domingo, 9 de abril de 2017

Editorial Abril 2017

De Dioses y hombres: estudios sobre religiones y mitología, es un blog de investigación coordinado y dirigido por el profesor y Máster en Literatura Clásica por la Universidad de Costa Rica José Marco Segura Jaubert y el profesor y Doctorando por la 
Universidad Complutense de Madrid Carmelo Morales Marcos.
¡Os traemos dos nuevos e interesantes artículos este mes!

En primera instancia la máster en Ciencias de las Religiones Jenifer Montiel nos trae un comentario sobre los Upanishads, textos que buscan explicar los Vedas y las preguntas existenciales que todas las culturas se han realizado a través del tiempo. Por su parte, el doctorando en Ciencias de las Religiones Pietro Vicktor Carracedo Ahumada nos trae un nuevo artículo sobre las religiones africanas. Incluso a día de hoy, son las religiones del libro y aquellas culturas que formaron parte del pasado del mundo occidental las que reciben más atención. La reivindicación indígena y cultural de distintas comunidades ha logrado avances importantes para evitar el desconocimiento global, empero debemos preguntarnos si esta ignorancia es propiciada a voluntad de las sociedades modernas o si realmente contienen algún componente que impide que lleguemos a poder estudiarlas al mismo nivel.

Comentario a los Upanishads

Por: Jenifer Montiel Rodrigo, Máster en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid.
Correo electrónico: jmontiro7@hotmail.com


La literatura de la India

Para comenzar deberíamos especificar que la tradición oral de la India siempre ha sido muy potente; este dato, junto al hecho de que el clima del subcontinente no es, en general, el más apropiado para la conservación de los soportes de los textos escritos, hace difícil la datación de muchos de los textos clásicos así como la fecha de origen de su escritura. A pesar de estos problemas, son diversos los textos clásicos que perduran y que hoy en día siguen teniendo un fuerte impacto dentro de la sociedad, ya no sólo de la India, sino mundial.
Desde sus orígenes, o para ser más precisos, desde los primeros testimonios conservados, hasta aproximadamente el 1100 se habla de literatura clásica escrita en sánscrito. Posteriormente, el sánscrito quedará reducido a obras científicas y se abrirá paso la literatura en lenguas vernáculas.
En el 1100 cuando concluye esta etapa, pues desde el origen, con la llegada de los arios y su fusión con las tribus autóctonas, hasta entonces, se mantenía la unidad cultural, pero, en ese momento se produce una ruptura por la invasión de parte del país por tropas persas, apareciendo, a la vez, como reacción, un movimiento nacionalista que abandona el sánscrito a favor de las diversas lenguas vernáculas.
Dentro de toda esta literatura denominada clásica podemos diferenciar, a su vez, dos etapas:

-Periodo védico (1200 a.C.-200 a.C.)
- Vedas (1200-800 a.C.)
-Brahmanas, libros sacerdotales (800 a.C- 600 a.C.), al final de cada uno de ellos se añaden los āranyakas (libros de la selva)
-Upanishads (600 a.C.-200 a.C.)
-Sutras (500 a.C.-200 a.C.)

- Periodo sánscrito (500 a.C.-1100 d.C.)
-Mahabharata
- Ramayana
- Puranas
- Fábulas

En este artículo vamos a centrarnos en los Upanishads, textos con dos grandes objetivos principales: la necesidad de explicar los textos religiosos anteriores, los Vedas, por lo que que podemos considerarlos como comentarios, y la especulación sobre las preguntas existenciales que todas las civilizaciones se han hecho, se hacen y se harán.
Es en este momento cuando tiene lugar la aparición de la prosa, aunque no todos los Upanishads serán redactados de la misma forma, pues algunos son redactados en prosa y otros en verso. Durante esta época, además, surgen las "escuelas védicas", grupos sacerdotales vinculados a un determinado sabio. Cada familia de brahmanes está vinculada a una escuela y es en ella donde deben estudiar los textos védicos.

Svetasvatara Upanishad

"Mediante la fuerza de la armonía interior y por la gracia de Dios, Svetasvatara tuvo la visión de Brahman. Entonces habló a sus discípulos eremitas más próximos sobre la purificación suprema, sobre Brahman, al que los visionarios adoran.
Este supremo misterio del Vedanta que fue revelado en tiempos pretéritos solo se ha de dar a uno cuyo corazón es puro y que es discípulo o hijo.
Si uno siente amor supremo por Dios y también ama a su maestro como a Dios, entonces la luz de esta enseñanza brilla en un alma grande: ciertamente brilla en un alma grande”.

Katha Upanishad

"El camino a él es a través de un Maestro que lo haya visto: Él es más elevado que los pensamientos más elevados; en verdad se halla por encima de todo pensamiento“.
¿Qué son los Upanishads?

Los Upanishads, literalmente "sentarse debajo de (el maestro)", son tratados espirituales cuyo origen se remonta aproximadamente al 600 a.C. Estos tratados se siguieron elaborando hasta el s. XV, pero los más puristas no incluyen dentro de la misma categoría a los que fueron redactados después del s. III a. C. En general, los Upanishads son considerados Vedanta, es decir, final o cierre de los Vedas, final de una sabiduría que ya no se puede modificar, la sruti (sabiduría oída, aprendida).
En ellos empiezan a configurarse algunas de las doctrinas y conceptos fundamentales del hinduismo, que si bien aparecían en textos anteriores, no se habían definido ni habían tomado tanta importancia; nos referimos a conceptos  como Karma, Samsara o Yoga, entre otros.
Nos encontramos ya ante una religión que ha dejado de preocuparse tanto por el ritual, por la forma, y se centra más en aspectos filosóficos. Estamos también en un momento de consolidación de las castas, por tanto, de la estratificación social, lo que deja a las clases más bajas totalmente desamparadas, pues la religión se convierte en algo elitista. Esto desembocará en la aparición de un tipo nuevo de religión, un tipo de religión más personal, cosa que queda reflejada en los textos que hoy nos ocupan. Estamos ante un momento de cambios religiosos, o de conceptos religiosos, y de aparición de nuevas religiones, como son el budismo o el jainismo (ambas nacidas en el s.VI a.C.), que dan soporte a todos estos cambios sociales.

Principales ideas desarrolladas en los Upanishads

1. Unidad:

Una de las ideas más recurrentes en todos los Upanishads es la de la unidad con el Espíritu Supremo, el cual recibe varios nombres según la fecha de redacción del texto: Brahman, Atman, Purusha, Tadvanam, Rudra, etc. En un fragmento del Kena Upanishad vemos cómo se le denomina Tadvanam, y en otro del Katha Upanishad, Purusha:

"Su nombre es Tadvanam, que se traduce como "el Final del ansia de amor". Como Tadvanam ha de ser venerado. Todos los seres amarán al que así ama al Señor”.

"Y más allá está Purusha, el que todo lo impregna, más allá de las definiciones. Cuando un mortal lo conoce, logra la liberación y alcanza la inmortalidad”.

En el Svetasvatara Upanishad recibe el nombre de Rudra y Shiva en varias ocasiones. No olvidemos que Shiva es el dios de la destrucción, pero no como algo negativo, sino positivo: la regeneración destruye todo lo malo, lo que nos enlaza con el tema muy recurrente en estas obras del Samsara, la rueda de reencarnaciones, así como el Karma. Como veíamos en otros artículos, algunos investigadores ven en Rudra al antecedente del dios Shiva, hecho que quedaría patente en himnos como el siguiente, que parece ubicarnos ante el inicio de la tradición shivaíta:

"Él es Rudra, él solo es el UNO que gobierna los mundos con su poder. Él vigila todos los seres y dirige su creación y su destrucción”.

"Todo este universo está en la gloria de Dios, de Shiva, dios del amor. Las cabezas y los rostros de los hombres son los suyos, y él habita los corazones de todos”.

Se trata de que el objetivo final de cada ser es el de unirse al Todo, fundirse con el Ser Supremo, lo que se comprende como liberación o Moksa (o Mukti). Para llegar a ello se debe pasar por una serie de reencarnaciones, la rueda del Samsara, que serán más o menos según los actos, idea que nos lleva al concepto de Karma. Lo que subyace a este hecho es que dentro de cada uno de los seres reside una parte del Ser Supremo, que finalmente se unirá con Él.

Kena Upanishad

"Oh hijo mío: ¡Aquel que conoce ese Espíritu Eterno, incorpóreo y sin sombra, luminoso y eterno, alcanza ese Espíritu Eterno! Conoce el Todo y se convierte en el Todo”.

Mandukya Upanishad

"Es Atman, el Espíritu mismo, que no puede ser visto ni tocado, que se halla por encima de toda distinción, más allá del pensamiento, inefable. La prueba suprema de su realidad es la unión con Él. Él es el fin de la evolución y de la no dualidad. Él es paz y amor”.

Svetasvatara Upanishad

"Dios acabó su obra y descansó, y creó un vínculo de amor entre su alma y el alma de todas las cosas. Y el UNO se hizo uno con el uno, el dos y el tres y el ocho, con el tiempo y con el misterio sutil del alma humana”.

2. Dios está en uno mismo

Dios o Brahman no debe buscarse en el exterior, sino en el interior, puesto que según los Upanishads, en cada uno de nosotros reside una parte del Uno, y es esta parte la que finalmente conseguirá liberarse y unirse al Todo.

Katha Upanishad

El creador hizo los sentidos para que se volcaran hacia el exterior: se dirigen hacia el mundo externo de materia, no hacia el Espíritu que habita dentro. Pero un sabio que buscaba la inmortalidad miró dentro de sí y halló su propia Alma”.

Mundaka Upanishad

"Se halla lejos, muy lejos en la distancia, y, sin embargo, se encuentra cerca, yacente en la estancia más íntima y recóndita del corazón”.

3. Moksa

Como decíamos, el objetivo de todo ser humano es Moksa, la liberación, la unión al Ser Supremo. Esto se logra en el momento en que el círculo se cierra, el inicio y el final se unen, se vuelve al origen y finaliza la rueda de reencarnaciones.

Uno de los Upanishads que más incide en este hecho es el Mundaka Upanishad:

"Un hombre cuya mente divaga entre deseos y anhela objetos de deseo, retorna de nuevo a la vida y a la muerte, de acuerdo con sus deseos. Mas quien posee el Fin de todos los anhelos, cuyo Sí mismo ha encontrado la realización, aún estando en esta vida verá desvanecerse sus deseos”.

"Habiendo alcanzado ese lugar supremo, los videntes hallan la dicha en la sabiduría, sus almas se sienten realizadas, sus pasiones desaparecen, tienen paz. Llenos de devoción, han encontrado al Espíritu que reside en todo y van hacia el Todo”.

"Así como los ríos que fluyen hacia el océano hallan su descanso final y pierden su nombre y su forma, del mismo ¿modo? los sabios se liberan de su nombre y forma, y se adentran en el fulgor del Espíritu Supremo, el cual es más grande que cualquier grandeza”. 

4. Samsara

Como decíamos, Samsara es la rueda de reencarnaciones, que sólo finaliza con la liberación, Moksa, la cual llega gracias a la realización de buenos actos, consiguiendo limpiar el Karma. Dentro de cada ser, de cada cuerpo temporal, vive una pequeña parte de Atman, el Ser Supremo, el alma eterna, que es la que insufla la vida al cuerpo terrenal, por lo que cuando lo abandona el cuerpo muere, desaparece. En el Katha Upanishad se nos muestra este concepto de forma muy precisa en varios puntos: 

"Te hablaré ahora del misterio del Brahman eterno; y de lo que le ocurre al alma tras la muerte.
El alma puede ir al útero de una madre y así obtener un nuevo cuerpo. Puede incluso introducirse en árboles o plantas, según su sabiduría y obras anteriores”.

"Si se le ve en esta vida, antes de que el cuerpo perezca, se está libre de ataduras; mas si no, se nace y se muere otra vez en nuevos mundos y nuevas creaciones”.

También queda muy claro el concepto en el Svetasvatara Upanishad:

"Cuando un hombre conoce a Dios, es libre: sus penas tienen un final, no hay más nacimiento ni muerte. Cuando está en unión interior más allá del mundo del cuerpo, aparece el tercer mundo, el mundo el Espíritu, donde existe el poder del Todo, y el hombre lo tiene todo: pues es uno con el UNO”.

5. Karma 

Mucho se habla hoy en día sobre este concepto, pero tenemos que tener claro en qué consiste. El Karma es acción-reacción: cada buena acción nos acercará un poco más a Moksa, y de esta manera, poco a poco, conseguiremos limpiar todo el Karma negativo que hemos ido acarreando de vidas pasadas.

Mundaka Upanishad

"Y cuando es visto en su inmanencia y trascendencia, las ataduras que aprisionan al corazón se liberan, desaparecen las dudas de la mente, y la ley del Karma cesa de actuar”.

Svetasvatara Upanishad

"El alma nace y se despliega en un cuerpo, con sueños, deseos y el alimento de vida. Después renace en nuevos cuerpos, de acuerdo con sus obras anteriores.
La calidad del alma determina su cuerpo futuro: terrenal o aéreo, pesado o ligero. Sus pensamientos y sus acciones pueden llevarlo a la libertad o a la esclavitud, en una vida tras otra”.

6. El estudio no conduce a Moksa

No es a través del estudio como se conoce a Brahman, sino a través de la de la experiencia, del conocimiento de uno mismo, de la búsqueda interior. Conectamos con la idea de que el simple ritual no es el camino, sino que es algo más profundo, filosófico, personal y experiencial lo que te lleva al objetivo de liberación y unión. 

Katha Upanishad

"Al Atman no se alcanza a través del mucho estudio, ni a través del intelecto y las enseñanzas sagradas. Lo alcanzan los escogidos por él, porque ellos lo escogen. A sus escogidos revela el Atman su gloria.
Ni aún a través del conocimiento profundo puede alcanzarse el Atman, a menos que se abandonen los caminos de maldad, y haya sosiego en los sentidos, concentración en la mente y paz en el corazón de uno”.

kena Upanishad

"Él viene al pensamiento de quienes lo conocen sin pensar, y no de aquellos que imaginan poder alcanzarlo a través del pensamiento. Pasa inadvertido a los instruidos y se manifiesta a los sencillos.
Se lo conoce en el éxtasis de un despertar que abre las puertas de la vida eterna. Por el Ser obtenemos el poder, y por su visión obtenemos la Eternidad”.

A pesar de que Brahman reside en uno mismo, sólo conseguiremos conectar con él a través de un estado de consciencia alterada, que en los Upanishads recibe el nombre de cuarto estado de consciencia (primer estado: consciencia en vela, segundo: sueños, tercero: durmiente). Por tanto, como decíamos, no se consigue a través del estudio, sino a través de varios caminos, como son la práctica del yoga, la meditación, el autocontrol, etc.

Katha Upanishad

"Pide cualquier deseo en el mundo de los mortales, por difícil que sea de conseguir. A tu servicio pondré sirvientas bellas con carretas e instrumentos musicales. Mas no me preguntes, Nachiketas, los secretos de la muerte.
Nachiketas. Todos estos placeres son pasajeros, ¡oh, Final de de todo! Debilitan el poder de la vida. Y además, ¡cuán corta es toda la vida! Guárdate tus caballos, tus bailes y tus cánticos”.

"Y Nachiketas aprendió la sabiduría que le fue enseñada por el dios del más allá, y aprendió toda enseñanza de la unión interior, del Yoga. Después alcanzó a Brahman, el Espíritu Supremo, volviéndose inmortal y puro. Y así será en verdad con todo aquel que conozca a su Atman, su Sí mismo superior”.

"La luz del Atman, el Espíritu, es invisible, oculta en todos los seres. Es vista por los que ven lo sutil, cuando su visión es aguda y clara”.
  
Mundaka Upanishad

"La sabiduría interior se encuentra en los cuatro Vedas sagrados y en las seis clases de conocimiento que ayudan a saber, a cantar y a usar los Vedas: la definición y la gramática, la pronunciación y la poesía, el ritual y los signos del cielo. Mas la sabiduría superior es la que conduce al Eterno”.

Este Atman se alcanza con la verdad y con tapas (meditación), de los cuales proceden la sabiduría verdadera y la castidad. Los sabios que se esfuerzan y son puros lo ven dentro del cuerpo en su pureza de gloria y luz”.

Svetasvatara Upanishad

"Mediante la visión de Sankhya y la armonía del Yoga,un hombre conoce a Dios y, cuando un hombre conoce a Dios, se libera de todas las cadenas”. 

7. Om

Son muchas las tradiciones religiosas que otorgan una gran importancia al sonido; por ejemplo, la tradición mística sufí lo considera como vía de conexión con dios, pues el sonido está relacionado con la energía primordial. También podemos relacionar la idea de sonido con la palabra y a la vez con la creación, cosa que nos llevaría al Evangelio según San Juan: "En el principio era el verbo y el verbo estaba en dios, y el verbo era dios”. Gran importancia se le otorga al sonido también en el hinduismo, especialmente al sonido primordial, Om, así como a los mantras.

Katha Upanishad

"Muerte. Te diré la Palabra que todos los Vedas glorifican, que todo sacrificio expresa, que todos los estudios sagrados y la vida santa persiguen. Esa palabra es Om.
Esa Palabra es el Brahman sempiterno: esa Palabra es el Fin más elevado. Cuando se conoce la sagrada Palabra, se cumplen todos los anhelos.
Es el medio de salvación supremo: es la ayuda suprema. Cuando se conoce la gran Palabra, uno es grande en el cielo de Brahman (Brahma loka)”.

Kena Upanishad

"Con las armonías del Rig Veda llega hasta este mundo de los hombres y, con aquellas del Yayur Veda, hasta las regiones celestiales intermedias; pero con la ayuda del OM, el sabio se allega a esas regiones que los videntes perciben en las armonías del Sama Veda. Ahí encontrará la paz del Espíritu Supremo, donde no hay disolución ni muerte, donde no existe el miedo”.

Mandukya Upanishad

"OM. Esta Palabra eterna lo es todo: lo que era, lo que es y lo que será, y lo que más allá es en la eternidad. Todo es OM”.

Mandukya Upanishad

"Este Atman es la eterna Palabra OM. Sus tres sonidos, A, U y M, son los tres primeros estados de consciencia y estos tres estados son los tres sonidos”.

"La Palabra OM como un solo sonido es el cuarto estado de consciencia suprema. Está más allá de los sentidos y es el final de la evolución. Es no-dualidad y amor. El que esto conoce irá con su Sí mismo hacia el Sí mismo supremo”.

Svetasvatara Upanishad

"El alma es la leña que puede quemarse por debajo y ser fuego, y OM es la varilla de fricción que da vueltas por encima. La oración es la fuerza que hace girar al OM, y así sale a la luz el misterio de Dios”.

Bibliografía

Cotterel, A. (editor); Enciclopedia de la mitología universal, ed. Parragon, Barcelona.
Upanishads, ed. Debolsillo, Barcelona, 2011.
Vyasa, Los Vedas, ed. Ibéricas, Madrid, 2001.
VVAA, Historia de las religiones, ed. Crítica, Barcelona, 2012.

Zaehner, R.C.; Hinduism, ed. Opus, Oxford, 1966.

Las religiones tradicionales africanas: algunas claves generales

Por: Pietro Viktor Carracedo Ahumada
Correo electrónico: pietrocarracedo@gmail.com

 Máscara africana de la región de Lulua, en Congo. Brooklyn Museum. 
Incluso a día de hoy, son las religiones del libro y aquellas culturas que formaron parte del pasado del mundo occidental las que reciben más atención. La reivindicación indígena y cultural de distintas comunidades ha logrado avances importantes para evitar el desconocimiento global, pero debemos preguntarnos si esta ignorancia es propiciada a voluntad de las sociedades modernas o si realmente contienen algún componente que impide que lleguemos a poder estudiarlas al mismo nivel. Aceptando que sea un poco de ambas, fijémonos en las dificultades que entrañan estas religiones, consecuentemente menos analizadas. Es el caso de la religión africana, mejor dicho, religiones, pues cada etnia, tribu, poblado o familia tiene una serie de creencias y rituales bien diferenciados.  He aquí uno de los problemas, la falta de aparente unidad a nivel cultural, y, por tanto, de una clasificación de divinidades, mitologías y actos clasificables a la manera habitual de los estudios modernos, unido a una mayoritaria ausencia de textos, que sumen en la ignorancia de un patrimonio cultural que, a su vez, debe ser divisible por cada grupo.
Marcel Cardaire (1954) hablaba de la religión africana como una “religión de la tierra”, pues la naturaleza y el mundo tienen casi más peso en su cultura que el propio hombre. Sin embargo, muy pocas narraciones extraordinarias se preocupan de la creación del mundo como tal, sino que empiezan con la aparición del hombre, a veces modelado de arcilla, según los dogón de Mali, otras veces surgido de cañas o plantas, en Mozambique, y otras, la divinidad los crea o “los vomita”, como la serpiente-dios a los primeros hombres – espíritus, identificados con el sol y la luna, los cuales a su vez engendraron a los hombres que abandonan el tiempo mítico y comienzan el tiempo histórico, en el relato de los vendas de Limpopo. 
Éstos antepasados míticos no eran ya divinos, pero sí tenían ciertas características especiales, entre ellas la androginia – pues consideran que la dualidad es el equilibrio – y la inmortalidad, perdida por distintos motivos: los bassas de Camerún cuentan que la divinidad Lolomb advirtió a los hombres de no dormir, pues la muerte se abría paso a través del sueño, pero éstos no soportaron las fatigas y al acostarse por primera vez la muerte entró en el mundo. Los masais de Kenia y Tanzania cuentan que  en verdad Dios reveló a un hombre sabio, Le-eyo, las palabras sagradas para evitar la muerte, y le ordenó que las pronunciase al primer difunto de su tribu. Un niño de un conocido lejano murió y Le-eyo desobedeció la orden de la divinidad, de modo que cuando murió otro niño, ésta vez su propio hijo,  y pronunció las palabras, éstas ya no tuvieron efecto.  En otras ocasiones, la divinidad efectúa una creación más manual, como a la que acostumbramos en nuestras culturas, dando vida a plantas, animales y hombres, y colocándolos en la tierra, la cual abandonará cuando descubra que su última creación, los humanos, no son precisamente perfectos. Según los bessé de Costa de Marfil, fueron los hombres quienes optaron por distanciarse de Dios para ser más libres. Dios envió entonces un camaleón con el mensaje de que tras la muerte habría resurrección y un lagarto con el mensaje de que los hombres serían mortales, pero el lagarto llegó antes y los hombres sólo recibieron la noticia fatídica de su mortalidad. Sobre la situación de estos antepasados respecto a la divinidad, las versiones van desde una vida feliz y libre de sufrimientos a una esclavitud de la que era necesario escapar.
La primera creación de los hombres suele ser fallida. Por ejemplo, los awkas, pigmeos de Gabón, explican que la divinidad modeló varios humanos de distintas arcillas, más claras y más oscuras, los repartió por la tierra y les ordenó vivir allí. Pero la última estatua, la suya, le había quedado más pequeña, y para compensar esto les otorgó otros dones como la fuerza y la astucia. Otras veces la unión sexual de la divinidad con la tierra fue defectuosa y por ello los seres terrestres acarrean imperfecciones. También Dios puede decidir abandonar su creación por otros quehaceres mayores. Este distanciamiento de Dios es, por una parte, necesario, pues los africanos consideran que una divinidad “humana” es absurda, pues se encontraría atada a la necesidad, pero por la otra entraña la dificultad de contactar con ella, por lo que se recurre a los intermediarios, los demiurgos o los propios antepasados a los que Dios les dio la misión de dar buen fin a la tarea que él dejó incompleta. Éstos adquieren distintas apariencias en su imaginario: desde tener la piel blanca, el color del más allá, a ser genios[1] culpables de posesiones, pasando por seres monstruosos[2]. Sus misiones consisten en terminar al hombre otorgándole sus habilidades, como la música, o ayudarles de manera directa ofreciéndoles dones sólo conocidos por la divinidad, como el fuego y la forja. Por ello los herreros tienen un papel importante en la sociedad africana, en cuanto a su dominio de un poder divino. También son responsables de transmitir o llevar a cabo las peticiones de los humanos, como la lluvia.
Todo acontecimiento celeste y terrestre se encuentra interrelacionado. Por ello no se desestima que una petición o acción de los hombres pueda recibir respuesta del mundo celeste. Pero para ello, hay que desarrollar un lenguaje especial, religioso, que en verdad permita la comunicación con la divinidad.
Las máscaras suelen estar fabricadas con elementos naturales, vegetales y animales, mas no tienen poder por sí mismas. Su función es ocultar la identidad del que ejecuta determinada danza, evitando las posibles consecuencias del contacto con el mundo divino, pues nada recae sobre el individuo.  Lo mismo ocurre en el caso de trajes ceremoniales y maquillaje ritual. El rojo es asociado a la sangre, la vida, las emociones positivas y la realeza. El amarillo tiene igualmente un valor positivo. Verdes y azulados son relacionados con la naturaleza. El blanco es el color del luto, por pertenecer al más allá, y el negro tiene implicaciones positivas como contrario del blanco, pero también negativas como la oscuridad y la incertidumbre. En cuanto a las danzas y el resto de rituales, se suele hablar de “drama”. Esto es así porque a menudo se trata de representaciones religiosas de ciertos mitos o historias simbólicas, en un lenguaje universal para el mundo celeste y el terrestre, si bien se prestan atención a muchísimos detalles numerológicos: por ejemplo en el áfrica occidental, entre los números sagrados, 3 y 4 simbolizan al hombre ya la mujer respectivamente, y su suma, 7, simboliza una pareja y por tanto, una vez más, el mundo divino en su perfección dual. Así, el 8 puede simbolizar una familia, ya que son la pareja y el descendiente, etc. ; gestuales y de movimiento: los círculos indican un ciclo, la vida o el tiempo, a la vez que algo permanente, y un cruce de líneas indica un punto de partida; la izquierda y la derecha, asociadas a lo masculino y lo femenino[3], al este y al oeste o al norte y al sur… y otras muchas abstracciones que sólo tienen significado para aquél que desde su nacimiento ha estado inmerso en una cultura en la que todo tiene un sentido profundo antes que superficial.

La vida religiosa del Hombre Negro

Iniciación juvenil en Malaui, previa a la circuncisión. Por Steve Evans.
Los africanos tienen una consciencia muy fuerte del Yo. La palabra en sí misma implica un conocimiento personal y una relación con el entorno. Pero dentro de esta concepción individual, la concepción de pertenencia a una sociedad es aún más fuerte e importante, de modo que su espíritu es divisible no sólo en su mente y sus sentimientos, o en la vida ofrecida por la divinidad, sino también a otro nivel, indisociable, donde ésta es compartida por la comunidad, y más aún con sus parientes, descendientes, y antepasados.  El nacimiento se concibe como la muerte en el más allá, y la muerte como el nacimiento allí. Un ser humano no está completo hasta que no llega a estos puntos, y el tiempo y espacio preparatorios son la vida en la tierra. Desde el nacimiento, el africano se encuentra dentro de un mundo imbuido en lo numinoso mediante actos religioso y sociales. El propio nombre en ocasiones es asignado al recién nacido atendiendo a qué posible antepasado se haya reencarnado, estableciendo una identificación que guiará el modo de proceder del niño en el futuro. Pero no se tiene exclusivamente este nombre, sino que se puede tener una larga lista de ellos, que hable de parientes, de la tribu, de la situación, de la festividad y sobre todos ellos, hay un nombre secreto. En boca de L.V. Thomas (1975), éste es el que fija los límites de la intimidad. Los nombres son los que otorgan poder sobre las cosas, y por ello este nombre no debe ser revelado. En cuanto a los apellidos, que definen incuestionablemente el carácter de la familia, llevan asociados un mito o historia que marca la forma de ser y el camino que ha de tomar el alma, pues implican también ciertas prohibiciones rituales. El conjunto familiar suele estar asociado a un tótem, equiparando al hombre con cualquier otro animal sobre la tierra, pero también hay un tótem por cada clan o tribu, que más que ofrecerle sus características animales, presenta  una vez más una historia asociada.
Los actos religiosos se desarrollan a la par que la vida de los hombres. Durante algún tiempo, muchos de estos ritos fueron considerados iniciáticos, usando una terminología no demasiado adecuada, basándose exclusivamente en el secretismo, como ocurría en las sociedades antiguas o las sectas modernas.  Además de esto, todo el mundo conoce quién está o no en ciertos ritos, por lo que más que secretos son cerrados a todos aquellos que no tienen la obligación de cumplirlos. En la mentalidad africana, estos ritos de “iniciación” eran más bien entendidos como ritos de pasaje, pues para ellos, uno sólo llega a iniciarse en el camino de la vida, en un continuo esfuerzo por alcanzar la sabiduría[4]. Además, el secretismo es en verdad desconocimiento, por parte aquellos estudiosos de mayoría occidental que no tienen la base cultural ni cultural necesaria a este respecto.  El resto de ritos así entendidos en verdad son considerados de entrada o salida de un grupo social. Véase que éstos coinciden con las etapas importantes de la vida: nacimiento, salida de los dientes, pubertad, matrimonio, nacimiento de un hijo, menopausia (en el caso de las mujeres) y muerte. Estos cambios se simbolizan mediante pruebas o instrucciones de lo que viene a continuación.
En el nacimiento, lo primordial es identificar al antepasado reencarnado y separarlo del mundo de los muertos al que pertenece. En el caso de la dentición, indica el paso de comenzar a pertenecer a la tribu, como un ser pensante y útil para la comunidad.
En la pubertad, la circuncisión o la ablación, cuya función es eliminar lo femenino del hombre, el prepucio, y lo masculino de la mujer, el clítoris, u otras transformaciones del cuerpo, como perforaciones o decoraciones con discos, varias veces evitadas a través de sacrificios simbólicos. Es distinto el caso de los eves, en Togo, pues el paso a la vida adulta se prepara con un retiro donde se les instruye en lo que será su nueva misión en la comunidad y la familia. Cuando se trata de alguien relacionado con la divinidad, al salir del retiro, que a veces se realiza en alguna localización concreta y/o aislada[5], se entiende que ésta ha muerto como “humana” y resucitado con sus plenas capacidades. Una vez allí pueden identificar tanto su vocación como su verdadero nombre, que pueden cambiar, aunque todo siempre bajo la atenta mirada de padres o adivinos, que en realidad limitan estas elecciones a las capacidades o la casta. El caso más difícil es, evidentemente,  ser intermediario de los dioses, pues requiere una preparación exhaustiva a la que muy pocos tiene acceso.
En el caso del matrimonio, se efectúan dramas[6] y fiestas que simulan el intercambio de familia, mas nunca se realiza un corte respecto de la una o la otra, es decir, la mujer, si entra en la familia del marido, no por ello deja de pertenecer a su padre y a su madre, y viceversa en los regímenes matrilineales.  Al nacer un niño, hay un nuevo cambio de grupo social, pues ahora son padres y tienen otras ocupaciones. En la menopausia de la mujer, el caso es el contrario, pero no por ello sus hijos pierden nada: simplemente, han cumplido su misión sagrada de procrear y continuar el linaje. Por este motivo, la esterilidad era uno de los problemas más graves a nivel social, y requería de rituales específicos, regeneradores, de reparación o de curación, como se verá más adelante.
Los funerales implicaban el nacimiento en el más allá, como ya se dijo, pero a la vez,  era un cambio social, pues se pasaba a pertenecer al grupo de los antepasados. Antiguamente los cadáveres no eran enterrados hasta pasados varios meses, como tiempo preparatorio para los vivos y para el difunto. Su retorno sólo se contempla mediante la reencarnación o la posesión, elemento que se analizará en el apartado acerca del esoterismo.
Bailarines Zulúes frente a su poblado. Por Hein Waschefort
En la vida tradicional africana el laicismo es nulo y toda situación tiene su parte sagrada. Aparte de las etapas vitales, son necesarios otros muchos ritos que, a pesar de que en cada poblado tiene una ejecución diferente, son comunes en el conjunto del continente. Los ritos de regeneración son necesarios habida cuenta de la concepción cíclica del tiempo sagrado[7], de modo que cuando ocurre alguna desgracia – guerras, epidemias, sequías… -  se puede  retornar a un punto anterior y positivo, mediante un drama ritual que recree ese momento. Un ejemplo singular es la sustitución de un rey, personaje de cierta importancia religiosa, cuando éste es anciano y ya no puede hacerse cargo de sus responsabilidades, ya sea física o mentalmente. Para imponer un nuevo rey joven, se dramatiza su rejuvenecimiento.  Siempre se tiene en cuenta, no obstante, que el orden y el caos deben perseguirse el uno al otro, y por ello en el tiempo intermedio de la muerte, real o no, de un monarca a su sustitución debe respetarse el vacío y el desorden, las luchas, etc., que pueden surgir, pues esto no hace más que alentar la necesidad de recuperar una figura que instaure orden de nuevo.
Parecidos a estos son los ritos de reparación, que buscan arreglar aquello que rompe el orden cósmico establecido, y que tienen cierta relación, a su vez, con los de curación, ya que la enfermedad interrumpe el curso habitual de la vida. Una parte de estos rituales tienen por objeto solucionar un error cometido por los propios hombres, de ahí la importancia de conocer y respetar las prohibiciones establecidas: siguiendo con el ejemplo del rey, suele ser una figura sagrada y por tanto no debe quedar constancia de sus acciones humanas, por lo que éstas se desarrollan siempre a escondidas. Hay también prohibiciones para el grupo en conjunto, como las que impiden que se tomen ciertos alimentos, por considerarse sagrados o maléficos; injuriar y maldecir, pues no se desestima el poder de la palabra, así como entrometerse en un rito al cual no se está invitado; tabúes sexuales que impiden el contacto entre ciertos grupos sociales o familiares, etc. Para todos estos casos hay prescritos rituales de reparación o purificación, cercanos a los de curación en sus aspectos más mundanos.  Uno debía purificarse, por ejemplo, tras la muerte de algún ser querido, en especial de la pareja, pero también cuando había cometido un error, aunque éste fuese involuntario. Cualquier infracción puede extenderse al conjunto de la comunidad, o al lugar en cuestión donde sucedió, por lo que debe “limpiarse” todo aquello que pueda verse afectado con la máxima presteza. La más común es la purificación por el fuego, el agua y el humo, pero también podían ejecutarse dramas rituales que representasen la no-infracción, como si ésta nunca hubiera llegado a cometerse.
Antes de permitir que una infracción o error, o que llegue la enfermedad o el fallo de la naturaleza, el hombre puede protegerse mediante rituales de protección, que incluyen consagraciones, purificaciones previas, palabras concretas o la imposición de una conciencia respecto del acto a realizar, véase al matar un animal o una planta, tener en cuenta control y respeto, pues se está cubriendo una necesidad y formando parte de un ciclo natural.
Pero no todo puede quedar en manos de los humanos. Por ello son necesarios los sacrificios. La sangre como fluido vital contiene la energía de los seres vivos, su espíritu, y por tanto su parte útil del universo.  Sólo se efectúan sacrificios en ciertos momentos concretos e inevitables, momentos culmen de la necesidad o presencia divina, por ejemplo un cambio de gobernante o la fundación de una nueva ciudad, así como para suplicar a la divinidad en épocas de escasez. Los animales escogidos para este fin varían en cada región, pero se prefiere a los domésticos por considerarlos más cercanos a los humanos, o por estar más humanizados al estar acostumbrados a horarios y tareas propios de éstos. Los gallos son los más escogidos, no sólo por practicidad, dado que es un animal barato de mantener, sino también porque es un animal considerado sagrado por su anuncio de la llegada del día, y  apropiado para la adivinación por su plumaje, sus gestos y sus entrañas. Las ofrendas podían o no acompañar al sacrificio, y estaban destinadas a aplacar las fuerzas divinas o a solicitarles ayuda, de manera más delicada, mediante miel, leche, vino o cereales, en función de la petición. Todos estos procesos eran llevados a cabo por las autoridades competentes de la tribu, normalmente el patriarca o en casos más difíciles los herreros o los curanderos. No había, como tal, sacerdocio fijo. Las mujeres pueden ayudar pero en raras ocasiones, normalmente cuando alguna señal divina indica su elección, llegan a desempeñar tal papel. Los actos rituales, siempre teatralizados, culminaban en el altar, a veces artificial, como una cruz bien dispuesta, o naturales, rocas o tocones poco manipulados.  Bajo estos se sitúan reliquias u otras ofrendas materiales, desde joyas a cráneos. Aparte de estos altares específicos, por ejemplo entre los kissis existían altares personales, que cada cual tenía en la parte trasera de su hogar para poder realizar sus peticiones y justificaciones personales de manera privada tanto a genios o antepasados como a Dios.
Ya para terminar queda por hablar del esoterismo africano. Los africanos distinguen mucho entre magia y brujería, siendo la primera positiva y social, y la segunda hostil y de fines personales perversos. En definitiva, incompatibles, aparentemente, si bien comparten muchas de sus técnicas, pero con finalidades diferenciadas.  El mago actúa a la vista de todos mientras que el brujo lo hace a escondidas.  Mientras que un mago es un ser completo, no así el brujo, que ya en su origen muestra el desequilibrio que viene a traer. A menudo el mago es quien debe identificar si hay algún brujo trastocando el buen curso de una tribu, y lo señala con un poderosos amuleto, normalmente la cola de algún animal.
Dentro de la religión tradicional africana sólo puede entrar la magia. Sus leyes principales guardan similitud con las del resto de culturas, resumiendo, lo semejante afecta a lo semejante: lo negro atrae o aleja nubes negras,  lo que se construye o destruye afecta al propósito que se busca… No todo es tan sencillo, y también la técnica y la actitud influyen en la buena ejecución de los actos mágicos. Volvemos a encontrar aquí el modelo del psicodrama. Dentro de esto que llaman magia, muchos identificarían lo que nosotros llamamos medicina, herbología o psicología, pero la aplicación práctica de magia al entender que una enfermedad puede ser causada por fuerzas divinas debe anular este pensamiento religiocentrista. Muchos optan por llamar a la magia africana, pues, esoterismo, lo oculto, para no caer en estas trampas del pensamiento occidental.
Algunos actos relacionados con la magia son las posesiones, antes mencionadas. En efecto un genio o antepasado puede hablar a través de un individuo humano, a veces llegando al éxtasis temporal, otras, sumergiendo al individuo en la enfermedad o estados catatónicos incurables. A veces son espíritus benéficos y otras maléficos, a los cuales debe expulsarse mediante una serie de exorcismos. Podríamos dividir las posesiones en dos tipos: deseadas y no deseadas. Cuando se desean, no hay sufrimiento, pues el alma humana cede su lugar, pero cuando no se desea y el espíritu irrumpe, el hombre se convierte en la “cabalgadura” o “esposa” del genio, dios o antepasado, que domina sobre el alma humana. Sin embargo, los mensajes que transmite suelen ser lo suficientemente claros. La adivinación también es continua, y no necesariamente  debe ser llevada por un mago. Los magos, al fin y al cabo, han sido escogidos, ya por voluntad y señales divinas, bien por sus dotes y han estudiado con un maestro las técnicas de manera precisa, pero cualquiera puede tener un don particular sin especializarse en él. Algunos de estos adivinos son intérpretes de los poseídos, otros se mueven mediante la geomancia, la gemomancia, la teframancia, la astragalomancia, la zoomancia… Y siempre se desarrollan a la vista de todos, pues de lo contrario, sería un brujo el que obraría[8].También en la manufactura de talismanes y amuletos participa toda la comunidad, para conocer su uso y eficacia.
Tanto para ser mago como para ser brujo se requiere de una iniciación y del aprendizaje bajo un maestro, pero, muestra del sistema patriarcal, se reconoce que las mujeres suelen caer más en la brujería, y que incluso pueden transmitir esos poderes a sus descendientes. Los brujos, además de ese conjuro “genético”, tienen el poder de la bilocación y la metamorfosis, aunque con ciertas restricciones, adaptadas al poblado en que actúan y sus creencias sobre los animales puros, impuros, más o menos humanos, etc. Sus objetivos suelen ser las almas o dobles divinos de aquellos a los que conjuran, los cuales languidecen sin motivo aparente. El brujo “devora” mientras que el mago “alimenta”. No sólo los magos pueden intervenir contra un brujo: si su influencia es devastadora, los sacerdotes pueden llevar a cabo exorcismos y purificaciones, y toda la comunidad puede participar en su identificación y expulsión.
La figura del chamán queda en un estadio semejante al del mago y no son pocos los estudiosos que se han mareado buscando similitudes y diferencias para saber dónde encuadrarlo. Un chamán, por ejemplo, establece una comunicación con la divinidad a voluntad, y cuando vence a fuerzas procedentes de la brujería, se hace más “poderoso”, pues absorbe estas energías. Sus conocimientos, por otra parte, tienen una parte pública pero también misticismo y secretismo que no coinciden siempre con el mago, pese a que su función social es indiscutible. Pero hablar del chamanismo, que no es un ejemplo único de África sino de todas las culturas conocidas, requeriría otro artículo.
Influencias en la religión “tradicional”
Aquí se han podido ver elementos muy generales, pero, por suerte, más o menos compartidos, de las religiones tradicionales africanas. Pero también la palabra “tradicional” debe ser revisada. África, sobre todo en su parte norte, ha sufrido las influencias de otros muchos pueblos a lo largo de su historia, si bien el artículo se ha referido, sobre todo a la llamada África negra.  Stamm (1995) llama a estas influencias “religiones importadas”.
Véase que ya los egipcios habían tenido sus luchas con los pueblos centroafricanos, así como relaciones comerciales hasta la época de los Ptolomeos y la ocupación romana. Estos contactos provocaron ciertas fusiones que dieron lugar a templos dedicados a divinidades egipcias en zonas bastante alejadas, así como otros ritos calcados, como en el caso de los funerarios, con sus pirámides y ricos enterramientos con figuras humanas, servidores del difunto, o las reinas hermanas. Los judíos por su parte también comerciaron con los africanos y de su religión quedan unos pocos vestigios, por ejemplo, en la observación del Sabbat en algunas regiones, o en la conservación de la lengua gueze, con parte semítica. También el cristianismo llegó a África - mucho antes que los colonos europeos lo “impusiesen”- ya en el S. I, y su monacato fue impresionante. Algunas de las creencias extendidas hasta hoy son por ejemplo que el Arca de la Alianza fue entregada a los etíopes porque los judíos no reconocieron al Mesías en la Iglesia Abisinia. El islam se abrió paso muy rápidamente en las zonas de su dominio, quizás por ser el Corán un libro que aúna en uno la religión y la vida social, aunque ha habido grandes divisiones espirituales debidas a los componentes místicos del sufismo, a las hermandades y a los distintos movimientos, como el wahabismo. Parte de los territorios de mayoría islámica y del África subsahariana fueron después convertidos al catolicismo y el protestantismo durante los siglos XVII y XVIII hasta la actualidad. A posteriori se han desarrollado también iglesias mesiánicas, místicas y sectas, que renuevan las creencias tradicionales africanas a través del animismo y el milenarismo, sobre las tres religiones del libro, religiones puntuales como los Testigos de Jehová o la Masonería… y otros cultos que buscan la recuperación total del sentimiento religiosos africano pero no pueden evitar caer en otros elementos conocidos de las demás religiones, o peor aún, en situaciones políticas muy inestables.

Bibliografía

GONZÁLEZ ECHEVARRÍA, A: Invención y castigo del brujo en el África Negra. Serbal, Barcelona, 1984.
MARCO, R: El árbol y la liana. Mundo negro, Madrid, 1992
ROUMEGUERE – EBERHARDT, J: Pensamiento y sociedad africanas, Cahiers de l’home, 1963.
STAMM, A.: Les religions africaines, Presses Universitaires de France, 1995
THOMAS L.V.: La tierra africana y sus religiones. Larousse université, 1975
ZAHAN, D: Religión, espiritualidad y pensamiento africanos, Payot, 1970




[1] Estos “genios” podían ser antropomorfos, fuerzas invisibles o apariencia semejante a la de los genios de oriente.
[2] Los Nommo, según los dogón, una pareja que a partir de la cintura tenían cola de serpiente; los tres genios del río Níger, en Mali: Togofobali, Boli y Sunkutu-Ba, quien por ejemplo tiene cuerpo de serpiente, cuatro patas curvas y cabeza de macho cabrío.
[3] Una vez más, lo dual.
[4] Casi, podría decirse, adquieren una “iluminación”.
[5] Como un santuario, ya sea en un terreno natural o un recinto artificial.
[6] Como el rapto de la novia, común en otras muchas culturas.
[7] Expresión popularizada por Eliade y aceptada por su concreción ritual.
[8] Todas estas prácticas son ejecutables igualmente por los brujos. El nombre que se le da es vudú fa o sikidy.

domingo, 5 de marzo de 2017

Editorial Marzo 2017

De Dioses y hombres: estudios sobre religiones y mitología, es un blog de investigación coordinado y dirigido por el profesor y Máster en Literatura Clásica por la Universidad de Costa Rica José Marco Segura Jaubert y el profesor y Doctorando por la 
Universidad Complutense de Madrid Carmelo Morales Marcos.
¡Os traemos dos nuevos e interesantes artículos este mes!
Primeramente el Máster en Literatura Clásica por la Universidad de Costa Rica José Marco Segura Jaubert, nos trae la primera parte del análisis que explora a fondo un mito moderno como es la saga de Star Wars creada por George Lucas y que ha trascendido la gran pantalla para ser parte de la vida cotidiana.
El profesor y doctor por la Politécnica de Madrid Jorge Mateos Enrich nos trae la tercera parte de su artículo sobre las ramas del Islam. Ya se vio que el tronco se ramifica en dos ramas: la Sunní y la Chií. Hay que destacar tres periodos básicos en el eje temporal: el primer periodo sería correspondiente a los primitivos años del Islam, incluyendo el periodo de la vida de predicación del Profeta; un segundo periodo, anómalo religiosamente, que sería el de las dinatías Omeyas, encabezadas por Muawiya y; un tercero en el que habría lugar a una vorágine de ramificaciones.

¡Qué los disfruten!






Las ramas del árbol del Islam Parte III

Por: Jorge Mateos Enrich. Doctor por la Universidad Politécnica de Madrid.

Dibujo por Jorge Mateos Enrich.
Aunque en el artículo titulado “Las ramas del árbol del Islam II” se dio por concluido el tema que empezó con el pretérito artículo de “Las ramas del árbol del Islam I”, se ha estimado conveniente no cerrar los artículos definitivamente hasta adjuntar una tercera entrega: “Las ramas del árbol del Islam III”.

La causa principal de esta tercera entrega es, sin duda, tratar de adecuar la extensión y complejidad de lo tratado, con el espacio literario disponible. Ello dejaba el desarrollo de algunas facciones, credos, sectas etc. sin explicar lo suficientemente. Creemos que con esta tercera entrega se podrá poner un broche final más correcto.
Ya se vio que el tronco se ramifica en dos ramas: la Sunní y la Chií, y de ahí (como se plasma en la ilustración, Fig.1) se completan ramas y hojas.
Hay que destacar tres periodos básicos en el eje temporal de lo que se está tratando. El primer periodo sería el correspondiente a los primitivos años del Islam (incluido el periodo de la vida de predicación del Profeta). Este primer periodo sería el llamado de los “Califas rectamente Guiados”: Abu Bakr, Omar, Utman y Alí. A partir de este surgen las escisiones más definitorias de las escuelas posteriores. Un segundo periodo, anómalo religiosamente, que sería el de las dinastías Omeyas, encabezadas por Muawiya y continuada por su hijo Yazid. Los Califas habían sido los servidores de la religión, los Omeya sus amos. Y un tercero en el que habría lugar a una vorágine de ramificaciones, que sería un periodo de reflexión y de revisión religiosa con los Abasíes, donde se buscaba un nuevo punto de partida.
En la época de los Omeyas (mitad del siglo VII - mitad del siglo VIII) no era lo mismo el concepto religioso y legal en Medina (Arabia) que en Kufa (Irak), los dos grandes centros (junto con Damasco) de la vida espiritual y legal musulmana, tanto en cuanto a “tradición” como a “modernidad”.
Insistiendo en que el gran cisma se produce con Alí, marcamos otro punto de revisión con la llegada de los Abasíes (año 750), destronando a los Omeyas. Como decíamos (S. VIII) Medina permanecía fiel a los conceptos tradicionales de la ley tribal árabe pero en Kufa, un medio predominantemente persa y una sociedad cosmopolita, había otros métodos.  El efecto de las leyes aplicadas diferían de una ciudad a otra. Con el desarrollo del derecho escrito la escuela de Medina se convirtió en la escuela malikí, y la escuela de Kufa en la escuela hanafí. La creciente diversidad de doctrinas sería el rasgo más destacado de la evolución jurídica en la segunda mitad del siglo VIII.
De nuevo, la política abasí había respaldado la idea de que el califa era el servidor de la ley, no su amo. Se trataba, pues, de “islamizar” la ley.
Esbozadas las cuatro escuelas de derecho (malikí, hanafí, shafaí y hanbalí)  en entregas anteriores, decir que el derecho hanafí era el sistema oficialmente adoptado por el gobierno central abasí.
Aunque hubo acercamientos y alejamientos entre las cuatro grande escuelas, actitudes polémicas e intolerantes entre sí hasta el siglo IX, las cuatro fueron consideradas ortodoxas en el islam Sunní. El rasgo primordialmente distintivo, sin embargo, de las teorías legales malikí y hanafí, oponiéndolas a la shafí y hanbalí, es su reconocimiento de las fuentes suplementarias de la ley.

Es obvio que las fuentes documentales son más extensas en la rama Sunní, debido sobre todo, al número de sus practicantes y a su extensión geográfica. Pero esto no quiere decir que el islam no produjese ramificaciones en la rama Chií, netamente minoritaria, y más contenida geográficamente.
Volviendo al gran cisma, vamos a fijar el recorrido a partir de ahí en ambas ramas. En el islam Sunní, la “cadena” de califas fue común, hasta un momento, a la del islam Chií. Ambas ramas consideran los califas inmediatamente posteriores a la muerte del Profeta: Abu Bakr, Omar, Utman y Alí, como los “Rectamente Guiados”. No obstante, Alí fue considerado el primero para el credo Chií, hecho que produjo es desgajamiento del “gran tronco”.
En efecto, la línea sucesoria Sunní siguió con el califato de su hijo mayor Hassan. Según unas fuentes este abdicó a favor del omeya Muawiya, según otras se apartó voluntariamente del califato a cambio de algunas prebendas. No obstante Alí tenía otro hijo: Hussein, ya mencionado en los anteriores artículos (sacrificio de Kerbala). A partir de aquí las dos ramas tuvieron diferentes cadenas. Después de Muawiya, su hijo Yazid tomó las riendas del califato, pasando posteriormente a Walid I, Hisham, Al-Mansur, Harum al Rashid (“el bien guiado”)…siguiendo, así, su propio camino. Los sunníes tenían califas, los chiíes imanes.
Por otro lado el Chiismo consideró a Alí (Alí ibn Abu Talib) como su primer imán, y sucesivamente a sus hijos Hassan y Husseín. Posteriormente siguió la línea consanguínea con Alí ibn Hosseín, Mohammad ibn Alí y en sexto lugar a Jaffar ibn Mohammad Sadeq. Nos detenemos en el sexto imán chií por que tiene una importancia capital, ya que a partir de aquí surgiría otra bifurcación en la rama Chií.
Aunque hay más ramas, quizá las más importantes del credo Chií sean las de los septimanos y las de los duodecimanos, esto es, la de los seguidores del séptimo y las del duodécimo imanes, completamente divergentes. A partir de los septimanos surgieron los Ismailitas, mientras que los duodecimanos están a la espera de la reaparición del imán oculto, el Mahdi (el que hace el número 12 y que desapareció en el 864), momento en que llegará el Juicio Final.
Se tratará da aclarar, a partir de aquí, estas nuevas “ramas” y las consecuencias que tuvieron en el “árbol”. Es evidente que todos estos vaivenes son inseparables de asuntos políticos, religiosos, territoriales, o personales.
El sexto imán Jaffar ibn Mohammad Sadeq, tal vez el mayor teólogo dogmático del chiísmo ortodoxo, había designado como sucesor a su hijo Ismail, pero un día lo encontró en estado de embriaguez y decidió revocar su decisión, nombrando a su hermano Musa (Musa ibn Jaffar) para sucederle en el imanato como séptimo imán. Esto condujo a un cisma cuyas consecuencias históricas, religiosas y políticas serían trascendentes para la historia del islam.
Evidentemente los chiíes duodecimanos no reconocieron las pretensiones de Ismail (Ismail ibn Jaffar) de convertirse en imán y lo ignoraron, llevando la línea de sucesión al último imán, el duodécimo: Mohammad ibn al Hassan, el “Imán oculto”. Pero los partidarios de Ismail se negaron a reconocer esta anulación.
Lo que le sucedió al propio Ismail es objeto de discusión. Algunas fuentes aseveran que murió y fue enterrado por su propio hermano. Sin embargo, diversos partidarios de Ismail refutaron estas historias, afirmado que no estaba muerto. De hecho llegaron a decir que, cinco años después fue visto en Basora y que había adquirido poderes milagrosos. Los que apoyaban los derechos de Ismail y sus descendientes recibieron el nombre de “ismailíes” o “ismailitas”. Dada la importancia del imán para el credo de los chiíes, esta disputa sobre quién podía ser el imán legítimo condujo inevitablemente a profundas divisiones entre los propios chiíes.
Como se ha dicho las consecuencias de este nuevo cisma fueron trascendentes. En lo político, los ismailíes conseguirían crear varios reinos independientes, tales como la poderosa dinastía Fatimí en Egipto, los carmatas que fundaron el estado de Bahrein y los nizaríes, más conocidos como la “Secta de los Asesinos”, cuyo centro de operaciones estaba en Alamut, un conjunto de fortalezas cercanas a la ciudad de Ghazvin (noroeste de Irán). En el aspecto ideológico fueron los herederos del gran debate intelectual entre distintos grupos religiosos que tuvo lugar en el Bagdad de los siglos IX y X.
A pesar de que los abasíes llegaron al poder con la ayuda de algunos chiíes, el hecho de que asumieran la autoridad en el mundo musulmán tuvo poco efecto en cuanto a favorecer la causa de este grupo. Hubo varias rebeliones contra ellos los propios abasíes, no solo por cuestiones religiosas o de interpretación de la ley, sino por las propias cuestiones del gobierno. Pero no solo los chiíes se rebelaron contra ellos, algunos grupos sunníes hicieron lo propio. Estamos hablando de estallidos de violencia y de guerras intelectuales.
Aparte de esto, una amenaza de menor calibre contra los abasíes fue la que generaron los duodecimanos. Convencidos estos de la llegada de un redentor (el Mahdi), desarrollaron un martiriológico en torno a algunos de sus imanes que habían sido asesinados a causa de su fe. Sin embargo, su actitud relativa al concepto de Mahdi era en esencia pasiva. En contraste con esta manera pasiva de aceptación del destino, los ismailíes, asumieron un papel mucho más enérgico y evangelizador que los duodecimanos, que eran más ortodoxos y reservados. Decir que los ismailíes consideraban a su séptimo imán como “su” Mahdi y que creían que debían preparar la situación para el regreso de este mediante su intervención activa.
Los sunníes, y de hecho algunos chiíes duodecimanos, se oponían radicalmente a los ismailíes. Las exigencias de estos fueron ampliamente rebatidas por sus enemigos. Al final, las amenazas formuladas contra los que se negaban a aceptar las pretensiones de Ismail y de los seguidores de su línea llegaron a ser demasiado peligrosas, por lo que el mismo Ismail, el séptimo imán de los ismailíes, se vio obligado a esconderse. Así el imanato quedó oculto, aunque durante el siglo siguiente, más o menos, el cargo de imán, según los ismailíes, pasó de uno a otro entre individuos que eran sucesores de Mahoma, pero en secreto.
A partir de entonces, los ismailíes se vieron obligados a asumir una actitud de secretismo estricto en sus planteamientos, tanto con respecto a su religión como a su actitud evangelizadora.
A partir de aquí las actuaciones de estos estuvieron envueltas en el secretismo y en el  misterio.
Los ismailíes argumentaban que el Corán no debía leerse como una serie de afirmaciones literales, sino que había un margen amplio para la interpretación, esto es, hablaban de interpretar significados ocultos. Significados que solo ellos eran capaces de hacer. Para muchos musulmanes sunníes ortodoxos esto era anatema, pues eran contrarios a la interpretación. El modo en que los ismailíes interpretaban los significados ocultos del Corán (conocidos como batin) exageró aun más las diferencias. Los nuevos conversos ismailíes tenían que pasar por un a “ceremonia” de iniciación antes de poder acceder a dichos significados ocultos. El hecho del secretismo llevó a que durante la última parte del siglo VIII y a lo largo del IX, la capacidad de los ismailíes para mantener su actividad de manera continuada fue realmente escasa.
No obstante sus “misioneros” (d´ai) encontraron terreno abonado en muchas zonas de Oriente Medio, Persia y Siria para la implantación de sus creencias, aun en los años oscuros. Hubo que esperar hasta la segunda mitad del siglo IX para que los ismailíes comenzaran a emerger de sus escondites secretos y salieran a la luz, coincidente con las tensiones sociales en el Imperio abasí.
A mediados del siglo X los abasíes estaban en franco declive. Una dinastía chií procedente de Persia, los buyies, se estableció en Bagdad, algo que acabó de manera definitiva con el dominio abasí. Estos buyies eran chiíes duodecimanos, más moderados que los ismailíes.
Los ismailíes también tuvieron que observar en su seno varios movimientos radicales como los qarmatas o los drusos, procedentes estos de la secta Darazi. Sin embargo, un nuevo grupo estaría a punto de aparecer, y era el que mayor marca dejaría en los historiadores, sobre todo occidentales, era la secta de los “Asesinos”…

Hemos profundizado, en este último artículo de la serie, en la rama Chií del gran árbol, esperando que la trilogía haya aportado los suficientes datos al neófito para una comprensión algo más precisa de un complejo e intrincado organismo que, aun hoy día, sigue bullendo de actividad.
Con esta entrega se ha completado la historia del islam en sus tres primeros siglos de desarrollo, pero el árbol ha seguido creciendo y dasarrollándose de forma inminente hasta los albores del siglo XXI.


Bibliografía.

·         ALFRED G. KAVANAGH. Irán por dentro. La otra historia. Ed. TIERRA INCÓGNITA. 2010.
·         ANSARY, TAMIN. Un destino desbaratado. La historia universal vista por el Islám. Ed. RBA. 2011.
·         NOEL J. COULSON. Historia del derecho islámico. BIBLIOTECA DEL ISLAM CONTEMPORANEO. Ed. BELLATERRA. 2000
·         W.C. BARTLET. Los Asesinos. Ed. CRÍTICA. 2006.
·         YALALUDDIN AS-SUYUTI. Los Primeros Califas del Islam. Ed. MADRASA 2007.