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lunes, 14 de marzo de 2016

El surgimiento del Islam

Por: Manuel Porra Brotons, doctorando en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.

Correo electrónico: porrabrotons@esmas.com



1. Arabia preislámica




Arabia antes del Islam era una tierra de traficantes y mercaderes; el comercio lo realizaban con caravanas que iban por el golfo Pérsico utilizando las vías fluviales de Mesopotamia, hasta llegar a Tadmor y Palmira, que eran grandes centros comerciales y desde allí a Damasco y Occidente. Había continuas guerras entre las diversas tribus y eran frecuentes los ataques a las caravanas de mercaderes.

La prosperidad de esta tierra dependía de que por sus ciudades pasasen las caravanas con el comercio que estas traían. En el centro de la península Arábiga hay desiertos y estepas.

Hay muchas cosas que se desconocen sobre la historia de la Arabia pre-islámica. En el sur de Arabia, en las tierras del Yemen, existía una importante civilización, esto se sabe por inscripciones y ruinas encontradas en esta zona. Para situar esta civilización habría que remontarse a dos o tres mil años antes de la era cristiana, al reino de Saba.

Las primeras dinastías corresponden a los Mineos y Sabeos, a estos les sucede el reino de los Himyaríes, unos siglos antes de Jesucristo. Durante el reinado de los Himyaríes van entrando en Arabia grupos de judíos y cristianos de gran importancia cualitativa porque Mahoma está en contacto con ellos y conoce sus doctrinas. En el Corán se cita muchos pasajes de las Escrituras de judíos y cristianos. Es interesante conocer estas Escrituras para comprender el contexto donde surge el Islam.

Du Nuwas es el último rey Himyarí que se había convertido al judaísmo, persiguió de forma violenta a los cristianos de Nagrán en el año 523 después de Jesucristo. Esto provocó la invasión de los abisinios de Aksum que eran cristianos y acabaron con la dinastía Himyarí. Se cree que el jefe abisinio Abraha intentó una expedición contra La Meca.

Los persas expulsan a los abisinios a finales del siglo VII, manteniéndose el gobierno persa hasta los primeros días del Islam.

El comercio había dado mucha prosperidad a las ciudades de Petra y Palmyra, situadas en regiones del norte de Arabia. El emperador Trajano, en el año 106, se apoderó de Petra y formó la provincia de Arabia con los territorios conquistados.

Los romanos y los persas para defender el “limes” árabe contra las tribus beduinas, hicieron pactos con otras poderosas tribus en las que influyeron para que se interesaran en defender las fronteras y les dieron privilegios en forma de reinos más o menos independientes.

Se estabiliza en el “limes” romano la dinastía de los Gassaníes, tribu árabe que residía en la Arabia pre-islámica. Los Gassaníes eran nómadas, en ellos fue arraigando el cristianismo monofisita.

Los árabes sedentarios de la tribu de los Lahmíes establecieron su capital en Hira. Muchos de los Lahmíes abrazaron el nestorianismo, otra de las herejías del cristianismo junto con la monofisita. Sus monarcas cortaban el paso de los beduinos a las tierras del Eufrates.

En el centro de Arabia se encontraba el reino de Kinda, fundado hacia el año 480 después de Jesucristo. La existencia de este reino no fue muy estable.

El Dahr o tiempo respecto a las creencias y ritos religiosos de los habitantes de la Arabia pre-islámica, era un término con el que los poetas pre-islámicos se referían a un destino preordenado, hado o muerte, contra el que no había defensa o posibilidad de llegar a un acuerdo. Podían constatar que la vida humana y las cosas se destruían pero algunos fenómenos naturales resistían a esa fuerza destructiva. Al contemplar este contraste podían llegar a la noción abstracta de eternidad.

Veneraban los astros, profesaban el culto a los ídolos y tenían una mínima idea de la supervivencia del alma, que identificaban con el aliento vital. Daban culto a unas piedras en las que se suponía habitaba la divinidad. Se creía que los árboles, las piedras, las fuentes y otros objetos naturales eran lugares donde residían dioses menores. Se veneraba a los antepasados hasta tal punto que se veían como deidades.

Acudían a lugares de culto en ciertos meses del año, donde se celebraban fiestas y ferias. Tenían también santuarios y templos en muchos lugares, el más famoso de los cuales era el de La Meca. Allí se daba culto a varias divinidades y se veneraba la llamada Piedra Negra ó Ka`ba. Cuenta la tradición que el lugar de la Ka`ba fue creado antes que el resto del mundo. Los nómadas en sus migraciones llevaban dioses portátiles.

La ciudad de La Meca, era un importante centro de cultos paganos. Los ofrecimientos a los dioses y las festividades que les acompañaban eran un buen negocio para los encargados del mantenimiento del templo y de las necesidades de los visitantes.

Los guardianes del templo se elegían entre los miembros de los Quraish que era la tribu a la que perteneció Mahoma.

Algunos árabes profesaban el monoteísmo, sin ser cristianos o judíos; tenían prácticas ascéticas y se les llamaba Hanif. También existían grupos de judíos y cristianos.

Para los paganos Alá era el Alto Dios. No era el único objeto de adoración ni tampoco el único dios existente. Veían a Alá como el creador de los cielos y de la tierra pero no se había sacado de esto ninguna conclusión moral que afectase al comportamiento individual.

Para los paganos Alá era el dios al que se acudía en tiempo de peligro inminente, por ejemplo, una tormenta en el mar. Una vez alejado el peligro, los paganos no consideraban que fuera necesario responder con gratitud a Alá, sino que seguían adorando a los ídolos de la tribu que para ellos eran mucho más cercanos.

Se consultaba a los dioses sobre temas domésticos y otras preocupaciones; se solicitaba su ayuda para pedir la lluvia y ayuda en el combate contra una tribu rival. Aunque se pidiese consejo, este no siempre se aceptaba con gratitud pues la relación del hombre con sus dioses no era de temor piadoso y respeto. También se consultaba a adivinos.

La vida después de esta vida no suponía ni un temor especial ni una preocupación para los árabes. La eternidad (Julud) era como el espacio entre el nacimiento y la muerte.

Los árabes paganos se sometían antes a la tradición oral tribal Sunna que al poder de los dioses. La moral de la Sunna se centraba en la noción de Muruwwa, que se puede definir como “virtud” o como “hombría”, cuyas expresiones se materializaban en actos de coraje, generosidad, lealtad, venganza y demás.

La conducta correcta se medía de acuerdo al grado de conformidad con las costumbres ancestrales y la defensa del honor tribal. Desviarse del código se castigaba apartando de la tribu a esa persona, que sin tribu, no tenía nombre y era como si no existiese.

La justicia no estaba ni garantizada ni administrada por Dios o los dioses, sino por el jefe de la tribu, los ancianos y por las amenazas de represalia.



2. El surgimiento del Islam




Según la creencia islámica, la doctrina islámica fue revelada en el siglo VII, años 610 al 632 de la era cristiana, a Mahoma para que éste la predicara a la humanidad. Muhammad, en árabe, significa “lleno de alabanzas”. Al pronunciar este nombre los que no hablan árabe fue deformándose en Mahoma y otras variantes en diversas lenguas.

La Revelación del Islam y su predicación tuvieron lugar en la península Arábiga, en la región llamada Hiyaz que es una barrera de montes situada entre el mar Rojo y la meseta del Nagd. Los principales centros habitados eran La Meca, Taif y Yatrib.

En algunos puntos de la costa y en los oasis al norte de Yatrib había núcleos de población. Como ya se ha dicho al principio, en el desierto vivían los beduinos, trasladándose por las áridas estepas y arenales en busca del sustento. Estaban en continuas guerras contra los que no pertenecían a su tribu, vivían del pastoreo, la caza y los asaltos a las caravanas. La vida social del beduino se reducía a su familia y a su tribu.

Sus valores eran la hospitalidad, la inviolabilidad del huésped, la fidelidad a lo prometido y la venganza por la sangre derramada.

En estas circunstancias surge el Islam, que es una religión que cree en un Ser Supremo y cuyo monoteísmo es muy estricto. Al-lah es el nombre de Dios en árabe.



El Islam es una religión que se declara de un monoteísmo estricto, como se expresa, por ejemplo, en la siguiente frase: “Dios no ha adoptado ningún hijo ni junto a Él hay dios alguno. Si así fuera, cada dios se habría atribuido lo que hubiera creado y unos habrían sido superiores a otros. ¡Gloria a Dios, que está por encima de lo que explican! (Corán, 23, 93/91).

Los fieles del Islam creen, pues, en la existencia de un solo Dios, que es Eterno, Omnipotente, Creador, Omnipresente, Omnisciente, etc. Con estos epítetos nos estamos refiriendo al mismo concepto de Dios, Ser Supremo, del judaísmo y del cristianismo. Los cristianos y judíos de lengua árabe también se dirigen a Dios bajo la denominación de Al-lah.

El término musulmán viene del árabe Muslim (plural Muslimun) participio activo del verbo Aslama que significa “entregarse a Dios”, “los que están en el camino de la salvación”. El Islam es la comunidad universal de los musulmanes.

Musulmán se aplica a las personas, islámico se refiere a las distintas expresiones culturales que los fieles del Islam producen como tales, por ejemplo, la teología, la jurisprudencia, el arte, la música, la literatura, la historia, etc.

Neomusulman es una persona convertida al Islam que no era musulmán de nacimiento.

Los fieles del Islam son llamados erróneamente Mahometanos. El uso de este término es erróneo porque implica suponer que los musulmanes creen en Mahoma, lo cual, según la teología islámica, no es correcto, pues en quien creen es en Allah.

Igualmente, hablar de secta mahomética aplicada al Islam es un gran error porque no es una secta sino una de las tres religiones, continuadora del monoteísmo de Abraham.

Los musulmanes dicen que la misión profética de Mahoma no es solo la continuación de la tradición religiosa judía y cristiana, el Islam es la culminación de la Revelación divina y que los judíos y cristianos solo recibieron una parte de esa Revelación. El Islam cree que después de Mahoma ya no habrá ningún otro profeta. En el Corán, Mahoma es el Sello de los profetas, el último de los enviados.

La mayoría de los musulmanes dicen que el Corán es increado, como lo es Dios, que contiene la expresión perfecta del monoteísmo.

Dicen los musulmanes que el Corán no se puede traducir, sino que sólo se traducen sus ideas para los que no hablan el árabe. El árabe es la lengua de culto de los musulmanes porque es en esta lengua en la que Dios dictó su mensaje a Mahoma.

Muchas veces se confunde el ser árabe con ser musulmán, sin embargo, está claro que hay personas que hablan el árabe y no son musulmanes y personas que no hablan el árabe y son musulmanes.

Otro nombre erróneo para referirse a los musulmanes es el de “moro”. Este nombre se toma de los habitantes indígenas de la Mauritania romana, territorio que no tiene nada que ver con la actual Mauritania.

Bereber se utilizaba a veces como sinónimo de moro y también alude a los habitantes del norte de África. Es erróneo confundir musulmán con moro o bereber.

Hay musulmanes de otros orígenes étnicos y geográficos, por ejemplo, iraníes, malayos, eslavos o americanos, entre otros muchos ejemplos. También hay moros y bereberes que son judíos o cristianos.



Bibliografía



Bramon Dolors, Una introducción al Islam: religión, historia y cultura; traducción de Rosa LLuch Bramón; (prólogo de J. Vernet), Barcelona, Editorial Crítica, 2002.



Pareja Félix María, Islamología; en colaboración con Alessandro Bausani, Ludwig von Herting, con un apéndice sobre la literatura arábigo española por Elías Terés Sadaba, Madrid: Razón y Fe, 1952-1954, 2 volumenes.



Waines David, El Islam, revisión de la traducción y edición española a cargo de Maribel Fierro; traducción de Consuelo Pérez-Benítez, Cambridge: Cambridge University Press, 2002.

domingo, 4 de octubre de 2015



La posteridad espiritual de Carlos de Foucauld


Por: Manuel Porra Brotons, doctorando de la Universidad Complutense de Madrid.


Correo electrónico: porrabrotons@esmas.com



Carlos de Faucauld
Carlos muere asesinado en un aparente fracaso porque no se ha cumplido su deseo de que otros continúen con su obra. Es más tarde cuando otros recogen la semilla de la espiritualidad de Carlos y la ponen a germinar.

Una primera persona es Louis Massignon que llegó a conocer a Carlos, es fiel a su mensaje y además tenía como él un gran conocimiento del Islam. La experiencia del amor es la que une a Massignon con Carlos de Foucauld.

Otra persona que pone en marcha el carisma de Carlos es René Voillaume. A René Voillaume le gusta la soledad y la lectura como a Carlos y funda una Fraternidad en Argelia ayudado por la Hermana Magdalena.

Quisieron llamarse Hermanitos del Sagrado Corazón pero no podían utilizar este nombre entre los musulmanes y se llamaron Hermanos de la oración en soledad. Pretenden seguir una espiritualidad carmelitana. Espiritualidad de oración, trabajo manual y silencio.

La Fraternidad se extiende al desierto después de haber conocido mejor el país, eran nómadas siguiendo la tradición del desierto. Adaptan la vida religiosa al lugar para familiarizarse con las costumbres.

Esta adaptación de los Hermanos al sitio donde vivían tenía sus límites, no podían adaptarse tanto que perdieran su identidad cristiana. Lo más difícil fue el estudio de la lengua.

La comunidad recibe muchas peticiones con deseo de conocerla y René Voillaume elabora una información resumida explicando la misión de las Fraternidades. En un viaje a Francia las da a conocer en el mundo obrero. René Voillaume se ve influenciado constantemente por la Hermana Magdalena.

Es la primera vez que una vida religiosa en contacto con los hombres es también contemplativa, existe apertura a los otros para un mayor conocimiento mutuo. Los novicios pasan temporadas en el desierto.

Las Fraternidades obreras no podían entrar en las luchas de los trabajadores porque no podían renunciar al testimonio del amor universal, en esto se distanciaran del movimiento de los sacerdotes obreros.

En sus viajes, la Hermana Magdalena arrastra por todo el mundo a René Voillaume y contribuye a la expansión de las Fraternidades, Voillaume era menos emprendedor que ella.

Se crean los Consejos de la Fraternidad Secular y de los Institutos Seculares. Las Fraternidades empiezan primero entre los obreros europeos e islámicos, después en sitios no evangelizados.

Los Hermanitos y Hermanitas viven en todos los ambientes, ejercen su apostolado con su presencia y ejemplo sin diferenciarse del resto de las personas que le rodean. En caso de ser reconocidos serian por sus obras y no por sus palabras.

La Fraternidad de los Hermanitos de Jesús se erige como Instituto de Derecho Diocesano cuando se acepta el texto de las Constituciones por parte de la Congregación de Propaganda Fide.

Cuando la Fraternidad se extiende al mundo por muchos países, pasa a depender de la Congregación para los religiosos.

El modo de vida de la Fraternidad consiste en estar integrados en el lugar donde viven, no llevan hábito religioso y su trabajo es asalariado. Aún así no son un Instituto Secular, sino religiosos viviendo en comunidad.

Para las Fraternidades es fundamental la adoración al Santísimo Sacramento.




Algunos rasgos espirituales fundamentales de los Hermanitos / as de Jesús



Nazaret



Los Hermanitos de Jesús no se preguntan que tipo de vida religiosa es la que siguen, solo quieren vivir como Jesús de Nazaret, haciendo lo que haría Él en unas situaciones concretas.

Los Hermanitos no deben obediencia al superior, solo respeto y exponen sus conflictos al director espiritual siguiendo sus consejos, no se está obligado bajo pena de pecado, obligan por amor a Jesús de Nazaret.



Vocación



Para los Hermanitos/as de Jesús, la vocación es una llamada de Dios y nadie debería comprometerse a ser sacerdote o religioso sin ser llamado por Dios, no basta el llamamiento de la Iglesia a la vocación religiosa, para los Hermanitos se trata de responder a una llamada personal de Dios.

Dan más importancia al interior de la persona que lleva a una amistad particular con Cristo en lugar de dar importancia a las causas externas.

Es una vocación religiosa que no se da por decreto sino que se trata de vivir el Evangelio siguiendo la llamada del Espíritu Santo, las estructuras tienen que ser un medio para conseguir ese objetivo.

Se respeta la libertad interna de la vocación y en esa llamada tiene prioridad las cualidades personales y los carismas por encima de las reglas.

Las relaciones de amistad modifican las relaciones de un superior con sus religiosos y esas relaciones no tienen que estar basadas en el temor al superior.

Se trata de evitar las relaciones que establecen distancias y de que en las Fraternidades se dé el sentido sobrenatural de la vida consagrada.

Las Fraternidades están formadas por tres o cuatro personas, Hermanos mezclados con las gentes de su entorno, hay un Hermano responsable.

Cada Fraternidad acentuará un aspecto diferente de su vocación según el ambiente en el que vivan.

Se necesita de la oración para ser constantes en el amor a Jesús que ha tenido lugar por un encuentro personal con Él.

El amor debe ser desinteresado, se debe estar identificado no sólo con su voluntad sino también con los deseos de Jesús.

Cuando se ama a alguien se le espera, se desea verlo y poseerlo. No hay amor sin presencia porque no se puede amar a la persona que siempre está alejada o no se la conoce y esto lo tienen claro los Hermanos.

Para los Hermanos el amor de amistad es el más perfecto y necesita reciprocidad.

La espiritualidad de Carlos de Foucauld se da en diversos grados tanto en la vida sacerdotal, religiosa o seglar.



Pobreza



Los Hermanos tienen que tener un espíritu de pobreza, sencillez fraterna y amistad. Entre ellos no todos se dedican al trabajo manual, hay momentos de estudio.

La vocación a la pobreza es para todos los Hermanos, también para los sacerdotes. Esta pobreza tiene que llevar a amar al hombre por encima de las apariencias, vivida conforme al Evangelio es liberación de los bienes de este mundo para poder seguir a Jesús de Nazaret.



Trabajo



El trabajo manual es básico en las Fraternidades porque fue la ocupación de Jesús de Nazaret, también los que realizan un trabajo intelectual deberán dedicar tiempo al trabajo manual.

Carlos de Faucauld
Los Hermanitos en su relación con los problemas sociales no tienen que dejarse llevar por ideologías sino por la fe en Cristo.

Trabajan para compartir la vida de los trabajadores pobres, no deben dejarse engañar por el capitalismo ni por el comunismo.

Los Hermanos realizan todo tipo de trabajo, deben tener un director espiritual sacerdote que les oriente.



Oración y eucaristía



Es necesaria la oración en la vida religiosa de los Hermanitos, no basta con conocer a Dios por la inteligencia, es necesaria su presencia.

Adoración al Santísimo Sacramento expuesto es un aspecto esencial de la vocación de los Hermanitos de Jesús.

Otro aspecto es la íntima unión entre los Hermanos y la capilla es el corazón de la Fraternidad.

Todos los días los Hermanos pasan una hora de oración ante el Santísimo Sacramento expuesto y una noche por semana cada Hermanito pasa una hora de adoración. 

           

Bibliografía



Anónimo, “Presentación de las Familias”, Boletín Iesus Cáritas, 83(1992), 12-38 páginas.

Anónimo, “Una cierta mirada: la contemplación codo a codo con los hombres”, Boletín Iesus Cáritas, 109(1996), 47 página.

Anónimo,  “Una misión: gritar el Evangelio sobre los tejados, no con la palabra, sino con la vida”, Boletín Iesus Cáritas, 109(1996), 45-46 páginas.

Destremau C.J.; Moncelon, J., “Luis Massignon amigo de Carlos de Foucauld y continuador de su obra”, Boletín Iesus Cáritas, 124(1999), páginas 6-8.

Gorrée G., Sur les traces du père de Foucauld, La Colombe, París, 1953, 450 páginas.

Pérez Charlín J.M., “Ha muerto René Voillaume, fundador de los Hermanitos del Evangelio”, Ecclesia, 3156(2003), página 26.

Voillaume, R. :

-       (1953) Au coeur des masses, la vie religieuse des Petits Frères du Pére Foucauld, Cerf, Paris, 516 páginas.

-        (1962) Por los caminos del mundo, Marova, Madrid, 409 páginas.

-       (1976) Ver a Dios en la ciudad, Sígueme, Salamanca, 244 páginas. 
-       (1998) Charles de Foucauld et ses premiers disciples, Bayard Éditions/Centurion, Paris, 489 páginas.