contraposición a ahl al-charia, los ulemas y alfaquíes, a los cuales consideran demasiado apegados al sentido literal de los textos religiosos.
La práctica del dhikr, invocación, ayuda a vehicular el recuerdo de Dios hacia el sufí, pero antes de llegar a él debe poseer una comprensión profunda de los Cinco Pilares del Islam (fe, oración, ayuno, limosna y peregrinación). Tiene el doble significado de "recuerdo" y "mención", que dirigen directamente al Principio haciendo que el invocador se una con Dios y se libere del sufrimiento. Siempre hay que practicarlo bajo la supervisión del maestro o guía, ya que puede llegar a ser peligroso. Es un método de concentración espiritual basado en la convicción de que la repetición incesante de ciertas jaculatorias permite al creyente desterrar de su corazón todo lo que no sea divino y llegar a un estado en el que la conciencia se desvanece. Tienen un ritmo establecido, puede hacerse mentalmente, en voz alta o baja y van acompañados de respiraciones, además también puede realizarse en movimiento, acompañado de música o poesía.
Otra importante práctica es el wird, que, aunque difiere de una cofradía a otra, consiste esencialmente en tres fórmulas. En la primera se pide perdón a Dios, en la segunda se pide a Dios que bendiga al profeta y le de la paz y la tercera es la Shahada, testimonio de la unicidad divina. Generalmente estas recitaciones se realizan utilizando una especie de rosario (subha o tasbih), de origen indio.
El objetivo de la espiritualidad o misticismo, no sólo sufí sino de la mayoría de las religiones, es alcanzar la santidad no tras la muerte sino en esta vida. Este camino místico comienza siempre con un rito de iniciación. En el Sufismo el aspirante (murid) recibe este rito de un maestro (murshid o shaikh), que a su vez lo recibió de otro maestro, formando una cadena que se remonta al Profeta y a sus compañeros (la silsila). Se considera que hay personas a las que dios ha elegido para recibir el don de la baraca, bendición divina, los cuales son venerados, tanto a los santones como a las tumbas e incluso a sus descendientes. El principal de los maestros es el Qutb, muy similar a la concepción que tiene el chiísmo del imam.
La wasiya (legado, mandato) es la norma o corpus doctrinal a la que cada tariqa, cofradía, se acoge, transmitida siempre de maestro a discípulo, como una especie de carta fundacional.
El murid o discípulo es aquel que, aunque está separado de Dios porque está distraído por las cosas mundanas, tiene como objetivo encontrarlo, por ello también recibe el nombre de salik, peregrino. Para encontrar este camino necesita al maestro, pero también a sus compañeros, con los que establece una alianza fraternal. En el ámbito indio se habla del pir-bhai (hermano a través del maestro). Todos los iniciados deben vestir la jirga o muraqqa´a (andrajo).
Antes de convertirse en murid el aspirante debe pasar una serie de pruebas difíciles de cumplir que sirven para poner a prueba su capacidad de transitar por el camino, como por ejemplo un largo retiro, que puede durar hasta cuarenta días.
Superadas las pruebas, el ritual de iniciación comienza con un apretón de manos, mediante el cual el aspirante es aceptado en la cadena de transmisión de la tariqa. El maestro supervisa en todo momento el crecimiento espiritual de los discípulos y les ayuda a progresar mediante instrucciones religiosas, oraciones y otras indicaciones. Además, debe enseñarles el correcto comportamiento en todo momento.
´Abd-al-Qadir al-Yilani (m. 1166) fundó la primera tariqa, que recibió el nombre de Qadiriyya, actualmente una de la más extendidas y con mucha presencia en el norte de África. A partir de entonces las cofradías empezarán a jugar un papel muy importante tanto social como políticamente. Políticamente muchos soberanos se apoyaron en ellas para así ejercer un control sobre la población. Socialmente siempre han contribuido a la difusión del islam, sobretodo en regiones muy alejadas, donde se favoreció un sincretismo religioso, como por ejemplo ocurrió con el hinduismo.
Económicamente se han mantenido siempre gracias a los beneficios derivados de la posesión de bienes de manos muertas, legados, donaciones o fundaciones privadas.

Rumi

La Maulawi o Mevleví es una orden fundada a raíz de la doctrina del poeta persa sufí Jalal al-Din Muhammad al-Balkhi al-Rumi (s.XIII), el cual recibe el tratamiento de Mewlana (nuestro maestro). Nació en la ciudad de Balkh el día 6 del mes de Rabi-ul-awal del 604 H. y se dice que ya a los seis años de edad se le conocía unos grandes poderes espirituales. Su principal obra recibe el nombre de Maznawi.
Tenía muchos seguidores y seguidoras, pero nunca creó una organización. El encargado de ello fue su hijo mayor y sucesor, Sultan Walad (m. 1312). Él organizó el ritual en el cual el aspirante debía pasar 1001 días de servicio en la cocina, ascendiendo a tareas más elevadas poco a poco, mientras que también era introducido en la lectura e interpretación del Maznawi y aprendía la técnica de la danza-meditación, el sema
Actualmente el centro de la orden y el santuario más importante (zagüia) se encuentra en Konya (Turquía), donde se haya la tumba de al-Rumi, aunque también hay un importante centro en Estambul, cerca de la Torre de Gálata.
Destaca de esta orden su particular dhikr, el Sema, danzas giratorias (por las cuales reciben el nombre de derviches, miembros de la tariqa o cofradía, giróvagos). Es un tipo de danza-meditación que representa el baile de los planetas. Consiste en girar sobre uno mismo de este a oeste pivotando sobre el pie izquierdo, en silencio absoluto recitando mentalmente la oración, con los brazos extendidos, representando la ascendencia hacia la verdad, para lo cual hay que liberarse totalmente del propio ego. El vestuario hace referencia a este movimiento de los planetas y la suave música de flauta, tambores, atabales, violines y laúdes simboliza el sonido de las esferas. El ritual está totalmente reglado; avance con pasos lentos, triple reverencia frente al maestro, movimiento de quitarse los mantones negros dejando a la vista las túnicas blancas (que representan el cuerpo resucitado), el desplegar los brazos sobre el pecho, dejando la derecha abierta hacia el cielo y la izquierda dirigida hacia la tierra.
Consta de cuatro partes que simbolizan el aniquilamiento en el amor y el retorno a este mundo. Una oración de bendición y el prolongado huuuu (Él) constituye el final.
En general las prácticas de los mewlevíes han sido denostadas por la mayoría de los musulmanes, ya que lo ven como una desviación (bida) de la norma islámica y conciben la danza como una distracción frívola.

India

Aunque el islam se hace presente en el subcontinente indio en el siglo VIII de la mano del sultanato de Delhi, no es hasta los siglos X y XI cuando aparece la tradición sufí.
Los místicos persas tuvieron una gran influencia en la India mogol y se establecieron muchos contactos entre el sufismo y el hinduismo de tendencia teísta. La introducción de las diversas órdenes sufíes fue decisiva en la islamización de las comunidades hindúes ya que, frente al sistema de castas, el Sufismo promulga los ideales de tolerancia y justicia.
Muchas órdenes se desarrollaron en la India, pero haremos especialmente hincapié en una de ellas, la orden Chistí, por ser ésta una de las principales.
La Chishtí es una orden fundada en la ciudad de Chixt, próxima a Herat (Persia), por Mu´in al-Din Hasan al-Siyistani (ca. 1141-1236), el cual se encargó también de extenderla por la zona del
Indostán. Llegó a Delhi en 1193 durante el reinado Ghurid, asentándose en Ajmer, Rajasthan durante la formación del sultanato de Delhi.
En esta misma ciudad se encuentra la tumba del fundador de la orden, convirtiéndose en un importante centro de peregrinación tanto de musulmanes como de sikhs, cristianos e hindúes.
Los chistíes crearon una comunidad igualitaria dentro de un estratificado y cerrado sistema de castas, en la que se desarrollaban enseñanzas basadas en el amor, la espiritualidad y la harmonía, es por ello por lo que consiguió tantos adeptos rápidamente.
Los chishties destacan por su misticismo espiritual y un gran desapego de las cosas mundanas. Siempre se mantuvieron fieles a su ideal ascético originario. Además, permitían la iniciación de no musulmanes. Amaban la música y la poesía, y por ello el tipo de ceremonias que llevan a cabo dio lugar a un género musical específico, el Qawali, una combinación de instrumentos indostánicos tradicionales con poemas místicos en urdu, hindi y persa. Es al poeta Amir khusrau (fallecido en 1325) a quien se le atribuye el desarrollo de este género.
Hasta la actualidad esta orden sigue muy vinculada a la música y ha extendido su influencia por toda India, Europa y Estados Unidos. Uno de los principales representantes actuales es el músico Rahat Fateh Ali Khan.

Bibliografía

• Abumalham, Montserrat; DE RELIGIÓN DE LOS ÁRABES A RELIGIÓN UNIVERSAL,
ed. Trotta, 2007.
• Abumalham, Montserrat; TEXTOS FUNDAMENTALES DE LA TRADICIÓN RELIGIOSA MUSULMANA, ed. Trotta, 2005.
• Andrews, Ted; LA DANZA Y LAS ENERGÍAS, ediciones Martínez Roca, Barcelona, 1994.
• Brown, John P.; THE DARVISHES AND THE ORIENTAL SPIRITUALISM, ed. Routledge, 2008.
• EL CORÁN; ed. Herder, 2005. Traducción de Julio Cortés.
• Gómez García, Luz; DICCIONARIO DE ISLAM E ISLAMISMO; ed. Espasa libros, 2009.
• Hourani, Albert; HISTORIA DE LOS PUEBLOS ÁRABES, ed. Ariel, 1992.
• Idres, Shah; CUENTOS DE LOS DERVICHES, ed. Paidós, 1998.
• Schmmel, Annemarie; INTRODUCCIÓN AL SUFISMO, ed. Kairós, 2007.
• Stoddart, William; EL SUFISMO, ed. Sophia Perennis, 2002.

• Sourdel, Dominique; EL ISLAM, Ed, Davinci, ¿qué sé?, 2007.