lunes, 14 de marzo de 2016

Los cuadrados mágicos


Por: Ivan Ruiz-Larrea, Máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: ruizlarrea@hotmail.com


Nos parece interesante en este trabajo referirnos a uno de los aspectos que se pueden observar en varios ejemplos de espejos mágicos, que han llegado hasta nosotros, y que los relacionan con el uso de otro elemento mágico de gran difusión en el mundo islámico, como es el de los cuadrados mágicos.
Encontramos cuadrados mágicos sobre todo a partir del siglo XII, época en la cual hay una gran proliferación de objetos de usos mágicos. 

Los inicios de estos cuadrados parecen ser que pueden remontarse a varios siglos antes: 

“The earliest recording of a magic square at its simplest -3x3- is referred to by the 8th century alchemist Jabir ibn Hayyan. This square (he mentions it in the context of assisting a childbirth) is the most popular used.”[1]

Aquí se nos da un posible uso de estos espejos y cuadrados mágicos como es el factor asistencial o adivinatorio en los partos, algo que podrá confirmarse más adelante con la imagen presentada. Además se describen los primeros cuadrados mágicos, de 3x3 conocidos como wafq, que son los más antiguos y que algunos conectan con posibles orígenes chinos[2], y que otros lo vinculan a la introducción del ajedrez en Persia.[3]

El reverso de un espejo mágico.
La disciplina encargada de los cuadrados mágicos era conocida como la wafq al-a⁽dād o “disposición armoniosa de los números”. La ciencia de los números y de las letras (ilm al-hurūf) se vinculaba a la tradición pitagórica, y en ella había una interpretación de la correspondencia entre números y letras, conocida como jafr. Se asociaba al Imam Jafar al-Sādiq muerto en el 765 y que gozaba de gran autoridad.

Para la elaboración de los cuadrados mágicos más sencillos de 3x3, se tenía en cuenta los nueve primeros números enteros, y se disponían formando filas y columnas que sumasen quince, cada una por separado. Las diagonales mayores del cuadrado también debían sumar quince. La suma de las columnas o de las filas (15+15+15) originaba el número adánico (45), es decir, el que equivalía al del nombre de Adán. En las esquinas del cuadrado se disponían cuatro números que se correspondían con ciertas letras en el alfabeto y que daban lugar a una palabra. Dichos números con sus correspondientes letras eran: 


2=b; 6=w/u; 4=d; 8=u


Estos números formaban la palabra buduh, cuya mención estaba cargada de poder. Si no se sabía construir un cuadrado mágico, se podía invocar el nombre (buduh) para remediar los dolores de estómago, la impotencia temporal, o incluso para convertirse en invisible. 

Con dicho cuadrado se asociaban también los nombres de los cuatro arcángeles. Durante el siglo XIII se empezarán a conocer cuadrados más grandes y complejos, en los que se debe apreciar la misma suma en la disposición de los números de las columnas, las líneas y las diagonales principales. Algunos de los cuadrados eran de una enorme complejidad aritmética, y siempre en una correspondencia de cálculos entre la posición que una letra de una frase o de un nombre tenía en el alfabeto, y ciertas proporciones numéricas que se debían de alcanzar mediante cálculos. Pero ya encontramos cuadrados que incluyen números de varios dígitos y que proporcionan valores numéricos concretos a un nombre, generándose grandes números.

En el siglo XIII se desarrollará además una literatura que explicará los atributos de los cuadrados y que se preocupe por mantener viva la teoría general para ayudar a sus lectores a construirse sus amuletos. Tenemos por ejemplo el “Tratado de la disposición mágica de números en cuadrados” de Abu l´Wafa al-Buzjani. 
 



En las imágenes anteriores[4] podemos apreciar el detalle extraído de dos cuadros. El representado en el margen izquierdo reproduce el uso de un espejo mágico, dotado de un cuadrado mágico en su reverso, y que podría estar haciendo también las veces de astrolabio. La pintura (presentada más adelante) nos habla del viaje del rey Kaykavus, elevado por cuatro grandes águilas a los cielos, en un cuadro del siglo XVII, sobre una leyenda de origen persa recogida por Firdawsi en su Shahnamah. En dicho cuadro se puede apreciar el uso del hebreo como letras con cierto valor mágico, y que en un pequeño libro abierto observa el mago.

En el detalle representado en el margen derecho, podemos ver el uso de un espejo mágico, dotado de un cuadrado mágico, durante la asistencia a un parto (como se puede ver más abajo en el cuadro al completo). Esta historia también recogida en el Shahnamah de Firdawsi cuenta el nacimiento de Rustam, en una pintura de finales del siglo XVIII, elaborada en India. Así se nos muestra con mayor claridad el uso curativo y/o adivinatorio de espejos y cuadrados mágicos en el Islam.  

No queremos terminar el presente trabajo sin aportar un pequeño dato propio.


Conclusión


Dentro de toda esta abundancia de cuadrados mágicos y de leyendas sobre su origen, sin querer ser temerarios en las conclusiones, nos es difícil no vincular las leyendas sobre el comienzo de los cuadrados mágicos[5] a la aparición del ajedrez en Persia y a las historias que vinculaban el origen del ajedrez con el Secretum Secretorum (Sirr alasrār), que se suponía escrito por Aristóteles para Alejandro Magno, y que, mediante el uso del tablero de ajedrez y de ciertos valores y cálculos numéricos, le determinaría la disposición de los ejércitos para la victoria en las batallas[6]. Esto nos hace identificar el uso del ajedrez, tan extendido en el mundo árabe, con ciertas prácticas mágicas numéricas y/o adivinatorias. 

Sea como fuere, el uso del espejo con fines mágicos, tan extendido en múltiples culturas, presenta unas características propias en el Islam, haciendo que su soporte cobre también un valor mágico mediante la representación de los cuadrados mágicos, que, unas veces por la desaparición del espejo tras su deterioro y otras desde la grabación del cuadrado en el reverso del espejo, funcionan como amuletos con diversos fines.

En el Islam, si bien desconocemos cómo funcionaba exactamente el procedimiento para utilizar los espejos con fines mágicos, gracias a los cuadrados mágicos y a la literatura presente, podemos plantear un panorama aproximado de su funcionamiento.

Por último es destacable la interrelación entre diferentes prácticas mágicas, que este trabajo aborda brevemente, en el uso de un instrumento con una fuerte carga simbólica y conceptual dentro del Islam, como es la adivinación mediante imágenes, la numerología, el uso de letras con su función simbólico-mágica, el cálculo y la simetría, y todo ello para un uso curativo, apotropaico y adivinatorio, dentro de una cultura que une estos procesos con las ciencias de la naturaleza y el uso de instrumentos técnicos, incluyendo el uso de la magia dentro de las instituciones y conocimientos legítimos.  

Bibliografía:

Bürgel, J. C. The Feather of Simurgh: the “Licit Magic” of the Arts in Medieval Islam. New York University Press, 1988

Encyclopaedia of Islam. Leiden: Brill, 1993  

Keats, V. A. Chess in jewish history and Hebrew Literature. Jerusalem: The Magnes, 1995

Maddison, F. & Savage-Smith, E. Science, Tools and Magic. Part 1. London: Azimuth, 1997

Pendergrast, M. Historia de los espejos. Barcelona: Ediciones B, 2003

Savage-Smith, E. Magic and Divination in Early Islam. Aldershot: Ashgate, 2004

Sesiano, J. Quadratus Mirabilis, en The Enterprise of science in Islam: new perspectives. Cambridge: MIT, 2003

Trachtenberg, J. Jewish Magic and Superstition. New York: Atheneum, 1987

Wasserström, S. M. Between Muslim and Jew. The problem of Symbiosis under Early Islam. Princeton: Princeton University Press, 1995.





[1] Encyclopaedia of Islam. Leiden: Brill, 1993 vol. XI Buscar por wafk

[2] Savage-Smith, op.cit. pág. XXV.

[3] 14 Sesiano, J. Quadratus Mirabilis, en The Enterprise of science in Islam: new perspectives. Cambridge: MIT, 2003. Pp. 199-234

[4] Todas las imágenes han sido extraídas de Maddison, F. & Savage-Smith, E. Science, Tools and Magic. Part 1. London: Azimuth, 1997

[5] Además de lo referido, en la Encyclopaedia of Islam. Vol. XI pág. 31,  se nos muestra un cuadrado de cuatro filas y columnas y que se organiza usando los movimientos del ajedrez de ciertas figuras.


[6] Keats, V. A. Chess in jewish history and Hebrew Literature. Jerusalem: The Magnes, 1995. Pp. 41-53 Encontramos en estas páginas la historia y los documentos hebreos que tratan de este juego y su uso mágico.

El surgimiento del Islam

Por: Manuel Porra Brotons, doctorando en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: porrabrotons@esmas.com



1. Arabia preislámica




Arabia antes del Islam era una tierra de traficantes y mercaderes; el comercio lo realizaban con caravanas que iban por el golfo Pérsico utilizando las vías fluviales de Mesopotamia, hasta llegar a Tadmor y Palmira, que eran grandes centros comerciales y desde allí a Damasco y Occidente. Había continuas guerras entre las diversas tribus y eran frecuentes los ataques a las caravanas de mercaderes.

La prosperidad de esta tierra dependía de que por sus ciudades pasasen las caravanas con el comercio que estas traían. En el centro de la península Arábiga hay desiertos y estepas.

Hay muchas cosas que se desconocen sobre la historia de la Arabia pre-islámica. En el sur de Arabia, en las tierras del Yemen, existía una importante civilización, esto se sabe por inscripciones y ruinas encontradas en esta zona. Para situar esta civilización habría que remontarse a dos o tres mil años antes de la era cristiana, al reino de Saba.

Las primeras dinastías corresponden a los Mineos y Sabeos, a estos les sucede el reino de los Himyaríes, unos siglos antes de Jesucristo. Durante el reinado de los Himyaríes van entrando en Arabia grupos de judíos y cristianos de gran importancia cualitativa porque Mahoma está en contacto con ellos y conoce sus doctrinas. En el Corán se cita muchos pasajes de las Escrituras de judíos y cristianos. Es interesante conocer estas Escrituras para comprender el contexto donde surge el Islam.

Du Nuwas es el último rey Himyarí que se había convertido al judaísmo, persiguió de forma violenta a los cristianos de Nagrán en el año 523 después de Jesucristo. Esto provocó la invasión de los abisinios de Aksum que eran cristianos y acabaron con la dinastía Himyarí. Se cree que el jefe abisinio Abraha intentó una expedición contra La Meca.

Los persas expulsan a los abisinios a finales del siglo VII, manteniéndose el gobierno persa hasta los primeros días del Islam.

El comercio había dado mucha prosperidad a las ciudades de Petra y Palmyra, situadas en regiones del norte de Arabia. El emperador Trajano, en el año 106, se apoderó de Petra y formó la provincia de Arabia con los territorios conquistados.

Los romanos y los persas para defender el “limes” árabe contra las tribus beduinas, hicieron pactos con otras poderosas tribus en las que influyeron para que se interesaran en defender las fronteras y les dieron privilegios en forma de reinos más o menos independientes.

Se estabiliza en el “limes” romano la dinastía de los Gassaníes, tribu árabe que residía en la Arabia pre-islámica. Los Gassaníes eran nómadas, en ellos fue arraigando el cristianismo monofisita.

Los árabes sedentarios de la tribu de los Lahmíes establecieron su capital en Hira. Muchos de los Lahmíes abrazaron el nestorianismo, otra de las herejías del cristianismo junto con la monofisita. Sus monarcas cortaban el paso de los beduinos a las tierras del Eufrates.

En el centro de Arabia se encontraba el reino de Kinda, fundado hacia el año 480 después de Jesucristo. La existencia de este reino no fue muy estable.

El Dahr o tiempo respecto a las creencias y ritos religiosos de los habitantes de la Arabia pre-islámica, era un término con el que los poetas pre-islámicos se referían a un destino preordenado, hado o muerte, contra el que no había defensa o posibilidad de llegar a un acuerdo. Podían constatar que la vida humana y las cosas se destruían pero algunos fenómenos naturales resistían a esa fuerza destructiva. Al contemplar este contraste podían llegar a la noción abstracta de eternidad.

Veneraban los astros, profesaban el culto a los ídolos y tenían una mínima idea de la supervivencia del alma, que identificaban con el aliento vital. Daban culto a unas piedras en las que se suponía habitaba la divinidad. Se creía que los árboles, las piedras, las fuentes y otros objetos naturales eran lugares donde residían dioses menores. Se veneraba a los antepasados hasta tal punto que se veían como deidades.

Acudían a lugares de culto en ciertos meses del año, donde se celebraban fiestas y ferias. Tenían también santuarios y templos en muchos lugares, el más famoso de los cuales era el de La Meca. Allí se daba culto a varias divinidades y se veneraba la llamada Piedra Negra ó Ka`ba. Cuenta la tradición que el lugar de la Ka`ba fue creado antes que el resto del mundo. Los nómadas en sus migraciones llevaban dioses portátiles.

La ciudad de La Meca, era un importante centro de cultos paganos. Los ofrecimientos a los dioses y las festividades que les acompañaban eran un buen negocio para los encargados del mantenimiento del templo y de las necesidades de los visitantes.

Los guardianes del templo se elegían entre los miembros de los Quraish que era la tribu a la que perteneció Mahoma.

Algunos árabes profesaban el monoteísmo, sin ser cristianos o judíos; tenían prácticas ascéticas y se les llamaba Hanif. También existían grupos de judíos y cristianos.

Para los paganos Alá era el Alto Dios. No era el único objeto de adoración ni tampoco el único dios existente. Veían a Alá como el creador de los cielos y de la tierra pero no se había sacado de esto ninguna conclusión moral que afectase al comportamiento individual.

Para los paganos Alá era el dios al que se acudía en tiempo de peligro inminente, por ejemplo, una tormenta en el mar. Una vez alejado el peligro, los paganos no consideraban que fuera necesario responder con gratitud a Alá, sino que seguían adorando a los ídolos de la tribu que para ellos eran mucho más cercanos.

Se consultaba a los dioses sobre temas domésticos y otras preocupaciones; se solicitaba su ayuda para pedir la lluvia y ayuda en el combate contra una tribu rival. Aunque se pidiese consejo, este no siempre se aceptaba con gratitud pues la relación del hombre con sus dioses no era de temor piadoso y respeto. También se consultaba a adivinos.

La vida después de esta vida no suponía ni un temor especial ni una preocupación para los árabes. La eternidad (Julud) era como el espacio entre el nacimiento y la muerte.

Los árabes paganos se sometían antes a la tradición oral tribal Sunna que al poder de los dioses. La moral de la Sunna se centraba en la noción de Muruwwa, que se puede definir como “virtud” o como “hombría”, cuyas expresiones se materializaban en actos de coraje, generosidad, lealtad, venganza y demás.

La conducta correcta se medía de acuerdo al grado de conformidad con las costumbres ancestrales y la defensa del honor tribal. Desviarse del código se castigaba apartando de la tribu a esa persona, que sin tribu, no tenía nombre y era como si no existiese.

La justicia no estaba ni garantizada ni administrada por Dios o los dioses, sino por el jefe de la tribu, los ancianos y por las amenazas de represalia.



2. El surgimiento del Islam




Según la creencia islámica, la doctrina islámica fue revelada en el siglo VII, años 610 al 632 de la era cristiana, a Mahoma para que éste la predicara a la humanidad. Muhammad, en árabe, significa “lleno de alabanzas”. Al pronunciar este nombre los que no hablan árabe fue deformándose en Mahoma y otras variantes en diversas lenguas.

La Revelación del Islam y su predicación tuvieron lugar en la península Arábiga, en la región llamada Hiyaz que es una barrera de montes situada entre el mar Rojo y la meseta del Nagd. Los principales centros habitados eran La Meca, Taif y Yatrib.

En algunos puntos de la costa y en los oasis al norte de Yatrib había núcleos de población. Como ya se ha dicho al principio, en el desierto vivían los beduinos, trasladándose por las áridas estepas y arenales en busca del sustento. Estaban en continuas guerras contra los que no pertenecían a su tribu, vivían del pastoreo, la caza y los asaltos a las caravanas. La vida social del beduino se reducía a su familia y a su tribu.

Sus valores eran la hospitalidad, la inviolabilidad del huésped, la fidelidad a lo prometido y la venganza por la sangre derramada.

En estas circunstancias surge el Islam, que es una religión que cree en un Ser Supremo y cuyo monoteísmo es muy estricto. Al-lah es el nombre de Dios en árabe.



El Islam es una religión que se declara de un monoteísmo estricto, como se expresa, por ejemplo, en la siguiente frase: “Dios no ha adoptado ningún hijo ni junto a Él hay dios alguno. Si así fuera, cada dios se habría atribuido lo que hubiera creado y unos habrían sido superiores a otros. ¡Gloria a Dios, que está por encima de lo que explican! (Corán, 23, 93/91).

Los fieles del Islam creen, pues, en la existencia de un solo Dios, que es Eterno, Omnipotente, Creador, Omnipresente, Omnisciente, etc. Con estos epítetos nos estamos refiriendo al mismo concepto de Dios, Ser Supremo, del judaísmo y del cristianismo. Los cristianos y judíos de lengua árabe también se dirigen a Dios bajo la denominación de Al-lah.

El término musulmán viene del árabe Muslim (plural Muslimun) participio activo del verbo Aslama que significa “entregarse a Dios”, “los que están en el camino de la salvación”. El Islam es la comunidad universal de los musulmanes.

Musulmán se aplica a las personas, islámico se refiere a las distintas expresiones culturales que los fieles del Islam producen como tales, por ejemplo, la teología, la jurisprudencia, el arte, la música, la literatura, la historia, etc.

Neomusulman es una persona convertida al Islam que no era musulmán de nacimiento.

Los fieles del Islam son llamados erróneamente Mahometanos. El uso de este término es erróneo porque implica suponer que los musulmanes creen en Mahoma, lo cual, según la teología islámica, no es correcto, pues en quien creen es en Allah.

Igualmente, hablar de secta mahomética aplicada al Islam es un gran error porque no es una secta sino una de las tres religiones, continuadora del monoteísmo de Abraham.

Los musulmanes dicen que la misión profética de Mahoma no es solo la continuación de la tradición religiosa judía y cristiana, el Islam es la culminación de la Revelación divina y que los judíos y cristianos solo recibieron una parte de esa Revelación. El Islam cree que después de Mahoma ya no habrá ningún otro profeta. En el Corán, Mahoma es el Sello de los profetas, el último de los enviados.

La mayoría de los musulmanes dicen que el Corán es increado, como lo es Dios, que contiene la expresión perfecta del monoteísmo.

Dicen los musulmanes que el Corán no se puede traducir, sino que sólo se traducen sus ideas para los que no hablan el árabe. El árabe es la lengua de culto de los musulmanes porque es en esta lengua en la que Dios dictó su mensaje a Mahoma.

Muchas veces se confunde el ser árabe con ser musulmán, sin embargo, está claro que hay personas que hablan el árabe y no son musulmanes y personas que no hablan el árabe y son musulmanes.

Otro nombre erróneo para referirse a los musulmanes es el de “moro”. Este nombre se toma de los habitantes indígenas de la Mauritania romana, territorio que no tiene nada que ver con la actual Mauritania.

Bereber se utilizaba a veces como sinónimo de moro y también alude a los habitantes del norte de África. Es erróneo confundir musulmán con moro o bereber.

Hay musulmanes de otros orígenes étnicos y geográficos, por ejemplo, iraníes, malayos, eslavos o americanos, entre otros muchos ejemplos. También hay moros y bereberes que son judíos o cristianos.



Bibliografía



Bramon Dolors, Una introducción al Islam: religión, historia y cultura; traducción de Rosa LLuch Bramón; (prólogo de J. Vernet), Barcelona, Editorial Crítica, 2002.



Pareja Félix María, Islamología; en colaboración con Alessandro Bausani, Ludwig von Herting, con un apéndice sobre la literatura arábigo española por Elías Terés Sadaba, Madrid: Razón y Fe, 1952-1954, 2 volumenes.



Waines David, El Islam, revisión de la traducción y edición española a cargo de Maribel Fierro; traducción de Consuelo Pérez-Benítez, Cambridge: Cambridge University Press, 2002.

lunes, 8 de febrero de 2016

Editorial: Febrero 2016


De dioses y hombres es un blog de investigación dedicado al estudio de las ciencias de las religiones y la mitología, coordinada y dirigida por el profesor y Máster en Literatura Clásica de la Universidad de Costa Rica José Marco Segura Jaubert y por el profesor y doctorando de la Universidad Complutense de Madrid Carmelo Morales Marcos.
Este mes os traemos tres nuevos e interesantes artículos: el Doctor por la U.P.M Jorge Mateos Enrich en el presente artículo nos resalta el papel de la mujer en el Islám primitivo y para ello recorre un camino inverso, desde el presente hasta el pasado. Esto va a ayudar a comprender una serie de hechos, circunstancias, situaciones y aspectos que hoy, en los albores del siglo XXI, se dan por supuestos sin contrastarlos de forma precisa. La máster en Ciencias de las Religiones por la U.C.M  Jenifer Montiel nos presenta en su artículo una nueva institución que estaba relacionada con la existencia de mujeres dedicadas al cuidado del templo y de la deidad que en él se veneraba, llegando a formar incluso una casta propia. Esta institución son las Devadās, mujeres que viven en el templo o en sus alrededores y cuyas funciones residen en cuidar de él, del sacerdote y, por supuesto, de la deidad, simbolizada por un ídolo. Por último el Doctorando en Ciencias de las Religiones por la UCM Pietro Víktor Carracedo Ahumada nos habla en su artículo sobre la Simbología y estética de la figura alada. Las alas son uno de los símbolos más extendidos en la iconografía religiosa, debido en gran parte a todos los símbolos y connotaciones que puede ofrecer, más que a su pura estética o relación física con el sujeto.