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martes, 31 de enero de 2017

Oráculos y Mitología en China

Por: Carmelo Morales Marcos. Licenciado en Geografía e historia por la UNED; licenciado en Teoría de la Literatura por la Universidad Complutense de Madrid; máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.


Correo electrónico: karmelo7777@hotmail.com

Introducción a la tradición

Cang Jie                                                                      
Según la tradición, la civilización china fue fundada entre los años 3000 y 2600 a.C. por Tres Héroes Culturales: Fu Xi (扶 羲, que quizás signifique “domesticador de buey”, inventor de las redes para pescar y cazar animales, del matrimonio y la adivinación); Yandi (炎 帝, el “Emperador fogoso”, también llamado Shennong, 神 农, es decir, el "Labrador divino"), inventor de la agricultura y la medicina, y Huangdi (黄 帝  el "Emperador Amarillo"), inventor del gobierno.
Se creía que estas figuras legendarias, semidivinas y semihumanas, habían sido sucedidas por reyes-creadores. El último de estos reyes, Yu el Grande, 大 禹 desecó los pantanos e hizo que los ríos discurrieran por sus lechos, delimitando de este modo la tierra. A continuación fundó la primera dinastía, la dinastía Xia 夏. Según la tradición, esta dinastía gobernó desde aproximadamente el año 2100 hasta el 1600, cuando fue vencida por los Shang (商 también llamados Yin, 殷, nombre tomado de su última capital). Los Shang instauraron una nueva dinastía, que gobernó hasta el año 1045 aproximadamente, cuando a su vez fue reemplazada por la dinastía de los Zhou, 周 con la que entramos en la época histórica.
Durante mucho tiempo los historiadores modernos consideraron que estos relatos eran puramente mitológicos. Después de todo, los más antiguos documentos escritos databan como máximo del siglo IX a.C., el período inicial de los Zhou.
Había otro factor que contribuía a la incredulidad: a diferencia del antiguo Egipto o la antigua Grecia, en China no se habían conservado estructuras monumentales de piedra que testimoniaran la existencia de una antigua civilización.  A partir del siglo XIII, los historiadores chinos desarrollaron un vivo interés por las reliquias de la antigüedad, de modo particular por las antiguas vasijas de bronce. De hecho, hasta finales del siglo XIX, estos objetos de bronce y algunos de jade constituían las únicas pruebas tangibles sobre la existencia de una civilización arcaica en China.
Como resultado de todo ello, la historicidad de la dinastía Shang ha sido ampliamente reconocida.  Así, basándose en la identificación de muchos caracteres grabados en los huesos oraculares, los investigadores han podido confirmar en gran parte la secuencia de los gobernantes Shang.
Estos gobernantes aparecen en el Shiji 史 记 (la obra histórica más importante redactada en el siglo I a.C.), y posiblemente la misma confirmación se puede aplicar a las nueve generaciones de gobernantes anteriores a la fundación de la esta dinastía. El ascenso de los Shang coincidió con el desarrollo de las culturas del Bronce en toda la zona central de la China moderna y trajo consigo importantes cambios en el arte de la guerra, debido al empleo de armas de bronce. También modificó las sociedades, que a partir de ese momento se dedicaron a la explotación minera, la fundición y la fabricación a gran escala de moldes para objetos de bronce. Estos, a su vez, también se vieron transformados por los nuevos sistemas de ritual y en ese momento se comenzaron a emplear grandes cantidades de vasijas de bronce.  En estas vasijas fueron constantes las referencias al ritual, la adivinación, la agricultura, la sequía y las inundaciones.

Cronología

El budismo llega en el siglo I, pero su influencia no se deja notar hasta el siglo IV. Está explicación de los mitos llega hasta estos siglos, de lo contrario la exposición sería interminable. Desde la dinastía Shang s.XVIII-X a.n.e. hasta la dinastía Han, s.II n.e.
Los testimonios de la dinastía Shang se basan en los textos antiguos y arqueológicos.  Existe una lengua de más de 3000 años escrita en huesos y caparazones de tortuga. La mayoría aún sin descifrar. Desde hace 100 años el desciframiento de estos huesos es más rotundo y laborioso. En estos textos el rey pregunta dudas. Al principio el intérprete era un escriba (ponía su nombre), pero luego fue el propio rey. La dirección, la rapidez o el sonido de la grieta eran interpretados.

Contenido de las frases oculares

Se dan muchos tipos de preguntas a la hora de enfrentarse con los oráculos: ¿acabará Di con esta ciudad? ¿No acabará? Di significaba Señor, aunque Roberto Eno [1] tiene una teoría en la que dice que Di se refiere a todos los ancestros. Era la divinidad máxima y el fundador de la familia en el trono en tiempos remotos. El rey reconocía así a su interlocutor unos poderes concretos superiores a los suyos y una autoridad superior a él. Otro tipo de frase que se daba a menudo era “rogamos cosecha, al caer el sol celebramos ceremonia”. Indica la forma cómo se tenía que pedir a la divinidad. La petición debía ir acompañada con una ceremonia, acompañada, a su vez, con una ofrenda.
Sarah Allan tiene razón cuando afirma que la comunicación no servía tanto para predecir el futuro como para controlarlo por medio de las ofrendas y rituales. Uno mediante las ofrendas y sacrificios se aseguraba que todo saliera bien. Bastantes inscripciones dejan ver la relación entre el rey y su interlocutor para ver si una ofrenda u otra pudieran hacer que este le ayudara con sus propósitos, o por lo menos que no fuera en su contra. Se reconocía de esta manera un poder superior qué, además, era conveniente tenerle a favor y esto se conseguía por medio de estas ofrendas.

Ritual de consulta

El rey ante una respuesta positiva pasaba a la acción y si la pregunta era relacionada con una batalla, el oráculo decidía si era conveniente o no atacar. A cada frase le seguía una ceremonia u ofrenda para poner a la divinidad de su parte. Podían ser animales, objetos, o seres humanos, aunque los Zhou acabaron con esto último. 
Los huesos oraculares fueron almacenados en pozos que servían de bibliotecas y los textos de esos huesos indicaban como debían de gobernar los Shang el mundo de los vivos. Los ritos no tenían carácter íntimo, sino de estado, según un calendario predeterminado y riguroso. En la dinastía  Shang, estos ritos eran el centro de las tomas de decisiones. El rey conocía el ritual y era intermediario entre el mundo de los vivos y el de los espíritus de los ancestros.
Los espíritus a los cuáles iban dirigidas las preguntas oraculares eran de varios tipos: antepasados reales de la casa Shang; espíritus de los familiares difuntos; antiguos ministros de la casa Shang; espíritus de la naturaleza; Di, Shangdi o Señor de lo Alto (el más importante). A este último se le hacía el mayor sacrificio porque estaba por encima de todos y era el fundador de la dinastía Shang. Tenía poderes sobre las buenas cosechas, la victoria en la guerra, las lluvias, los truenos, los vientos, las sequías, las epidemias, el destino de la capital y el propio destino del rey.  a los espíritus de
Según la cuestión se pregunta a unos u otros espíritus. Sobre las catástrofes o fenómenos naturales se consultaba a los espíritus de la naturaleza. Sobre los partos y la guerra las consultas eran dirigidas a los espíritus de mujeres ancestrales. Se han descubierto inscripciones donde ellas organizaban las acciones bélicas. Cuanto más antiguo es el fallecimiento mayor era el poder de los espíritus ancestrales y siempre tenían más rango aquellos espíritus cuyos hijos habían sido reyes.
Todo lo que ocurría tenía que ver con los espíritus por eso tenía una relación casi diaria con ellos. Los espíritus eran los que, en cierta medida, los que tomaban las decisiones de Estado. Para los Shang la respuesta podía ser positiva si la ofrenda era la adecuada. Para esta dinastía en las decisiones que estos espíritus tomaban jugaba un papel muy importante la ofrenda Pero esto cambió en 1122 a.n.e cuando los Shang fueron derrocados por los Zhou. Es decir, en la dinastía Shang una respuesta negativa podía ser debido a que la ofrenda no era la adecuada y por eso se esmeraban mucho en la ofrenda y en la ceremonia. Pero cuando subieron los Zhou al poder hubo un cambio radical, ya no era tan importante la ofrenda como la propia conducta de uno, la respuesta podía ser negativa si el Cielo (máxima divinidad con los Zhou) no estaba contento con el comportamiento del consultante. Esto trajo consigo un desarrollo moral durante esta dinastía que llevaba a la conclusión que aquel que se desviara del Camino (senda moral) perdía el favor del Cielo. Esta es la doctrina que siguió el mismísimo Confucio.

Temática oracular

Los tipos de preguntas más frecuentes en las consultas oraculares fueron los sacrificios y ritos, levas, campañas y guerras, fenómenos atmosféricos, agricultura, enfermedades del rey, fundación de ciudades, etc., Muy a menudo los gobernantes preguntaban para saber que ofrenda o qué tipo de sacrificio era del gusto de los espíritus. Los temas eran políticos-religiosos esenciales o muy diversos. Toda esta diversidad de temas refleja muy bien el poder de los espíritus.
Sarah Allan[2] lo divide en tres grupos o temas: ofrendas, futuro y desgracias. Las preguntas sobre futuro eran algo más que una simple consulta, era un intento de controlar la situación venidera. El tipo de desgracias a las que se refiere eran catástrofes, sequías, inundaciones, etc.

Los Zhou

El primer cambio importante en esta dinastía fue que cambiaron de divinidad, porque  Shangdi era considerado un antepasado de la dinastía derrocada, los Shang. La divinidad máxima pasa a ser Tian(Cielo), se cambia al Señor de lo Alto por el Cielo como máxima divinidad.
El Segundo cambio importante es que se mantiene la creencia en los espíritus de los ancestros, pero dejan de ser considerados divinidades, para pasar a ser intercesores entre estas y los vivos. Sin embargo, si se mantuvo el rigor en las ofrendas y en el trato con los espíritus.
El tercer cambio importante es que a partir de los Zhou los espíritus serán favorables a aquellos que tengan una recta conducta. Será la virtud (Te) y no la idoneidad de la ofrenda la que consiga más el favor de los espíritus. Por lo tanto, aquí se produce un giro muy importante para el devenir de China y para el confucianismo, pues esto impulsará la moral y la ética confuciana.
Y el último cambio importante serán las fuentes de dónde se sacaban la información sobre las consultas oraculares. Los huesos y los caparazones de tortuga eran las fuentes encontrada de la época Shang, pero a partir de la dinastía de los Zhou serán los textos escritos, esto dará paso a la Historia.

Los Textos sobre los mitos

Los mitos están dispersos en un gran número de obras de diferentes corrientes de pensamiento, sobre todo taoísta, confuciana, legalista y moísta. No hay tantos mitos conservados, pues estos se repiten en muchas obras. De hecho, no existen obras exclusivamente de mitología, sino que estas están dispersas en textos de distinta índole: historia, filosofía, poesía, etc., Estas ramas, sobre todo la historia y, en menor medida, la poesía, se servían de estos mitos para embellecer o ejemplificar sus tesis para una mejor comunicación.
El confucianismo tiende a humanizar los mitos y los mitos eran utilizados para dar ejemplo o para hablar de muchas cosas más, menos de mitología. Algunos mitos eran muy maleables y aparecen en distintas corrientes de pensamiento. Como he dicho el mismo mito se puede encontrar tanto en obras de carácter taoísta como de carácter confuciano, pero con distintas cualidades y atributos.

La cronología de los textos

Existe mitología en diversos textos: del maestro Zhuang (la segunda fuente más importante del taoísmo); libro de Mencio; maestro Han fei; Crónicas de los Estados; Los comentarios de Zuo; Libro de los documentos; Historia general de Sima Qian; Libro de la poesía; Libro del maestro Huainan; e Investigaciones del mundo de los Espíritus y divinidades.

Los tres períodos de la mitología China

a)      Anteriores a la dinastía Quin (Siglo VI al II a.n.e). Obras que dieron cabida a los mitos y tienen las formulaciones más antiguas como los grandes Clásicos de Filosofía (Analectas, Mencio, Han Fei, Tao, Zhuang Zi, Anales del caballero Lu, Libro del maestro Mo, Libro del maestro Huanian, Obras del señor Shang,) Los grandes Clásicos de la Historia (Crónica de los estados, Libro de los Documentos, Comentarios de Zhuo) y los grandes de la poesía (Libro de la poesía y Cantos del reino de Zhou, Libro de los Montes y los Mares).
b)      Dinastía Qin y Han. Las obras más importantes de este período es Historia General de Sima Qian y El libro de los Ritos. Sima rehízo totalmente el sistema de divinidades. También están el Libro del Ceremonial y El Libro de los Ritos de Dai el anciano.
c)      Este último período comienza en el siglo VI con la dinastía Sui y termina con la dinastía Ming en el XVII. Por motivos de espacio aquí solo se abarca los mitos de los dos primeros períodos.

La Transmisión de los textos

Los filósofos, fueran de un pensamiento u otro, utilizaban los mitos para defender sus ideas, por lo tanto, transformaban su sentido original. Cuando en la escuela confuciana transmitían los textos humanizaban los mitos y los transmitían como modelos a seguir. Kui en el Zhuang zi es un animal extraordinario, un espíritu de los montes, pero en el Libro de los Documentos confuciano es despojado de su forma animal y descrito con forma humana con alto cargo en el gobierno de Yao y maestro de Música, cargo muy importante en la antigua China.
Otros personajes mitológicos humanizados serían El Dragón Luminoso convertido en ministro del Fuego, El Elefante transformado en el hermano pequeño del emperador o el dios Boyi en el juez Gaoyao. Los confucianos historizaron los mitos y los racionalizaron. Poco a poco abandonaron el mito y se metieron de lleno en la Historia. También ocurrió esto, pero en menos ocasiones, con en el taoísmo: Hundun un animal sin orificios en El Libro de los Montes y Mares es un emperador en el Zhuangzi. Pero frente a la ruptura radical mito-historia del confucianismo, en el taoísmo se dio una continuidad.

Los mitos

Pangu: mito del origen del universo

Este mito aparece escrito en Historia de los tres soberanos y cinco emperadores. Pangu creó el universo separando el cielo de la tierra[3].  Pan Gu también está detrás del origen de la tierra y sus accidentes geográficos, sus lágrimas dieron lugar a los dos grandes ríos de China, el río amarillo y el azul (Huanghe y Yangtsé)[4].           

Mito de la humanidad: Nuwa y Fu Xi

A Fuxi, entre muchas otras cosas, se le atribuye la creación de los ocho trigramas del Yijing( el Libro de las Mutaciones). Nuwa es la hermana de Fuxi. El mito narra cómo los hombres nacen de la unión sexual de los dos hermanos, por eso siempre están representados entrelazados y aparecen en el “Libro del maestro Lie” (siglo II a.n.e)[5].

Nuwa y Fu Xi.


El Origen de la escritura

Cang Jie dio origen a la escritura según algunos textos como el “Libro del maestro Han Fei(siglo III a.n.e) o en la “Recopilación general de los libros de la escritura” siglos más tarde. Representado siempre con cuatro ojos, Cang Jie pasó de ser una figura mitológica a una figura religiosa[6].

El origen de la medicina y la agricultura

Como el origen de la medicina está completamente ligado al descubrimiento de las plantas medicinales, este mito está atribuido al Agricultor Prodigioso o Shennong. El escrito más antiguo sobre este mito está en “El Libro del Maestro Huainan” del siglo II a.n.e, con tono taoísta y por lo tanto de no acción[7].                

Los Derrumbamientos del Cielo: Nuwa y Conggong

Conggnong fue el causante del derrumbe del cielo y a Nuwa se le atribuye su reconstrucción. En el mito de Nuwa y Conggnong se juntan dos tradiciones diferentes que en un momento dado se fundieron. El mito de Conggong aparece en “Los cantos del reino de Chu”[8].         

La primera gran guerra: Chiyou contra el Emperador Amarillo

Los textos más antiguos y completos sobre estos mitos se encuentran en “El libro de los montes y los mares”. La batalla comienza cuando Chiyou ataca al Emperador Amarillo y este envía a Agua que es el Dragón Ying. Chiyou contrataca con el Maestro de las Lluvias y el Maestro de los Vientos. El Emperador Amarillo asesta el golpe definitivo enviando a la Sequía, la diosa Ba[9].                

La Inundaación Universal: Yu el grande

Hay 4 mitos de la inundación y el más importante de ellos es el de Yu, seguido por el de Gun. Este último fracasó en su intento de dominar las aguas. En el Libro de los Documentos confuciano Gun aparece como un ministro de Yao carente de virtudes. Yu también aparece en varias obras confucianas y era notable por su virtud y su piedad filial[10].                     

El Emperador Amarillo 

El Emperador Amarillo es un dios guerrero considerado padre de la raza amarilla que entra en batalla para traer la paz al mundo. Los taoístas hicieron de él una divinidad y le rindieron culto y veneración[11]. Quizá, para terminar, habría que nombrar entre los mitos más importantes a los Diez Soles.

Los Diez soles en el Cielo y Yi el Arquero

Esta historia cuenta el por qué hoy nuestro sistema solar cuenta con un único sol. Di Jun, Emperador Chino de los Cielos orientales, junto a su mujer Xi He, tuvieron diez hijos, quienes se convirtieron en diez soles. Vivían en una gigantesca morera regada por las aguas que provenían del Valle del Cielo, las cuales los soles usaban como baño y por ende, siempre estaban calientes, en estado de ebullición. Di dio órdenes a los soles de que se retirasen y estos desobedecieron, entonces llamó a Yi el Arquero para asustarlos y este le disparó sus flechas convirtiéndose en un héroe[12].

Yi el Arquero.

BibliografíaGARCÍA-NOBLEJAS SÁNCHEZ-CENDAL, GABRIEL
GARCÍA-NOBLEJAS SÁNCHEZ-CENDAL, GABRIEL
-          Elourdy, Carmelo. Romancero Chino. 1974, I. I. H, Caracas

-          García-Noblejas Sánchez-Cenda, Jesús Gabriel. Mitología China. 2004,Trota

-          Graham, A, Ch.  El Dao en disputa. 2012, Fondo de Cultura Económica

-          Pérez Arroyo, Joaquín. Los Cuatro Libros. 2002, Espasa Libros, S.L.U

-          Stephen, A. Stanley, L. Tao Te Ching, 2007, Shambala Publications

-          Wilhelm, Richard. I Ching, Libros de las Mutaciones, 2005, Edhasa

-          Yao, Xinzhong. Confucianismo. 2001, Cambridge





[1] Robert Eno es Profesor Adjunto de idiomas de Asia oriental y culturas y Profesor Asistente Adjunto de Filosofía de la Universidad de Indiana.
[2] Americano paleógrafa y estudiosa de la antigua China. Actualmente es profesora del Norte de Burlington en la Fundación de Estudios de Asia en el Departamento de Asia y Oriente Medio Lenguas y Literaturas en el Dartmouth College.
  • [3] Mitología Clásica China/ edición y tradución de Gabriel García Noblejas. 2004. P.134.
[4] ibid, 139-140
[5] Ibid 145-146
[6] Ibid 153-154
[7] Ibid 157-158
[8] Ibid 175-177
[9]  Ibid 184
[10] Ibid 212-213
[11] Ibid 242-250
[12] Ibid 223-227

domingo, 9 de octubre de 2016

Moral y Religión en Kant II Parte

Por: Carmelo Morales Marcos. Licenciado en Geografía e historia por la UNED; licenciado en Teoría de la Literatura por la Universidad Complutense de Madrid; máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid y doctorando en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: karmelo777@hotmail.com

Immanuel Kant
En esta segunda parte de este artículo seguiré insistiendo en los postulados morales de Kant respecto a la religión, aunque haré más hincapié en lo numinoso en Otto.
El misterio santo Kant lo define de esta manera: “La creencia en algo que, sin embargo, debemos a la vez considerar como misterio santo puede ser tenida por una fe divinamente inspirada o por una fe racional pura. Si no somos apremiados por la mayor necesidad a aceptar lo primero, tomaremos como máxima lo segundo. Sentimientos no son conocimientos y por lo tanto no significan tampoco ningún misterio, y puesto que el misterio hace referencia a la Razón pero no puede ser universalmente comunicado, cada uno tendrá, pues, que buscarlo (si en algún caso existe) solamente en su propia Razón. Es imposible decidir a priori y objetivamente si hay o no tales misterios. Por lo tanto, tendremos que investigar inmediatamente en lo interior, en lo subjetivo de nuestra disposición moral, para ver si tal cosa se encuentra en nosotros…. La realización de la idea del fin último moral, nos conduce inevitablemente a misterios santos.” [1]
Otto tiene otra definición muy distinta para este concepto: “Consideremos lo más hondo e íntimo de toda conmoción religiosa intensa, por cuanto es algo más que fe en la salvación eterna, amor o confianza; consideremos aquello que, prescindiendo de estos sentimientos conexos, puede agitar y henchir el ánimo con violencia conturbadora; persigámoslo por medio de los sentimientos que a él se asocian o le suceden. La expresión que más próxima se nos ofrece para compendiar todo esto es la de mysterium tremendum. Puede convertirse en el suspenso y humilde temblor. El concepto de misterio no significa otra cosa que lo oculto y secreto, lo que no es público, lo que no se concibe ni entiende, lo que no es cotidiano y familiar, sin que la palabra pueda caracterizarlo y denominarlo con mayor precisión en sus propias cualidades afirmativas. Sin embargo, con ello nos referimos a algo positivo. Este carácter positivo del mysterium se experimenta sólo en sentimientos. Entre estas cualidades positivas, la primera que se echa de ver es la expresada en el adjetivo tremendo. Tremor no es en sí otra cosa que temor. En realidad, es muy distinto del atemorizarse.” [2]
Otto trata de explicar que en algunas lenguas no existe un concepto que identifique este sentimiento y se confunde con conceptos de más baja categoría, como por ejemplo el miedo normal y vulgar que nada tiene que ver con el misterium tremendum. En su obra, este autor hace interesantes reflexiones sobre lo que estamos tratando, que verdaderamente contrastan con las ideas que Kant tiene al respecto.
Otto dice lo siguiente: “La verdadera diferencia entre el racionalismo y su contrario es más bien una cualidad diferente en el modo y temple o tono sentimental de la religiosidad misma; a saber: que en la idea de Dios, el elemento racional predomine sobre el irracional, o lo excluya por completo, o, al revés, que prepondere el elemento irracional”.[3]
Otto también habla sobre el sentimiento de dependencia (en estos mismos términos se expresaba Schleiermacher). Este es el «sentimiento de dependencia» que se reconoce y da cuenta de sí mismo, lo cual es harto distinto de los sentimientos «naturales» de dependencia.
Y sigue con su tesis: “Decíamos antes que del objeto numinoso sólo se puede dar una idea por el peculiar reflejo sentimental que provoca en el ánimo. Así, pues, es «aquello que aprehende y conmueve el ánimo con tal o cual tonalidad» …Nuestro problema consiste en indicar cuál es esa tonalidad sentimental. El sentimiento numinoso se distancia mucho en sus grados superiores del simple pavor demoníaco. Pero no por esto niega su común progenie y parentesco. Aun allí donde la creencia en demonios se ha elevado, desde mucho tiempo atrás, a la forma de creencia en dioses, siempre conservan los dioses, por cuanto son númenes, algo de su primer carácter fantasmal; a saber, ese carácter propio de lo que desasosiega y amedrenta, que se completa y perfecciona en su sublimidad o se esquematiza en ella. Y este componente sentimental tampoco desaparece en el estadio más alto, la pura creencia en Dios, ni ha menester que desaparezca; solamente se apacigua y ennoblece. Aquel estremecimiento primario vuelve a repetirse en la forma infinitamente ennoblecida de un temblor y enmudecimiento del espíritu, que llega hasta sus últimas raíces, examinaremos los pasajes del Antiguo Testamento, en que se hace sensible el parentesco entre esa cólera divina y el aspecto demoníaco del numen de que tratamos. Muchos pasajes del Antiguo Testamento evidencian que esta cólera divina no tiene nada que ver con propiedades morales.” [4]
Según Otto, el sentimiento numinoso se distancia mucho en sus grados superiores del simple pavor demoníaco, pero no niega su común procedencia y parentesco y continúa diciendo que siempre conservan los dioses algo de su primer carácter fantasmal, que desasosiega y amedrenta.
A mí me gustaría preguntarle a este autor cómo se puede pasar de un primer pavor demoniaco, que desasosiega y amedrenta, a lo numinoso, si no se supiera consciente o inconscientemente que la divinidad es justa, bondadosa o misericordiosa; si solo fuera poderosa e intimidatoria pero no tuviese ninguno de estos atributos morales o sirviese como modelo de esa Ley moral a la que se refiere Kant, veo muy difícil que se pudiese pasar del primer estadio demoniaco.
Otto continua afirmando: “A quienes acostumbran a pensar la divinidad únicamente por sus predicados racionales ha de presentárseles como un humor caprichoso, como una pasión arbitraria. Los fieles de la Antigua Ley hubieran rechazado seguramente con energía esta interpretación. Pues a ellos la cólera divina no les parecía aminorar la santidad, sino expresión natural de la «santidad», elemento esencial de ella. Pues esta ira no es sino lo tremendo mismo.” [5]
El teólogo alemán, en un intento de explicar el misterium hace una distinción entre lo misterioso y lo problemático: “El objeto realmente misterioso es inaprehensible e incomprensible, no sólo porque mi conocimiento tiene respecto a él límites infranqueables, sino además porque tropiezo con algo absolutamente heterogéneo, que por su género y su esencia es inconmensurable con mi esencia, y que por esta razón me hace retroceder espantado.” [6]
Otto, en su afán por explicar lo numinoso, explica que por muy intensa que sea la atención no llegamos a sacarla a la luz de la inteligencia comprensiva, sino que permanece en la irremisible oscuridad de la experiencia inconcebible, puramente sentimental. Esto quiere decir para nosotros que es irracional, que es lo irracional en estado puro.
Pone como ejemplo de numinoso el relato del segundo libro de Moisés, de cómo Yahveh, colérico, ataca a Moisés en la noche y quiere quitarle la vida. Dice que este relato conserva todavía ese carácter, y sin embargo a nosotros nos produce una impresión casi pavorosa. Y nombra también como auténticamente numinosa la aparición de Dios en la zarza ardiente y el versículo siguiente del libro segundo de Moisés.
Pero para nuestro autor, el concepto de lo numinoso se evidencia en su máximo grado de pureza y misterio en el capítulo XXXVIII del libro de Job, que figura entre los más notables de la historia de la religión. Job ha pleiteado con sus amigos contra Elohim, y sostiene frente a ellos su causa. Estos han tenido que callarse a sus razones, pero cuando aparece el propio Elohim para defenderse por sí mismo, lleva su defensa con tal fortuna que Job se declara vencido (vencido realmente y por derecho, y no tan sólo forzado al silencio por la mera prepotencia, dice Otto). Para ilustrar su punto, Otto destaca las palabras de Job: «Por tanto, me aborrezco y me arrepiento en el polvo y la ceniza.» Para el alemán esta es la señal que atestigua el estar convencido íntimamente de una superioridad, esto es humillación ante algo superior.

Conclusión:

Para finalizar, vamos a resumir las características de las ideas que estamos exponiendo sobre estos dos autores. Por un lado, tenemos a Kant; quien sostiene que la única manera que tiene el hombre de ser agradable a Dios es a través de su obrar moral. Además, distingue dos tipos de religión: la cultual, que busca favores y la moral, fundada en la conducta buena, la única que resulta agradable a Dios. Para Kant, cuando no se reconoce que el uso de la razón es el único criterio para conocer la verdad, incluso en las cuestiones relacionadas con lo suprasensible, se puede pasar a la superstición.
Por último, afirma que es ilusorio creer que haya algo que agrade a Dios, a no ser una buena conducta. Por otro lado, para Otto, aun cuando los predicados racionales están en el término más visible, dejan inexhausta la idea de la divinidad.
El teísmo moral kantiano es crítico, declara insuficientes las pruebas especulativas de la existencia de Dios, pues considera imposible demostrar la existencia de modo apodícticamente cierto, pero está convencido de la existencia de Dios y su fe está libre de toda duda, el fundamento donde edifica esta fe es inquebrantable y nunca podrá ser derribado. Este fundamento es la moral, y considera que su fe en Dios es tan cierta como una demostración matemática. Este es el sistema de los deberes conocidos a priori, de una manera cierta, por la razón pura. Ahora tiene el hombre un fundamento seguro sobre el que poder edificar su fe en Dios: no necesita ninguna prueba especulativa de su existencia, sino que está convencido de esta con certeza porque, de lo contrario, tendría que rechazar las leyes de la moralidad fundadas en la naturaleza de su ser y por ello absolutamente necesarias. Por eso la existencia de un sabio Gobernante del mundo es un postulado necesario de la razón práctica.
Como conclusión habría que decir que la influencia de la obra de Kant será enorme para la religión. Aunque no fuese su intención, Kant colaboró con la destrucción de la metafísica en la religión, y lo quisiera o no, también inició la era positivista en la cual todo lo que remite a la metafísica o religión es desacreditado como superstición. También dio paso a una ética libre de toda religión que enlaza con el Humanismo el cual va sustituyendo a la religión, porque si la razón humana es la única responsable de la acción moral, el hombre puede ser un fin en sí mismo.

Bibliografía:

-Derrida, J. (2006). Dar la muerte. Barcelona: Paidos Ibérica.
-Kant, I. (1969). La religión dentro de los límites de la mera razón. Madrid: Alianza.
-Kant, I. (2005). Crítica de la razón práctica. México: FCE.
-Kierkegaard, S. (2005). Temor y temblor. Madrid: Alianza.
-Otto, R. (1998). Lo Santo. Madrid: Alianza.
-Stendebach, F, J. (1996). Introducción al Antiguo Testamento. Barcelona: Herder.






[1] Kant, La religión dentro de los límites de la mera razón, Alianza 1969, 3ªparte, pag.139.
[2] Otto, Rudolf. Lo Santo. Alianza, Madrid 1994, pag.21.
[3] Otto, Rudolf. Lo Santo. Alianza, Madrid, 1998, pag.11.
[4] Otto, Rudolf. Lo Santo.Alianza, Madrid, 1998, pag.27.
[5] Otto, Rudolf. Lo Santo. Alianza, Madrid, 1998, 4, pag.28.
[6] Otto, Rudolf. Lo Santo. Alianza, Madrid, 1998, 5, pag. 40.